Uno se pregunta qué debe pasar en la cabeza de Mariano Rajoy,
cada vez que le informan que alguno de sus más estrechos colaboradores es
imputado en nuevo caso de corrupción y cómo se atreve siquiera, a continuar
negándose a aceptar responsabilidades políticas, alegando un desconocimiento
tal, que debiera incapacitarle, per se,
para ocupar la Presidencia del Gobierno.
Mientras todos esperamos que el PP consiga convencer a la
última investigada, Rita Barberá, de que presente su dimisión, el Presidente en
funciones y a la sazón también, último responsable de lo que viene ocurriendo
con los cargos de confianza de su Partido, anda como sumido en un limbo absolutamente
desligado de la actualidad, negandose sistemáticamente a responder a las
preguntas formuladas por los periodistas, amparado en una sonrisa bobalicona,
que pone de los nervios a los ciudadanos, a los que debiera representar, por el
cargo que ocupa.
Pero como la estrategia de permanecer en silencio, a la espera
de que pasen de largo todos los escándalos de corrupción que afectan a diario a
sus compañeros, sin rozarle, le está
dando resultado, si nos atenemos al número de votos obtenidos en los últimos
comicios, el hurto continuado de información se ha está convirtiendo en una
tediosa rutina, a la que incluso estamos acostumbrándonos, aunque lesiona
gravemente nuestro derecho a conocer lo que ocurre, en este país nuestro.
Los asesores de Rajoy, lo saben y juegan una y otra vez las
mismas cartas en esta interminable
partida, quizá porque la desmedida lealtad que vienen demostrando hacia el
PP, ocho millones de españoles, ofrece una patente de corso para obrar de
manera incomprensible, no solo al Presidente, sino también a los que asumen
actualmente cualquier tipo de responsabilidad en Instituciones de todo tipo y
que podrían dejarse seducir por la facilidad con que se cometen delitos de
corrupción, en todo el territorio patrio.
Todo se le consiente a este PP que aún carente de cualquier
atisbo de moral, sigue ganando las elecciones y habría que llegar a pensar,
ateniéndonos a lo que ocurre todos los días, que no se puede culpar ni al resto
de Partidos políticos, ni a la justicia, ni a ninguno de los Organismos
encargados de que funcione el país, sino a los que otorgan su voto, aún siendo
plenamente conscientes de que las arcas del estado han sido reiterativamente
saqueadas por muchos de los que ocupan
un sitio en las listas del PP, a los que sólo les falta aplaudir, cada vez que
sale a la luz uno de estos casos de corrupción en los que se juega con el
dinero de todos.
Entretanto, a Rita Barberá le está costando Dios y ayuda tomar la decisión más grave de cuántas se le
han presentado en su vida, aunque ya estamos empezando a observar cómo va cambiando
la actitud de la misma gente que hasta hace poco se desvivía en alabanzas hacia
ella y cómo, igual que ocurriera antes en situaciones similares, incluso se
evita ya, pronunciar su nombre.
Sin embargo, la alcaldesa ha sido desde hace demasiado
tiempo, uno de los auténticos pesos pesados del PP y no parece que vaya a estar
dispuesta a resignarse con la suerte que pudiera correr a partir de ahora, incluso
si se le retirara el apoyo del Presidente y del Partido, por lo que suponemos que
la cúpula conservadora debe estar obligada a ser muy minuciosa en el
tratamiento de su caso, si no quiere verse envuelta en algo mucho peor, si la
que fuera alcaldesa decidiese empezar a decir la verdad de lo que ocurría, no
sólo en su Ayuntamiento y en su Comunidad, sino también en el mismo corazón de
Génova, movida por un ataque de ira.
Tampoco el momento en que se produce la investigación, es
precisamente el más propicio, pues nos hallamos sumidos en un proceso de
desgobierno en el que la negociación con otras fuerzas es absolutamente
necesaria, si se quiere lograr la Investidura y en el que cualquier escándalo
que afectara directamente a los miembros del Gobierno en funciones, o a Rajoy
en persona, bien podría dar al traste con las pretensiones de hacerse con el
poder que los populares albergan,
contando ya con la ayuda de Albert Rivera.
Así que puede que por una vez, las estrategias de silencio
practicadas por los populares, resulten fallidas, e incluso que consigan animar
a los socialistas a dar un paso hacia la izquierda, pues para nada conviene a
los de Sánchez verse, aunque sea de rebote, implicados en asuntos de
determinada gravedad, como resultan ser, éstos que nos ocupan.
Que el PP no haya dado el paso de cesar a Barberá de manera
inmediata, dice mucho de los temores que padece y que la ex alcaldesa no haya
presentado ya la dimisión, obligada o de manera voluntaria, parece demostrar
que mantiene una postura de fuerza.
Si esta oposición nuestra no es capaz de aprovechar la ocasión que se le
presenta en bandeja, para proponer una alternativa de poder que destrone a un
PP acorralado contra las cuerdas, es que en este país, ya nada tiene arreglo.

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