lunes, 4 de septiembre de 2017

Este inexplicable silencio


A sólo un mes de la celebración programada por la Generalitat para el Referéndum catalán, el Presidente Mariano Rajoy mantiene un silencio  desesperanzador sobre el tema, que crispa las conciencias de los ciudadanos provocando en ellos una sensación de estar siendo gobernados por un perfecto inútil, incapaz de afrontar cualquier problema que lo aparte de la senda marcada para nosotros por Europa, a la que poco o nada preocupa lo que ocurra en una parte de la península.
A día de hoy, no sabemos qué clase de medidas se tomarán, de continuar el desafío independentista, al que Rajoy suele referirse sólo de pasada y siempre apelando a unas leyes, que naturalmente, pueden dejar de cumplirse y por supuesto, sin aclarar hasta dónde está dispuesto a llegar si esto finalmente se produjera, ni si se  atreverá o no a retirar la Autonomía a los catalanes, lo que  seguramente provocaría una oleada   a favor de la causa que defienden quiénes se verían obligados a pasar a una clandestinidad, nada deseada en cualquier estado democrático que se precie.
Muchas ideas se le han ofrecido con buena voluntad al Presidente, desde otras Formaciones políticas, en relación con este asunto y todas han sido inmediatamente rechazadas en pos de ese patrioterismo barato que suele exhibir el PP y que no es más que una clase de nacionalismo españolista semi encubierto, siendo la única verdad, que desde el principio el problema catalán le ha venido demasiado grande a Rajoy, quizá por encontrarse demasiado ocupado  con intentar salir airoso de las gravísimas sospechas de corrupción que le persiguen de manera permanente y también, porque mal asesorado, no ha hecho otra cosa que minimizar una idea profundamente arraigada en Cataluña, que ha terminado, gracias a la mala gestión del Gobierno, por rebasar con creces todas las previsiones que se tenían sobre ella, hace solo unos cuantos años.
La incógnita de lo que hará Rajoy, si como todo parece indicar se acaba celebrando un Referendum, legal o no, pero sumamente indicativo de lo que se cuece en el corazón de Cataluña, pesa como una losa, no sólo entre la gente de a pie, sino muy especialmente entre los Partidos que conforman el arco parlamentario y que no saben muy bien a qué carta quedarse, pues es imposible luchar contra lo que no se conoce, aunque se intuya una catástrofe de dimensiones imprevisibles.
Y no basta con criticar cada cosa que ocurre, ni gritar a los cuatro vientos que la Generalitat está siendo secuestrada por radicales extremistas, pues aunque fuera cierto, continuaríamos enfrentándonos a un problema que exigiría igualmente una solución, que a ser posible devolviera la tranquilidad, no sólo a los ciudadanos españoles, sino muy especialmente a los catalanes, que se encuentran directamente en una disyuntiva muy difícil de resolver, pues seguramente se estarán planteando en qué lado de la balanza se encontrará, después del primero de Octubre, la legalidad para ellos y a quiénes obedecer, si se establece una lucha abierta de poderes, entre estos dos bandos irreconciliables.
Creo, sinceramente, que todos merecemos algo mucho mejor, o al menos, que se nos informe debidamente de la hoja de ruta que se ha pensado en recorrer, pues el barco está a punto de zarpar sin que conozcamos, ni siquiera su punto de destino.
Como saben, siempre estuvimos a favor de la celebración de un Referendum legal en Cataluña, que esclarezca las posturas de una vez para siempre y que potencie, al menos, un diálogo continuado entre poderes que a día de hoy no sólo resulta ser inexistente, sino que nos ha llevado a una situación de alerta continua, que no preludia buenos tiempos, ni para unos, ni para los otros.
La grandeza de la Democracia, que está en dejar expresarse libremente a los pueblos, se ha convertido en una pantomima carente de sentido, en un pulso entre dos clases de nacionalismos exacerbados incapaces de ceder un ápice en sus posiciones de fuerza y en una muestra inapelable de ineptitud, por parte de un Gobierno que no merece continuar ejerciendo, a la vista de su incapacidad para solucionar nada de lo que sucede a su alrededor, sino es por medio de la fuerza.
A Rajoy, se le está acabando el tiempo y ese tic tac que mencionara Pablo Iglesias hace unos meses, se ha convertido en el único sonido perceptible cercano a él. Duele y mucho, este inexplicable y largo silencio.



No hay comentarios:

Publicar un comentario