Avanza inesperadamente
el Gobierno en sus actuaciones en Cataluña y lanza una operación policial
masiva, plagada de registros y detenciones de altos cargos vinculados a la
Generalitat, como la mano derecha de Oriol Junqueras, Josep María Jove, al que se
ha obligado a bajar de su coche en plena calle o David Palancar, durante el registro
de la Consellería de exteriores, provocando una reacción inmediata y masiva de
una ciudadanía que se ha echado en bloque a las calles, reclamando un derecho a
decidir que se les ha negado sistemáticamente desde Madrid, dónde permanecen
reunidos desde primeras horas de la mañana Rajoy y Rivera, a los que poco
parece importar que estas medidas, puedan terminar acarreando una oleada de
violencia.
Las imágenes que vemos a través de la televisión no preludian
un buen final para esta absurda historia que ha dado comienzo hoy, como
respuesta a la desobediencia declarada de la que ha venido alardeando la
Generalitat, pero que desgraciadamente recuerdan y mucho a épocas pasadas que
lo mayores tuvimos la mala suerte de vivir y que alejan de nosotros, cada vez más, la sensación de hallarnos
en un estado Democrático, en el que se respetan los derechos de la gente.
Queda claro, con estas actuaciones, que Rajoy y su socio desdeñan
absolutamente lo que pueda opinar el Parlamento, que justo ayer por la tarde se
pronunciaba, por mayoría, en contra de las medidas que hasta ahora había
adoptado el Ejecutivo, en relación con el problema catalán y eso, sin conocer
aún la decisión que ya debía estar
tomada, de lo que está ocurriendo esta mañana y que reviste una gravedad hasta
ahora desconocida en el país, desde que se iniciara la transición para salir de
la dictadura.
En una intervención
institucional, Puigdemont acaba de pronunciarse con extrema dureza sobre lo que
seguramente ha debido pillarle por sorpresa y sin admitir preguntas de la
prensa, ha invitado a los ciudadanos de Cataluña a conservar una calma, que
será difícil de mantener, dado el clima de creciente tensión que están
generando en las calles, estas detenciones.
Podría decirse, a tenor de lo que vemos, que en cierto modo,
se ha puesto en marcha una aplicación encubierta del artículo 155, sin previo
aviso y con alevosía, pues al extenderse las detenciones y registros también a
Madrid, parece que la dureza de las medidas irán necesariamente, en aumento y
que Rajoy ha destapado por fin, sus auténticas intenciones, sin propósito de
dar un solo paso atrás, en su dinámica represora y sin dar una sola oportunidad
al diálogo, como le reclamaba ayer el Hemiciclo.
En el momento en el que escribo este artículo, la sede la CUP
está empezando a ser registrada por las fuerzas policiales, sin que se haya
aclarado con qué fin, aunque quizá sea en busca de material relacionado con el referéndum
y lo único que parece quedar claro en este momento es que se está intentando,
desde el Estado Español, dar un golpe de gracia a todo el aparato de la
Generalitat relacionado con la logística, tratando a la desesperada de cercenar
de raíz, la convocatoria del primero de Octubre.
Las noticias, que se suceden en cascada en esta convulsa
mañana de movimientos incomprensibles, permiten sin embargo, avanzar que lo que
pueda ocurrir a partir de ahora, no será precisamente bueno y la intensísima
participación ciudadana que estamos contemplando en los lugares más
emblemáticos de Cataluña, probablemente terminarán por ser reprimidas si como
se prevé, terminan por desbordar las previsiones que pudiera tener el Gobierno,
lo que con toda probabilidad generará una subida de tono segura entre los
manifestantes allí concentrados y raro sería, que no se produjeran brotes de
auténtica violencia.
Tanto se ha pensado Rajoy qué hacer con el problema catalán, que al
final, le ha estallado en la cara, provocando además, una clarísima división,
también entre los ciudadanos españoles, que no pueden estar de acuerdo con
estos actos propios de regímenes absolutistas, en los que los tiranos se
imponen , por la fuerza, a la voluntad de los Pueblos.
Rajoy, acompañado de Rivera, se ha permitido hoy ir mucho más
allá. También se han atrevido a pisotear la voluntad expresa de la mayoría del
Parlamento.

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