Mientras no se hablaba en España de otra cosa que de la
petición que hace el Fiscal contra Chaves y Griñán, por el caso de los ERE, la
actualidad informativa se veía interrumpida por la noticia de una fuerte
explosión en Manhatan y por el ataque con arma blanca, contra una docena de
personas, que ha protagonizado un joven, en un centro comercial de Minnesota.
Sin que nadie se atreva aún a hablar de terrorismo y en plena
campaña electoral, la alarma ha corrido como la pólvora por el país más
poderoso del mundo, que había reforzado estos días las medidas de seguridad,
ante la inminente presencia de líderes mundiales en su territorio.
Como ocurre siempre en estos casos, los primeros momentos se
caracterizan, fundamentalmente, por la confusión, aunque la desactivación de
otro artefacto, cerca del lugar en el que se produjeron las explosiones, podría
llevar a concluir que los hechos guardan
similitud con los atentados ocurridos en los últimos tiempos, en el corazón de
Europa.
Todo hace pensar que a lo largo del día de hoy, los grupos
islamistas emitirán algún tipo de comunicado reivindicando las acciones, pero
de momento, las autoridades norteamericanas guardan una tensa cautela, que
intenta, esencialmente, proteger a una población que vive permanentemente en un
estado de alarma que, indudablemente, se agravaría considerablemente, si
finalmente se confirmara que lo ocurrido se relaciona con el terrorismo.
A sólo dos meses de las elecciones, este tipo de acciones
podría inclinar la balanza hacia el lado de Donald Trump, que se ha atrevido a
sugerir en varias ocasiones que los musulmanes debieran ser expulsados del
País, siguiendo la tónica xenófoba que caracteriza su peculiar manera de hacer
política y que podría encontrar en estos hechos, una excusa perfecta para
endurecer un discurso plagado de ultra derechismo recalcitrante.
Pero esta guerra
urbana de guerrillas que protagonizan los radicales islamistas resulta
prácticamente imposible de combatir, ya que juegan magistralmente con el factor
sorpresa y nada tienen que hacer aquellos que proponen como solución el
recrudecimiento de unas medidas de represión totalitarias contra todos los que
practican la religión islámica, pues los autores de los atentados provienen, en
su mayoría, de un proceso de fanatización iniciado, casi siempre, a raíz de un
problema de exclusión social que les lleva a buscar una salida heroica, por la
que huir del desamparo y la miseria.
Lo tiene crudo Hilary Clinton, si pretende rebatir los
argumentos que Trump esgrimirá estos próximos días, en los que se decidirá
finalmente quién será en USA, el próximo Presidente de Gobierno y más aún, si
su oponente decide jugar abiertamente con la estrategia del miedo y con la
especial sensibilidad que los americanos tienen ante los fenómenos terroristas,
después de lo que pasó el 11S.
Así que el Mundo mirará a partir de hoy, con extrema
inquietud, lo que pueda suceder allí, en estos próximos meses, temiendo, con
toda la razón, que el candidato republicano consiga derrotar a Clinton, convirtiéndose
así en el hombre más poderoso del mundo y en el responsable de tomar las graves
decisiones que puedan afectar a los asuntos de terrorismo.
Si ya nos parecía
inexplicable que hubiera podido llegar hasta aquí, no quisiera pensar qué
podría suceder, si finalmente ganara la Presidencia.

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