Los ocho millones de votos que ha recibido el Partido Popular
en las pasadas elecciones y la sensación de creer que una buena parte de los
ciudadanos refrendaban con su apoyo en las urnas las políticas llevadas a cabo
por el gobierno, aunque no han bastado, como todos sabemos, para que, hasta el
momento, Mariano Rajoy haya podido ser investido, han sido sin embargo,
suficientes, para que sigan ocurriendo cosas como la propuesta de colocar al ex
Ministro Soria al frente del Banco Mundial, que contradice en lo más profundo,
cualquier principio ético.
Acostumbrados a no haber tenido ningún tipo de oposición
durante la legislatura en la que han ocupado el poder y crecidos por la
aquiescencia de quienes les han perdonado no sólo todas las tropelías cometidas
en una multitud de casos de corrupción, sino también el hecho de haber
convertido el ejercicio de la política en una mera cuestión de recortar
sueldos, empleos y derechos, el amiguismo descarado practicado durante tantos
años con total impunidad y la necesidad de comprar el silencio de los que se
han visto forzados, por sus actos, a abandonar las filas conservadoras por la
puerta trasera, se han convertido en una práctica que no parecen estar
dispuestos a abandonar, pensando equivocadamente que los españoles somos una
masa ignorante a la que se puede manipular y convencidos de que hagan lo que
hagan, sus fieles nunca se plantearían retirarles su confianza.
Pero, he aquí que la suma de los votos del resto de los
ciudadanos supera, en mucho, esos ocho millones de leales y sumisos seguidores
y que además, por motivos que todos conocemos, el Parlamento español ha pasado
de ser una aburrida Cámara en la que los dos Partidos mayoritarios discutían,
hasta ahora, con mayor o menor teatralidad, la alternancia en el poder, a un
Foro en el que, por suerte, han
irrumpido para quedarse otra serie de Formaciones, dispuestas a poner en
práctica las labores propias de una oposición responsable y decididas a
terminar fulminantemente con cualquier tipo de corrupción, ya sea de carácter
económico o moral, aunque para ello haya que presentar recursos todos los días.
La ha salido mal a De Guindos la jugada que tenía prevista
para su amigo y gracias al escándalo que han provocado las mentiras que se han
ido elaborando estos días, desde el seno del PP y las exigencias de otros
Partidos, al reclamar inmediatamente explicaciones sobre el posible
nombramiento, el gobierno se ha visto obligado a dar marcha atrás, forzando,
otra vez, a Soria, a renunciar al
puesto.
Así que las cosas, pese a quién pese, parecen estar
cambiando, por lo menos en esto y la laxitud con que se han llevado estos
asuntos, desde las filas populares y que darían para escribir un par de tomos
sobre su modo de entender la endogamia, tiene, para bien de la sociedad en
general, los días contados, pues el pasado ya no volverá, ni hay disposición
para tolerar la soberbia que ha caracterizado a los conservadores, por parte de
los otros grupos políticos.
Que De Guindos encontrará en breve otro puesto que pueda
satisfacer la ambición de su amigo Soria y asegurar su silencio, no cabe duda,
pero es verdad, que cualquier intento futuro habrá de ser minuciosamente
estudiado si no se desea ofender gravemente
a los españoles.
No olvidemos que la formación de un nuevo Gobierno sigue
estando en vilo y que las costumbres de los populares y su manera de hacer las
cosas, con mentiras y subterfugios, no parece una buena forma de ganar adeptos.
Ni siquiera con los
Ciudadanos de Rivera podrán, de este modo, contar. Por muy de derechas que sean
los recién llegados, no se atreverán a jugarse el poco o mucho prestigio de que
puedan disfrutar, permitiendo que estas situaciones continúen repitiéndose, por
cierto, mientras apoyaban la propuesta de investidura de Rajoy, ajenos a lo que
se cocía en la trastienda.
Naturalmente y a raíz de lo que estamos viviendo, no cabe
otra cosa que pensar que los populares no han aprendido nada en absoluto del
cambio que se está produciendo en nuestra sociedad y que por supuesto, no
estarían dispuestos a renunciar a este
tipio de actitudes, ni en la próxima legislatura, ni nunca.
Claro que mientras ocho millones de personas sigan otorgando
un voto incondicional a políticos de
estas características, los españoles estaremos condenados a soportar
estas amarguras, indefectiblemente.
Nada hay peor para un pueblo que la sumisión. Por favor, sean
rebeldes.

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