jueves, 14 de septiembre de 2017

Una vía sin retorno


Más de setecientos Alcaldes catalanes, que ya han manifestado su intención  de prestar Instalaciones municipales para la celebración del Referendum del primero de Octubre, están empezando a ser citados a declarar por la Fiscalía, siendo los primeros, los que encabezan los municipios más grandes, en un intento desesperado del Estado Español por paralizar un Proceso que no parece sin embargo que vaya a tener marcha atrás, a juzgar por la actitud que mantienen, hasta el momento, los líderes independentistas.
Sin tener una idea aún de cuántos de estos Alcaldes acudirán a la llamada y cuántos de ellos se declararán insumisos, los secesionistas continúan con la hoja de ruta marcada  hace tiempo y han anunciado que comienzan esta misma tarde su campaña electoral a favor del Sí, sin que se tenga noción de que los partidarios del No vayan a sumarse a este juego o si piensan o no celebrar actos para defender su postura ante los ciudadanos, aunque sea de manera camuflada y no como si se tratara de unos comicios, de los considerados como legales.
Efectivamente, esta Campaña, montada para el exclusivo lucimiento de los partidarios del separatismo, abre unas cuantas incógnitas que convendría poner en claro a la mayor brevedad posible, pues para empezar, nadie ha aclarado si esos Actos multitudinarios que se esperan son considerados conforme a la Ley por el Gobierno Central, ni si se van a tomar medidas policiales o no, para evitar que se celebren o si se van a permitir en pos de la libertad de expresión que recoge la Consitución, como un derecho de todos.
Porque si finalmente son permitidos y los Partidos Unionistas se abstienen de defender sus posturas, por considerar ilícito el Referendum, difícilmente podrán los catalanes de a pie, que son los verdaderamente importantes en este asunto, sopesar las luces y las sombras que podría traer su participación personal en este Proceso y sobre todo, de saber si aún queda tiempo de intentar alguna otra vía de actuación que les saque del punto muerto en que se encuentran las negociaciones sobre este tema tan peliagudo y que quizá podría solucionarse de un modo menos complicado que éste que estamos viviendo en la actualidad y que tanto preocupa a una sociedad, atónita ante lo que está ocurriendo.
Porque no me negarán que el hecho de que esos setecientos Alcaldes sean llamados a declarar, se aparta y mucho de lo que se podría considerar como normal   y que no debe resultar nada fácil arbitrar los medios necesarios para detener a los desobedientes, cuestión que aunque parezca nimia, no lo es, pues no olvidemos que cualquier medida de apoyo a las fuerzas policiales, supone un esfuerzo para las arcas públicas que todos nutrimos, a través del pago riguroso de nuestros impuestos.
De manera que Rajoy habrá de pensar cuidadosamente cada paso que dé, si no quiere acabar poniendo en su contra a una gran parte de españoles, a los que parecen desmesuradas e inútiles las medidas que está tomando en este conflicto, que le puede pasar, si como se prevé el Referendum termina celebrándose, del modo que sea, una factura que no ha conseguido cobrar, ni la corrupción, ni las inaceptables disposiciones que han caracterizado sus mandatos, no dejándole otra salida, que marcharse, con deshonor, a casa.
Ni unos ni otros, parecen sin embargo preocupados por la situación que vivimos, lo cual, no sólo no consigue tranquilizar a la población, sino que muy al contrario, desata una furiosa indignación, al considerar que las circunstancias merecerían un poco más de seriedad por parte de unos políticos que distan mucho de dar la talla que de ellos se espera, aquí y también en Cataluña.
Tomar a risa las decisiones del Constitucional y exhibirlo, no parece conciliador precisamente y dejarlo todo en manos de la Justicia y la policía, da la impresión, perdónenme, de estar viviendo en un Estado  eminentemente represor que concede gratuitamente a los independentistas, la calificación de mártires de la causa.
Llene pues, el señor Rajoy, las dependencias policiales de Alcaldes, si es ese su deseo, ponga todas las querellas que considere y juzgue, si le viene en ganas y juegue a estar en posesión de la verdad, sin ceder un ápice en su concepción de cómo debe afrontarse este conflicto.
Con todo ello, el problema, no se arreglará. Puigdemont está dispuesto a llegar hasta el final y además, ya no podría hacer ninguna otra cosa, si quiere conservar su prestigio.
Algunas voces, empiezan a hablar de Estado de excepción. Los que ya vivimos algunos en el pasado, no quisiéramos siquiera pensar que aunque sea de manera encubierta, esto sea cierto.




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