Regresamos los españoles de las vacaciones, tal y cómo nos
fuimos, encontrándonos con que no hay manera de librarse de un Presidente en funciones, que languidece en el
cargo esperando que su Dios le haga el favor de concederle el impensable
milagro de robar la memoria que de su pasado tenemos todos y la capacidad de
atraer, sin ofrecer nada a cambio, el favor de unos oponentes políticos que,
momentáneamente, han cerrado filas contra el enemigo común, votándole
rotundamente NO, en una Sesión de investidura especialmente interesante, que
animó poderosamente el final de un largo y cálido verano.
Se ha encontrado el
señor Rajoy, con la sorprendente rebelión de un Pedro Sánchez dispuesto a morir
con las botas puestas y remando contra corriente en el seno de su propio
Partido, al que todos apremian a tomar una decisión, la que sea, que saque a
este país del atasco en que lleva sumido, desde el pasado mes de Diciembre.
De nada han servido los ocho millones de votos que obtuvo en
las pasadas elecciones el popular, ni el servil apoyo de un Rivera, cada vez
más escorado a la más recalcitrante derecha y claramente dispuesto a pactar con
quién sea, sin contar con ideologías o impedimentos con la justicia, con tal de
tocar un poder que ansía su irrefrenable ambición, por encima de todas las
cosas y que la negativa de las izquierdas
y los nacionalismos, le han negado por segunda vez en unos meses,
devolviéndole a la realidad de sus 32 diputados, que le pesan como una losa, en
su intención de llegar a acuerdos que fructifiquen y que podrían mermar en el
caso de que se repitieran las elecciones, debido a ese picoteo de flor en flor
que se trae el catalán y que define perfectamente cuál es la base real de su
pensamiento.
Continúa Iglesias, reclamando a los socialistas, ahora que
Rajoy ha fracasado estrepitosamente en su intento, una alianza que aunque
podría ser efímera y necesitaría de vascos y catalanes para triunfar, no
resultaría tan descabellada como parece, pero lo hace, habiendo aprendido bien
la lección que le dieron los ciudadanos en Junio, cuando le recordaron que su
mejor baza consiste en la frescura de su mal definida radicalidad, volviendo al
discurso que llega al corazón de los pueblos y que siempre se caracterizó por
decir verdades como puños, de esas que hieren profundamente a esa casta que nos
ha ido llevando hasta el lugar en el que nos encontramos y del que nunca
saldremos, si finalmente Rajoy consigue arrancar de los socialistas la maldita
abstención que reclama y que sería el fin de un largo periodo de lucha que
mucha gente protagonizó, en defensa de un pensamiento que se ha ido diluyendo en los últimos tiempos,
acercándose peligrosamente a las doctrinas que pregonan los defensores de unas
políticas, del todo nefastas para los intereses de los pueblos.
El caso es que el socialista parecería, a juzgar por su
discurso, dispuesto a capitanear el supuesto pacto de izquierdas y hasta se
podría tener la impresión de que hubiera logrado vencer a los seguidores de la
señora Díaz y los beneficiarios de los privilegios que otorgan las puertas
giratorias instaladas a la salida del Parlamento, pero le falta la sinceridad
de compartir públicamente la naturaleza
de los problemas que le impiden dar ese paso necesario que devolvería a su
Partido la credibilidad perdida en cada paso que ha venido dando en los últimos
años y que le ha convertido, a los ojos de los españoles, en sumiso servidor
del mandato europeo y en asesino del ideario proclamado por su fundador, a
finales del SXIX.
Así que aunque su intención parece buena, le falta a Pedro,
la valentía necesaria para romper con el sometimiento a los poderes económicos
y el esfuerzo preciso para partir de la nada recreando todos aquellos pasos que
son inherentes al socialismo que figura en sus siglas y que podrían lograr
devolver la dignidad robada, a ese pueblo que dicen representar, cuando se subén
a la tribuna del Parlamento.
La vida, le está dando una tercera oportunidad, que no
debiera desaprovechar en oír los cantos de sirena que susurran en sus oídos los
barones que le rodean en Comité Federal y que no parecen, sin embargo, tener en
cuenta la opinión casi unánime de sus bases.
Debiera, obligatoriamente, pactar con Podemos e incluso
tratar de conseguir un acercamiento con los nacionalistas, aunque tuviera que
aceptar el Referendum.
También es extremadamente urgente desenquistar la situación
catalana, aunque nadie se atreva a coger al toro por los cuernos.
Pero eso, ya se verá. De momento, hemos regresado a la arena
y nada se ha movido un ápice de dónde estaba cuando nos marchamos.
A ver si pasa este maldito calor que nubla el entendimiento y
el aire fresco del otoño disipa los miedos de nuestros políticos que son,
aunque parezca muchas veces lo contrario, humanos y vulnerables como nosotros y
tampoco pueden luchar contra los rigores
del clima, al menos de momento.

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