jueves, 8 de septiembre de 2016

Por favor, sean rebeldes


Los ocho millones de votos que ha recibido el Partido Popular en las pasadas elecciones y la sensación de creer que una buena parte de los ciudadanos refrendaban con su apoyo en las urnas las políticas llevadas a cabo por el gobierno, aunque no han bastado, como todos sabemos, para que, hasta el momento, Mariano Rajoy haya podido ser investido, han sido sin embargo, suficientes, para que sigan ocurriendo cosas como la propuesta de colocar al ex Ministro Soria al frente del Banco Mundial, que contradice en lo más profundo, cualquier principio ético.
Acostumbrados a no haber tenido ningún tipo de oposición durante la legislatura en la que han ocupado el poder y crecidos por la aquiescencia de quienes les han perdonado no sólo todas las tropelías cometidas en una multitud de casos de corrupción, sino también el hecho de haber convertido el ejercicio de la política en una mera cuestión de recortar sueldos, empleos y derechos, el amiguismo descarado practicado durante tantos años con total impunidad y la necesidad de comprar el silencio de los que se han visto forzados, por sus actos, a abandonar las filas conservadoras por la puerta trasera, se han convertido en una práctica que no parecen estar dispuestos a abandonar, pensando equivocadamente que los españoles somos una masa ignorante a la que se puede manipular y convencidos de que hagan lo que hagan, sus fieles nunca se plantearían retirarles su confianza.
Pero, he aquí que la suma de los votos del resto de los ciudadanos supera, en mucho, esos ocho millones de leales y sumisos seguidores y que además, por motivos que todos conocemos, el Parlamento español ha pasado de ser una aburrida Cámara en la que los dos Partidos mayoritarios discutían, hasta ahora, con mayor o menor teatralidad, la alternancia en el poder, a un Foro en el que, por suerte,  han irrumpido para quedarse otra serie de Formaciones, dispuestas a poner en práctica las labores propias de una oposición responsable y decididas a terminar fulminantemente con cualquier tipo de corrupción, ya sea de carácter económico o moral, aunque para ello haya que presentar recursos todos los días.
La ha salido mal a De Guindos la jugada que tenía prevista para su amigo y gracias al escándalo que han provocado las mentiras que se han ido elaborando estos días, desde el seno del PP y las exigencias de otros Partidos, al reclamar inmediatamente explicaciones sobre el posible nombramiento, el gobierno se ha visto obligado a dar marcha atrás, forzando, otra vez,  a Soria, a renunciar al puesto.
Así que las cosas, pese a quién pese, parecen estar cambiando, por lo menos en esto y la laxitud con que se han llevado estos asuntos, desde las filas populares y que darían para escribir un par de tomos sobre su modo de entender la endogamia, tiene, para bien de la sociedad en general, los días contados, pues el pasado ya no volverá, ni hay disposición para tolerar la soberbia que ha caracterizado a los conservadores, por parte de los otros grupos políticos.
Que De Guindos encontrará en breve otro puesto que pueda satisfacer la ambición de su amigo Soria y asegurar su silencio, no cabe duda, pero es verdad, que cualquier intento futuro habrá de ser minuciosamente estudiado si no se desea ofender gravemente  a los españoles.
No olvidemos que la formación de un nuevo Gobierno sigue estando en vilo y que las costumbres de los populares y su manera de hacer las cosas, con mentiras y subterfugios, no parece una buena forma de ganar adeptos.
Ni siquiera con  los Ciudadanos de Rivera podrán, de este modo, contar. Por muy de derechas que sean los recién llegados, no se atreverán a jugarse el poco o mucho prestigio de que puedan disfrutar, permitiendo que estas situaciones continúen repitiéndose, por cierto, mientras apoyaban la propuesta de investidura de Rajoy, ajenos a lo que se cocía en la trastienda.
Naturalmente y a raíz de lo que estamos viviendo, no cabe otra cosa que pensar que los populares no han aprendido nada en absoluto del cambio que se está produciendo en nuestra sociedad y que por supuesto, no estarían  dispuestos a renunciar a este tipio de actitudes, ni en la próxima legislatura, ni nunca.
Claro que mientras ocho millones de personas sigan otorgando un voto incondicional a políticos de  estas características, los españoles estaremos condenados a soportar estas amarguras, indefectiblemente.

Nada hay peor para un pueblo que la sumisión. Por favor, sean rebeldes.

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