jueves, 28 de septiembre de 2017

Golpes bajos


A la vista de que el despliegue policial montado en Cataluña, no sólo no está dando los resultados que esperaba el Gobierno central y que una gran mayoría de ciudadanos residentes allí, está dispuesta para votar, legal o ilegalmente, el Domingo que viene, lanza el PP un video que titula maliciosamente “Hispanofobia”, en el que un nutrido grupo de personajes que alcanzaron o tienen en la actualidad, relevancia política en Cataluña, ataca furibundamente al resto del país y muy fundamentalmente a los andaluces, a los que Jordi Pujol llega a calificar poco menos que de raza inferior, olvidando lo mucho que han contribuido y contribuyen a levantar ese país, al que tanto decía adorar, mientras viajaba a Andorra con los maletines repletos de dinero sacado directamente de las arcas que custodiaba y de la presunta y reiterada extorsión llevada a cabo sobre empresarios, en general, sin que le importase demasiado su procedencia.
El video, que no tiene desperdicio por su intolerable contenido y que ya ha empezado a circular a través de las redes sociales como la pólvora, provocando una ola de natural indignación en todos aquellos que se sienten aludidos en él y que entran sin pensar al trapo que se coloca delante de sus ojos, ha sido, como no podía ser de otra manera, inmediatamente rechazado por los líderes de la Generalitat, aunque con el agravante de que algunos de ellos son parte protagonista de su contenido, aunque quieran negar ahora, por mera conveniencia, haber pronunciado aquellas palabras que empezarán a perseguirles para toda la vida.
Mirando desde fuera y tratando de conservar la objetividad que le impide a uno embestir como un miura, al contenido de estas y otras palabras, no se puede, sino tener que dar la razón al que definía a los nacionalismos radicales como “el catetismo elevado a dimensión trascendental” y ver en quiénes se comportan así, en quiénes se atreven a calificar alegremente a los demás, ignorando a la vez los propios defectos, una casta  de dirigentes absolutamente incapacitados para ejercer con equidad la práctica de la  política y menos aún, de llevar adelante un proyecto de  Nación, punes su manifiesto desprecio xenófobo, les incapacita desde el primer momento, para ello.
Y dicho esto,  queda notoriamente claro, con sólo oír aquello que fueron capaces de afirmar, no se podría negar que la aparición de imágenes como éstas, no sólo no contribuyen a arbitrar una solución que suavice el fragor de la batalla que se está librando estos días, entre líderes de facciones distintas, sino que muy al contrario, aviva significativa y oportunamente el fuego del odio entre personas, que en sí mismas, nada tienen contra otras, de no ser por aquellos que se empeñan obstinadamente en herir gratuitamente y con maldad, a los que tienen enfrente.
En pleno siglo XXI, guerras como las que se libran en este campo, plagadas de un autoritarismo cerril que intenta impedir a los demás su libertad de pensamiento, parecen impropias de individuos que por su nivel de civilización, debieran por ellos mismos, negarse a retroceder hasta el mundo de las cavernas que se les propone desde unos Organismos gubernamentales, que no tienen otra intención, que aprovecharse del momento.
Estos ataques de una a otra parte, inquietantemente representativos de unas formas de nacionalismo que se creyeron desterradas, tras el fin de la segunda guerra mundial y que renacen imparables ante nosotros, poniendo fin a la cordura y la racionalidad que nos distingue de los que no conocen los límites de la ética, deben fulminantemente, cesar y no sólo porque lo reclame la sensatez que debiera caracterizarnos a todos , en el momento histórico que vivimos, sino también, porque esta especie de sadismo, llevado a extremos de inaceptable crueldad, cercenan para siempre y sin remedio, toda posibilidad de entendimiento.
Habría que apelar, más que a las leyes o las medidas policiales, al acaloramiento paulatino de las masas o a la sucesión  alternativa de golpes bajos que se propinan de parte a parte, los actores de esta tragedia, simple y llanamente, a la cordura.
A todos, nos vendría bien un ejercicio de reflexión en soledad, un análisis detallado, incluso, de nuestros propios comportamientos y sobre todo, preguntarnos si nos reconocemos en ellos, como seres humanos normales, o sencillamente, nos hemos dejado llevar negativamente, por unas circunstancias puntuales, que otros crearon para manipular nuestro sentido individual de la justicia y de la vida.

Independientemente de lo que pase el Primero de Octubre, la verdad es que ya nada volverá jamás a ser como antes y en nuestra mano está, que ese cambio que se nos ha echado encima inexorablemente, sea para bien, o para mal y ya les digo yo que hay decisiones que pueden marcar para siempre, sin que haya vuelta atrás para remediarles o paliarlas, incluso si se tomaron de manera inconsciente.

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