Magnífica, la entrevista de Jordi Évole, al President
Puigdemont y no sólo porque la actualidad reclamara una aparición del personaje
invitado a nivel nacional, para que los españoles pudieran oír de primera mano
los fundamentos de sus argumentos, sino también, porque se presentaba una
oportunidad única de intentar rebatirlos
que hasta ahora habían desaprovechado estúpidamente los partidarios del No y
que un periodista de la categoría profesional del entrevistador, tenía la
obligación de mencionar, para que los espectadores y muy fundamentalmente los
residentes en Cataluña, pudieran hacer
una valoración justa de lo que se cuece entre bambalinas en ambos
bandos, lejos del espejismo colectivo que se ha conseguido levantar en las
calles, estos últimos tiempos.
El aplomo con que comenzó el President, se fue deteriorando a
medida que fue avanzando la conversación, probablemente influenciado por la
naturaleza incisiva que suele caracterizar a las preguntas de Évole en todas y
cada una de sus intervenciones ante la cámara y que hizo bien, en no tratar el
problema de Cataluña de modo excepcional y no sólo por no defraudar a sus
seguidores, a los que resulta habitual esta manera de practicar el periodismo,
sino muy fundamentalmente, porque en cierto modo, procuró centrarse en
cuestiones que con toda seguridad habrían tratado los que abominan de la
celebración del Referendum y que como explicó, nada más empezar, habían
rechazado comparecer al lado del entrevistado, quizá para evitar dotar de
cierta legalidad la celebración del Primero de Octubre.
El nerviosismo de
Puigdemont, que fue en aumento en cuanto comprendió que su interlocutor no
estaba dispuesto a formar parte de su cohorte de admiradores y que alcanzó su
punto álgido cuando Évole le recordó que había votado en contra de la
celebración de sendos Referendums en El Sáhara y en Kurdistan, alla en 2014,
puso de manifiesto que a pesar de todo lo que viene ocurriendo estos días, de
la intervención tácita del Gobierno central y del aluvión humano que reclama
reiteradamente su derecho al voto en las calles de Cataluña, lo que pueda
ocurrir inmediatamente después del 1-0, se encuentra, simplemente, cogido con
alfileres, pues no supo o no quiso aclarar cuáles serían los pasos que pensaban
seguirse, si como se prevé, finalmente se puede celebrar la votación y es su
opción la que vence, al recomendar sus adversarios políticos, no presentarse en
los Colegios.
Abrumado por una cascada de videos que delataban ciertos
tintes xenófobos entre su propia gente y también por la insistencia del
entrevistador en que contestara las preguntas que se le hacían, sin permitirle
evadirse de ninguna de ellas, no sólo titubeó en varias ocasiones, sino que
intentando escapar de la tenacidad del periodista, incurrió en errores de
bulto, por ejemplo, al escudarse en varias ocasiones en unas leyes españolas que
ha desdeñado tantas veces, pero que en ese momento utilizó sin decoro, como
argumento valedor de lo que trataba de afirmar, quizá sin percatarse de que la
inteligencia de la audiencia notaría inmediatamente este imperdonable vaivén
jurídico-político.
Visiblemente cansado, probablemente por el ritmo vertiginoso
que está llevando personalmente en las últimas semanas, llegó a decir que su
Gobierno permanecía neutral ante las opciones que se ofrecen a los votantes en
este Referéndum, palabras que consiguieron movernos a todos de nuestros
asientos, al recordar la enfatizada defensa del SI que hemos podido ver por su
parte, en todos los actos en los que ha intervenido en estos últimos días,
junto a sus socios en este proyecto.
Fue una pena que no tuviera enfrente un adversario de
envergadura que ayudara a los catalanes a tener al menos, la posibilidad de
elegir entre las opciones que se les proponen de cara al Referendum, en el caso
de que se pueda celebrar, pero sobre todo, porque las verdades absolutas, como
todos sabemos no existen y la Independencia, ganada a golpe de urnas o pactada,
no ha de ser la excepción, pues se abren demasiadas incógnitas sin resolver y
el camino real será largo y tedioso, cuando termine el encantamiento.
No quisiera terminar,
sin ensalzar la valentía de Évole en el contexto de esta dificultosa
entrevista, que seguramente le costará la enemistad de muchos de sus
conciudadanos, que quizá esperaban de él una postura más condescendiente con
quién consideran como valedor de sus sueños, pero ser periodista significa,
antes que nada, mostrar la realidad, con las luces y sombras que todo
acontecimiento conlleva por sí mismo, respetando la objetividad y atreviéndose
a considerar todos los aspectos, positivos y negativos, de un mismo suceso.
Mucho nos alegramos, de que haya sido un catalán
precisamente, el que se haya atrevido a sacudir la quietud del árbol que se nos
presenta, como dibujado en el horizonte. Había que hacer esas preguntas e
incluso muchas más de las que se hicieron, aunque para nuestra desgracia, nos
hayan acostumbrado a todos a convivir con un periodismo partidista, adulador y
falaz, con el que no debiéramos conformarnos, si queremos tener una visión
clara de cualquier hecho.

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