Justo en medio de la cruenta batalla que se libra entre
Generalitat y Gobierno central, por el asunto del Referéndum, saltaba ayer
tarde una alarma relacionada con el terrorismo y los mossos acordonaban el
periplo que rodea al templo de la
Sagrada Familia, en Barcelona, a causa
de una furgoneta sospechosa de contener explosivos, aparcada en un lugar
cercano.
Estando como estamos, en el nivel cuatro de alerta y con los
atentados de La Rambla y Cambrills
frescos en el recuerdo, la noticia, que corrió como la pólvora entre turistas y
transeúntes que se encontraron con la Estación del Metro cerrada y las calles
tomadas por policías armados hasta los dientes y que no pudieron evitar que les
invadiera una sensación de pánico, que aumentó considerablemente cuando los
agentes empezaron a aconsejar a los vecinos, que se recluyeran a la mayor
prontitud, en sus hogares.
La noticia, que finalmente resultó ser una falsa alarma,
paralizó sin embargo durante horas la vida en Barcelona y provocó atascos que
acabaron por convertirse en eternos en las carreteras de entrada y salida de la
ciudad, que hicieron temer lo peor a una población que todavía no se ha
recuperado de lo ocurrido el mes pasado y que tardará tiempo en digerir las
consecuencias de la tragedia.
Todo esto, que en otros casos hasta nos complacería, pues
toda protección es poca cuando los
países se convierten en objetivos declarados para los terroristas, coincidió
sin embargo, con unas declaraciones realizadas sólo unas horas antes por el
Conseller de Gobierno de la Generalitat, en las que aclaraba que la misión de
los mossos no era precisamente la de buscar o retirar papeletas y urnas,
preparadas para el Referendum, sino combatir duramente al terrorismo, como
habían demostrado en el tratamiento de los pasados atentados de agosto.
En la misma mañana, el mayor de los mossos de`scuadra,
Trapero, era requerido por el Fiscal General de Cataluña para transmitirle las
órdenes que debía seguir el Cuerpo que dirige y que decidió más tarde acatar,
en contra de la opinión de la Generalitat y de su propio Presidente.
Así que el enorme despliegue policial realizado en Barcelona
ayer tarde no puede por menos que resultar presuntamente sospechoso y en
opinión de algunos analistas, más pareció una demostración de fuerza orquestada
por los dirigentes catalanes, que una respuesta real a un supuesto aviso que
procedente de Bruselas, alertaba con la entrada en Europa de cinco nuevas células
terroristas, calificadas como extremadamente peligrosas.
La verdad sobre lo ocurrido ayer tarde, seguramente nunca la
sabremos y habremos de conformarnos con seguir de cerca los acontecimientos que
se vayan produciendo de aquí al 1O, en un sitio y en otro, según nuestro propio
criterio y tratando, cosa difícil, de conservar la objetividad que reclama este
interminable conflicto que no deja filtrarse ninguna otra noticia de
actualidad, aunque estamos seguros que
la vida sigue su curso, como no puede ser de otra manera.
Hemos sabido hoy que Podemos ha pedido la comparecencia
inmediata de Rajoy en el Parlamento, para que hable sobre el problema catalán y
que PSOE y Ciudadanos han negado su apoyo a la petición, los primeros
prefiriendo que esta se produzca después del 1 de octubre y los segundos porque
ni siquiera creen que sea necesaria, a pesar del punto en que se encuentra el
conflicto.
Así que a la división entre independentistas y unionistas,
habría que sumar la que se evidencia entre los Partidos españoles, lo cual
puede dar una idea de lo poco dados a la concordia y el diálogo que somos en esta
Península que habitamos y lo mucho que nos queda por aprender sobre la importancia de la diplomacia , en los asuntos
políticos.

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