lunes, 25 de septiembre de 2017

Dentro del laberinto


Magnífica, la entrevista de Jordi Évole, al President Puigdemont y no sólo porque la actualidad reclamara una aparición del personaje invitado a nivel nacional, para que los españoles pudieran oír de primera mano los fundamentos de sus argumentos, sino también, porque se presentaba una oportunidad única de intentar  rebatirlos que hasta ahora habían desaprovechado estúpidamente los partidarios del No y que un periodista de la categoría profesional del entrevistador, tenía la obligación de mencionar, para que los espectadores y muy fundamentalmente los residentes en Cataluña, pudieran hacer  una valoración justa de lo que se cuece entre bambalinas en ambos bandos, lejos del espejismo colectivo que se ha conseguido levantar en las calles, estos últimos tiempos.
El aplomo con que comenzó el President, se fue deteriorando a medida que fue avanzando la conversación, probablemente influenciado por la naturaleza incisiva que suele caracterizar a las preguntas de Évole en todas y cada una de sus intervenciones ante la cámara y que hizo bien, en no tratar el problema de Cataluña de modo excepcional y no sólo por no defraudar a sus seguidores, a los que resulta habitual esta manera de practicar el periodismo, sino muy fundamentalmente, porque en cierto modo, procuró centrarse en cuestiones que con toda seguridad habrían tratado los que abominan de la celebración del Referendum y que como explicó, nada más empezar, habían rechazado comparecer al lado del entrevistado, quizá para evitar dotar de cierta legalidad la celebración del Primero de Octubre.
 El nerviosismo de Puigdemont, que fue en aumento en cuanto comprendió que su interlocutor no estaba dispuesto a formar parte de su cohorte de admiradores y que alcanzó su punto álgido cuando Évole le recordó que había votado en contra de la celebración de sendos Referendums en El Sáhara y en Kurdistan, alla en 2014, puso de manifiesto que a pesar de todo lo que viene ocurriendo estos días, de la intervención tácita del Gobierno central y del aluvión humano que reclama reiteradamente su derecho al voto en las calles de Cataluña, lo que pueda ocurrir inmediatamente después del 1-0, se encuentra, simplemente, cogido con alfileres, pues no supo o no quiso aclarar cuáles serían los pasos que pensaban seguirse, si como se prevé, finalmente se puede celebrar la votación y es su opción la que vence, al recomendar sus adversarios políticos, no presentarse en los Colegios.
Abrumado por una cascada de videos que delataban ciertos tintes xenófobos entre su propia gente y también por la insistencia del entrevistador en que contestara las preguntas que se le hacían, sin permitirle evadirse de ninguna de ellas, no sólo titubeó en varias ocasiones, sino que intentando escapar de la tenacidad del periodista, incurrió en errores de bulto, por ejemplo, al escudarse en varias ocasiones en unas leyes españolas que ha desdeñado tantas veces, pero que en ese momento utilizó sin decoro, como argumento valedor de lo que trataba de afirmar, quizá sin percatarse de que la inteligencia de la audiencia notaría inmediatamente este imperdonable vaivén jurídico-político.
Visiblemente cansado, probablemente por el ritmo vertiginoso que está llevando personalmente en las últimas semanas, llegó a decir que su Gobierno permanecía neutral ante las opciones que se ofrecen a los votantes en este Referéndum, palabras que consiguieron movernos a todos de nuestros asientos, al recordar la enfatizada defensa del SI que hemos podido ver por su parte, en todos los actos en los que ha intervenido en estos últimos días, junto a sus socios en este proyecto.
Fue una pena que no tuviera enfrente un adversario de envergadura que ayudara a los catalanes a tener al menos, la posibilidad de elegir entre las opciones que se les proponen de cara al Referendum, en el caso de que se pueda celebrar, pero sobre todo, porque las verdades absolutas, como todos sabemos no existen y la Independencia, ganada a golpe de urnas o pactada, no ha de ser la excepción, pues se abren demasiadas incógnitas sin resolver y el camino real será largo y tedioso, cuando termine el encantamiento.
 No quisiera terminar, sin ensalzar la valentía de Évole en el contexto de esta dificultosa entrevista, que seguramente le costará la enemistad de muchos de sus conciudadanos, que quizá esperaban de él una postura más condescendiente con quién consideran como valedor de sus sueños, pero ser periodista significa, antes que nada, mostrar la realidad, con las luces y sombras que todo acontecimiento conlleva por sí mismo, respetando la objetividad y atreviéndose a considerar todos los aspectos, positivos y negativos, de un mismo suceso.

Mucho nos alegramos, de que haya sido un catalán precisamente, el que se haya atrevido a sacudir la quietud del árbol que se nos presenta, como dibujado en el horizonte. Había que hacer esas preguntas e incluso muchas más de las que se hicieron, aunque para nuestra desgracia, nos hayan acostumbrado a todos a convivir con un periodismo partidista, adulador y falaz, con el que no debiéramos conformarnos, si queremos tener una visión clara de cualquier hecho.

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