La dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva federal del PSOE, a
primera hora de esta tarde, acaba por la fuerza con el sueño de Pedro Sánchez,
para poder lograr un Gobierno de
progreso, escenificando un golpe de mano dirigido fundamentalmente por los
barones afines a las teorías abstencionistas de Susana Díaz, que gana una
partida que el Secretario General elegido por la militancia ha defendido con
uñas y dientes, hasta las últimas consecuencias.
El honor de Pedro Sánchez sale, del lance que le ha costado
su defenestración, sin embargo, absolutamente reforzado para los votantes de
izquierdas, que habían puesto todas sus esperanzas en que se pudiera lograr,
aunque fuera por una sola vez en nuestra historia, una unión de fuerzas
progresistas que pudiera cambiar el rumbo aterrador que está tomando la
política en este país, de la mano del Partido Popular y de todos aquellos que
lo apoyen, de facto o por omisión, en una nueva sesión de investidura.
La gravísima traición que lleva a cabo esta vieja guardia,
que hace ya tiempo dejó atrás los principios del socialismo y que constituye
una obstaculización violenta de cualquier posibilidad de negociación con otros
Partidos de izquierda, no hace, sino confirmar el enorme desprecio que
demuestra esta facción del PSOE hacia la opinión de los militantes de base,
cuya voz se acalla por medio de una represión, que esta vez no llega a través
de ninguna ley mordaza dictada por el PP, sino de la mano de un grupo de sus
más relevantes compañeros.
Los nombres de los dimisionarios, no puede ser más elocuentes,
ocho miembros de la Federación andaluza, algunos de Castilla La mancha, Carme Chacón,
que fue a su vez defenestrada por Alfredo Pérez Rubalcaba, con el apoyo de los
mismos que ahora firman con ella y que contradice totalmente los deseos de los
socialistas catalanes, Ximo Puig, A quién Sánchez derrotó en las primarias en
las que fue proclamado Secretario General o Tomás Gómez, que como todos recodamos,
fue destituido fulminantemente por Sánchez y que nunca le perdonó, por lo que
se hubiera posicionado con cualquier teoría que se opusiera a la suya, sea cual
fueren los principios que la movieran.
Ya se temía desde esta mañana que algo así pudiera pasar,
desde que los españoles nos despertamos con unas declaraciones de Felipe
González, en las que afirmaba que Pedro
Sánchez le había confesado hace algún tiempo, su intención de abstenerse en la
investidura de Rajoy, por considerar que era lo mejor que se podía hacer por el
bien de España.
El peso que aún tiene en una parte del PSOE la voz del ex
Presidente y la certeza de que en que su caso, no hubiera dudado en abstenerse
para facilitar la gobernabilidad del país, como ha manifestado en innumerables
ocasiones, ha podido precipitar este vergonzoso final, que puede complacer y
mucho, al sector más conservador de los socialistas, pero que privará para
siempre a este Partido del voto de cualquier elector que albergue el más mínimo
sentimiento de izquierdas.
A partir de esta tarde aciaga, el futuro que espera al PSOE
no puede estar más alejado de los principios del socialismo. La bandera que
auparon valientemente tantos y tantos luchadores, durante más de un siglo, queda esta tarde pisoteada por los
intereses personales de un grupo de
amantes del poder, a los que nada importa el destino de este país, si no son ellos los que lo dirigen.
Un aura de tristeza e indignación sacude la médula de toda
nuestra sociedad, que contempla con estupefacción, hasta dónde pueden llegar
algunos políticos.
Los pilares de la
Democracia, se tambalean cuando ocurren hechos como éste.

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