miércoles, 14 de septiembre de 2016

Solución salomónica


Muy en la línea de lo que suelen hacer muchos miembros del PP cuando tienen problemas con la justicia, Rita Barberá lanza esta tarde un comunicado de prensa, en el que expone su predisposición a causar baja en las filas del Partido conservador, pero declara su intención de seguir ostentado el cargo que ocupa en el Senado, al que llegó, como todos recordamos, directamente por designación del gobierno.
Aferrada con uñas y dientes  al privilegio de ser aforada, pudiendo así evitar la vergüenza de tener que hacer el paseíllo entre los medios, en la puerta de algún juzgado, la ex alcaldesa de Valencia hace caso omiso a las recomendaciones que le llegaban desde Génova y parece que le da igual el daño que pueda causar a su Partido, inmerso en plena campaña electoral en Euskadi y Galicia y aún pendiente de poder  atraer  los apoyos necesarios para la investidura de Rajoy.
La gravedad de este último escándalo viene a incidir, aún más si cabe, en la mala imagen que ofrece este PP, absolutamente  acosado `por los casos de corrupción protagonizados por muchos de sus cargos más ilustres y la decisión de Barberá contribuye necesariamente a poner en entredicho la autoridad que Mariano Rajoy ejerce, a día de hoy, en su Partido, cuestión que ya se viene planteando desde hace algún tiempo, incluso desde dentro de la Formación, como es ampliamente sabido, por la mayoría de los ciudadanos.
Voces como la de Esperanza Aguirre, que por cierto ha dejado de aparecer misteriosamente de los medios, han dejado muy claro en más de una ocasión, que la regeneración que necesitarían los populares no debiera ser   capitaneada por el Presidente en funciones, al que por otra parte, nunca tomaron verdaderamente en serio los que simpatizan con la ex Presidenta, incluido José María Áznar, que se alegraría enormemente de que Rajoy diera un paso atrás, empujado por las circunstancias o por voluntad propia.
Tampoco a los Ciudadanos de Albert Rivera debe haberles hecho mucha gracia la permanencia de Rita en el Senado y menos aún, si como parece, cuenta con la aquiescencia del PP,  cuyos miembros han empezado a manifestar su respeto por la decisión que ha tomado Barberá y que contradice diametralmente la esencia del pacto anticorrupción que firmaron hace unos días, las dos Formaciones de derechas.
Pero esta permanencia, contra viento y marea, en un puesto conseguido por designación directa, de la ex alcaldesa  de Valencia, resulta ser mucho más grave de lo que en principio podría parecer, pues tácitamente quiere decir que Barberá le ha ganado el pulso a su propio Partido y que se encuentra dispuesta a resistir, del modo que sea, sentada en su escaño de esta cámara, disfrutando del aforamiento que le ofrece su cargo y alerta, por si pudiera tener que recurrir al archivo de su memoria, para utilizar cualquier tipo de información comprometida, en contra de los que hasta ahora, eran sus compañeros.
Ya antes había hecho Barberá, ostentación de una más que evidente soberbia, permitiéndose amenazar, no se sabe con qué argumentos, a todos aquellos que se atrevieron a contradecir sus opiniones, o a sugerir la idea de que tenía que dimitir con urgencia y por ello, resulta imposible imaginar de qué sería capaz, ahora que ser la obliga a abandonar, con deshonor, la posición de poder de la que disfrutaba, hasta ayer mismo.
No se entiende, sin embargo, que  en este país nuestro, no exista ningún medio legal que corrija inmediatamente estas situaciones que en sí mismas, resultan ser del todo injustas y que constituyen un agravio comparativo, en relación con cualquier otro ciudadano que en algún momento de su vida, tenga problemas con la Ley.
A esta  hora de la tarde, los  periodistas continúan esperando alguna reacción de Mariano Rajoy, sobre este asunto, resultando todos los intentos de acercamiento al Presidente en funciones, absolutamente infructuosos, ya que la única preocupación que parece agobiarle, es poder continuar dando mítines, en Euskadi y Galicia.
Avergüenza comprobar que quién debe representar a los españoles por el mundo, no sea siquiera capaz de enfrentarse a las preguntas de la prensa.
Habrá obtenido ocho millones de votos, pero es absolutamente impresentable, políticamente.




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