A la vista de que el despliegue policial montado en Cataluña,
no sólo no está dando los resultados que esperaba el Gobierno central y que una
gran mayoría de ciudadanos residentes allí, está dispuesta para votar, legal o
ilegalmente, el Domingo que viene, lanza el PP un video que titula
maliciosamente “Hispanofobia”, en el que un nutrido grupo de personajes que
alcanzaron o tienen en la actualidad, relevancia política en Cataluña, ataca
furibundamente al resto del país y muy fundamentalmente a los andaluces, a los
que Jordi Pujol llega a calificar poco menos que de raza inferior, olvidando lo
mucho que han contribuido y contribuyen a levantar ese país, al que tanto decía
adorar, mientras viajaba a Andorra con los maletines repletos de dinero sacado
directamente de las arcas que custodiaba y de la presunta y reiterada extorsión
llevada a cabo sobre empresarios, en general, sin que le importase demasiado su
procedencia.
El video, que no tiene desperdicio por su intolerable
contenido y que ya ha empezado a circular a través de las redes sociales como
la pólvora, provocando una ola de natural indignación en todos aquellos que se
sienten aludidos en él y que entran sin pensar al trapo que se coloca delante
de sus ojos, ha sido, como no podía ser de otra manera, inmediatamente
rechazado por los líderes de la Generalitat, aunque con el agravante de que
algunos de ellos son parte protagonista de su contenido, aunque quieran negar
ahora, por mera conveniencia, haber pronunciado aquellas palabras que empezarán
a perseguirles para toda la vida.
Mirando desde fuera y tratando de conservar la objetividad
que le impide a uno embestir como un miura, al contenido de estas y otras
palabras, no se puede, sino tener que dar la razón al que definía a los
nacionalismos radicales como “el catetismo elevado a dimensión trascendental” y
ver en quiénes se comportan así, en quiénes se atreven a calificar alegremente
a los demás, ignorando a la vez los propios defectos, una casta de dirigentes absolutamente incapacitados
para ejercer con equidad la práctica de la
política y menos aún, de llevar adelante un proyecto de Nación, punes su manifiesto desprecio
xenófobo, les incapacita desde el primer momento, para ello.
Y dicho esto, queda
notoriamente claro, con sólo oír aquello que fueron capaces de afirmar, no se
podría negar que la aparición de imágenes como éstas, no sólo no contribuyen a
arbitrar una solución que suavice el fragor de la batalla que se está librando
estos días, entre líderes de facciones distintas, sino que muy al contrario,
aviva significativa y oportunamente el fuego del odio entre personas, que en sí
mismas, nada tienen contra otras, de no ser por aquellos que se empeñan
obstinadamente en herir gratuitamente y con maldad, a los que tienen enfrente.
En pleno siglo XXI, guerras como las que se libran en este
campo, plagadas de un autoritarismo cerril que intenta impedir a los demás su
libertad de pensamiento, parecen impropias de individuos que por su nivel de
civilización, debieran por ellos mismos, negarse a retroceder hasta el mundo de
las cavernas que se les propone desde unos Organismos gubernamentales, que no
tienen otra intención, que aprovecharse del momento.
Estos ataques de una a otra parte, inquietantemente
representativos de unas formas de nacionalismo que se creyeron desterradas,
tras el fin de la segunda guerra mundial y que renacen imparables ante
nosotros, poniendo fin a la cordura y la racionalidad que nos distingue de los
que no conocen los límites de la ética, deben fulminantemente, cesar y no sólo
porque lo reclame la sensatez que debiera caracterizarnos a todos , en el
momento histórico que vivimos, sino también, porque esta especie de sadismo,
llevado a extremos de inaceptable crueldad, cercenan para siempre y sin
remedio, toda posibilidad de entendimiento.
Habría que apelar, más que a las leyes o las medidas
policiales, al acaloramiento paulatino de las masas o a la sucesión alternativa de golpes bajos que se propinan
de parte a parte, los actores de esta tragedia, simple y llanamente, a la
cordura.
A todos, nos vendría bien un ejercicio de reflexión en
soledad, un análisis detallado, incluso, de nuestros propios comportamientos y
sobre todo, preguntarnos si nos reconocemos en ellos, como seres humanos
normales, o sencillamente, nos hemos dejado llevar negativamente, por unas
circunstancias puntuales, que otros crearon para manipular nuestro sentido
individual de la justicia y de la vida.
Independientemente de lo que pase el Primero de Octubre, la
verdad es que ya nada volverá jamás a ser como antes y en nuestra mano está,
que ese cambio que se nos ha echado encima inexorablemente, sea para bien, o
para mal y ya les digo yo que hay decisiones que pueden marcar para siempre,
sin que haya vuelta atrás para remediarles o paliarlas, incluso si se tomaron
de manera inconsciente.

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