Más de setecientos Alcaldes catalanes, que ya han manifestado
su intención de prestar Instalaciones
municipales para la celebración del Referendum del primero de Octubre, están
empezando a ser citados a declarar por la Fiscalía, siendo los primeros, los
que encabezan los municipios más grandes, en un intento desesperado del Estado
Español por paralizar un Proceso que no parece sin embargo que vaya a tener marcha
atrás, a juzgar por la actitud que mantienen, hasta el momento, los líderes
independentistas.
Sin tener una idea aún de cuántos de estos Alcaldes acudirán
a la llamada y cuántos de ellos se declararán insumisos, los secesionistas
continúan con la hoja de ruta marcada
hace tiempo y han anunciado que comienzan esta misma tarde su campaña
electoral a favor del Sí, sin que se tenga noción de que los partidarios del No
vayan a sumarse a este juego o si piensan o no celebrar actos para defender su
postura ante los ciudadanos, aunque sea de manera camuflada y no como si se
tratara de unos comicios, de los considerados como legales.
Efectivamente, esta Campaña, montada para el exclusivo
lucimiento de los partidarios del separatismo, abre unas cuantas incógnitas que
convendría poner en claro a la mayor brevedad posible, pues para empezar, nadie
ha aclarado si esos Actos multitudinarios que se esperan son considerados
conforme a la Ley por el Gobierno Central, ni si se van a tomar medidas
policiales o no, para evitar que se celebren o si se van a permitir en pos de
la libertad de expresión que recoge la Consitución, como un derecho de todos.
Porque si finalmente son permitidos y los Partidos Unionistas
se abstienen de defender sus posturas, por considerar ilícito el Referendum,
difícilmente podrán los catalanes de a pie, que son los verdaderamente
importantes en este asunto, sopesar las luces y las sombras que podría traer su
participación personal en este Proceso y sobre todo, de saber si aún queda
tiempo de intentar alguna otra vía de actuación que les saque del punto muerto
en que se encuentran las negociaciones sobre este tema tan peliagudo y que
quizá podría solucionarse de un modo menos complicado que éste que estamos
viviendo en la actualidad y que tanto preocupa a una sociedad, atónita ante lo
que está ocurriendo.
Porque no me negarán que el hecho de que esos setecientos
Alcaldes sean llamados a declarar, se aparta y mucho de lo que se podría considerar
como normal y que no debe resultar nada fácil arbitrar los
medios necesarios para detener a los desobedientes, cuestión que aunque parezca
nimia, no lo es, pues no olvidemos que cualquier medida de apoyo a las fuerzas
policiales, supone un esfuerzo para las arcas públicas que todos nutrimos, a
través del pago riguroso de nuestros impuestos.
De manera que Rajoy habrá de pensar cuidadosamente cada paso
que dé, si no quiere acabar poniendo en su contra a una gran parte de
españoles, a los que parecen desmesuradas e inútiles las medidas que está
tomando en este conflicto, que le puede pasar, si como se prevé el Referendum
termina celebrándose, del modo que sea, una factura que no ha conseguido
cobrar, ni la corrupción, ni las inaceptables disposiciones que han
caracterizado sus mandatos, no dejándole otra salida, que marcharse, con
deshonor, a casa.
Ni unos ni otros, parecen sin embargo preocupados por la
situación que vivimos, lo cual, no sólo no consigue tranquilizar a la población,
sino que muy al contrario, desata una furiosa indignación, al considerar que las
circunstancias merecerían un poco más de seriedad por parte de unos políticos
que distan mucho de dar la talla que de ellos se espera, aquí y también en
Cataluña.
Tomar a risa las decisiones del Constitucional y exhibirlo,
no parece conciliador precisamente y dejarlo todo en manos de la Justicia y la
policía, da la impresión, perdónenme, de estar viviendo en un Estado eminentemente represor que concede
gratuitamente a los independentistas, la calificación de mártires de la causa.
Llene pues, el señor Rajoy, las dependencias policiales de
Alcaldes, si es ese su deseo, ponga todas las querellas que considere y juzgue,
si le viene en ganas y juegue a estar en posesión de la verdad, sin ceder un
ápice en su concepción de cómo debe afrontarse este conflicto.
Con todo ello, el problema, no se arreglará. Puigdemont está
dispuesto a llegar hasta el final y además, ya no podría hacer ninguna otra
cosa, si quiere conservar su prestigio.
Algunas voces, empiezan a hablar de Estado de excepción. Los
que ya vivimos algunos en el pasado, no quisiéramos siquiera pensar que aunque
sea de manera encubierta, esto sea cierto.

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