Mientras los setecientos Alcaldes llamados a declarar por los
Fiscales se agrupaban junto a sus líderes en Barcelona, clamando por la
celebración del Referendum con el bastón de mando entre sus manos, el Ministro
Montoro, en Madrid, daba un plazo de 48 horas a la Generalitat, para presentar
ante Hacienda una relación detallada del empleo que se había hecho del dinero procedente de las Arcas públicas y
amenazaba, de no cumplirse tal encargo, con retirar la potestad de administrar
los fondos al gobierno catalán, transfiriendo tal competencia, a las
autoridades pertinentes del Ministerio que dirige.
Tal medida, que no ha parecido impresionar a los partidarios
de la independencia y les ha ofrecido en bandeja de plata un motivo más para
continuar con más radicalidad, si cabe, con los actos previstos para la Campaña
que tienen perfectamente delineada, ha dejado con el aliento contenido a la
mayoría de los ciudadanos, que se preguntan ya abiertamente, hasta qué
punto van a ser capaces de llegar los protagonistas
de una y otra parte, en este tiempo convulso que vivimos y que nos arrastra
inexorablemente hacia un conflicto aún mayor, si en lugar de medidas
judiciales, policiales, represoras y ahora económicas, no se arbitran
soluciones políticas.
La polémica, que se ha extendido a otros territorios,
provocaba ayer mismo, una manifestación multitudinaria en las calles de Bilbao,
en la que miles de personas abogaban por el derecho a decidir de los catalanes,
mostrando claramente su solidaridad con la celebración del referéndum
prohibido, anhelando tal vez, continuar el camino abierto por la Generalitat,
para lograr una secesión, durante años reclamada en Euskadi, por la fuerza de
las armas.
Poco o nada importan, no obstante a Rajoy, estos movimientos
organizados que van surgiendo como consecuencia directa de su tajante negativa
al diálogo, pues al mismo tiempo que todo esto ocurría, el Presidente departía amistosamente con un
grupo de adeptos en Santiago de Compostela, aportando como única primicia, la
afirmación de que la actuación de los grupos secesionistas, le iba a obligar,
literalmente, a hacer lo que no quiere, aunque sin atreverse a hacer
referencia, a la aplicación del artículo 155.
Unas horas después, la Guardia Civil retiraba de una imprenta
catalana una serie de planchas dispuestas para imprimir los carteles de Campaña
de los separatistas y las exhibía, como un trofeo, ante las cámaras de
televisión, casi al mismo tiempo que se prohibía a los funcionarios de correos,
enviar cualquier correspondencia relacionada con la celebración del Referendum.
Así que podría decirse sin temor a equivocarse que el
enfrentamiento se está recrudeciendo y que las posiciones de fuerza de unos y
otros permanecen en un estado de inmovilidad, que garantiza que la situación
pueda complicarse hasta límites insospechados, pues no creemos posible un
milagro que lo remedie.
Desbordados por el cariz que han tomado los acontecimientos,
el resto de Fuerzas políticas nacionales y también las partidarias del NO en
Cataluña, se han visto desbordadas por un torrente imparable que las arrasa,
por la magnitud de su fuerza, encontrándose en medio de un fuego cruzado que no
saben muy bien cómo evitar, para salir ilesos del peligro.
Pedro Sánchez viaja hoy a Cataluña para animar a sus alcaldes,
que se han visto directamente atacados por los partidarios del SI, que no dudan
en calificarlos como traidores a una causa que consideran como la única viable
en estos momentos y a los que seguramente gustaría poder hacer campaña a favor
de aquello en lo que creen, pero que se sienten en cierto modo, maniatados por
las imposiciones legales que lo prohíben, al considerarlo delito.
Los de Iglesias, que
siempre se declararon partidarios de la celebración de un Referendum pactado,
defienden su territorio como pueden, apelando a la libertad de expresión
de los pueblos y culpando sin
paliativos, de todos los errores cometidos durante el largo proceso que estamos
viviendo, a la ineficacia continuada del Gobierno Rajoy, que se ha negado
sistemáticamente, a considerar siquiera, la posibilidad de propiciar unos comicios
con la Generalitat, que aclararían, de
una vez, el pensamiento real de la Sociedad catalana, acerca del conflicto.
Sólo Ciudadanos parecen apoyar incondicionalmente al
Presidente y arengan reiteradamente a que se actúe con mayor contundencia, por
lo que se deduce que llegados al punto en que nos encontramos, son abiertamente
partidarios de la aplicación del 155.
Pues fíjense, ni siquiera eso podría impedir que los
nacionalistas desistieran de su intención de votar el 1 de Octubre, de una
manera u otra, legal o ilegalmente, pues el grado de acaloramiento que sufre la
sociedad catalana a día de hoy, augura que si se diera un solo paso atrás, la
sensación general sería la de haber sido finalmente sometidos, de la peor de
las maneras, por el Gobierno español, perdiendo con ello unos valores e ideales
arraigados y considerados señas de identidad propia, desde hace siglos.
Por ese camino, Rivera y Rajoy se convertirían en enemigos
declarados de Cataluña y los líderes separatistas, habrían ganado para siempre
una aureola indestructible de mártires de la causa, que los canonizaría a
perpetuidad, convirtiéndolos en un ejemplo a seguir, por jóvenes y viejos.
Así que la encrucijada en la que nos encontramos, nos impide
avanzar en un sentido u otro, al menos hasta el 2 de Noviembre, cuando en la
calle, en los locales públicos o incluso en los domicilios particulares, la
gente pueda votar, cumpliendo la ilusión que les mueve y demostrando que nada
ni nadie ha podido con ellos.
Si la República se proclama o no, está por ver. Cuando todos
nos instalemos en la cruda realidad, ya veremos hasta dónde se llega, pero
entretanto, la prudencia aconseja menos ostentación de fuerza por ambas partes
y un poco más de reflexión, real, por parte de quienes capitanean esta guerra
cargada de simbolismo, pero carente de cabeza.

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