domingo, 4 de septiembre de 2016

Comenzando de nuevo


Regresamos los españoles de las vacaciones, tal y cómo nos fuimos, encontrándonos con que no hay manera de librarse de un  Presidente en funciones, que languidece en el cargo esperando que su Dios le haga el favor de concederle el impensable milagro de robar la memoria que de su pasado tenemos todos y la capacidad de atraer, sin ofrecer nada a cambio, el favor de unos oponentes políticos que, momentáneamente, han cerrado filas contra el enemigo común, votándole rotundamente NO, en una Sesión de investidura especialmente interesante, que animó poderosamente el final de un largo y cálido verano.
 Se ha encontrado el señor Rajoy, con la sorprendente rebelión de un Pedro Sánchez dispuesto a morir con las botas puestas y remando contra corriente en el seno de su propio Partido, al que todos apremian a tomar una decisión, la que sea, que saque a este país del atasco en que lleva sumido, desde el pasado mes de Diciembre.
De nada han servido los ocho millones de votos que obtuvo en las pasadas elecciones el popular, ni el servil apoyo de un Rivera, cada vez más escorado a la más recalcitrante derecha y claramente dispuesto a pactar con quién sea, sin contar con ideologías o impedimentos con la justicia, con tal de tocar un poder que ansía su irrefrenable ambición, por encima de todas las cosas y que la negativa de las izquierdas  y los nacionalismos, le han negado por segunda vez en unos meses, devolviéndole a la realidad de sus 32 diputados, que le pesan como una losa, en su intención de llegar a acuerdos que fructifiquen y que podrían mermar en el caso de que se repitieran las elecciones, debido a ese picoteo de flor en flor que se trae el catalán y que define perfectamente cuál es la base real de su pensamiento.
Continúa Iglesias, reclamando a los socialistas, ahora que Rajoy ha fracasado estrepitosamente en su intento, una alianza que aunque podría ser efímera y necesitaría de vascos y catalanes para triunfar, no resultaría tan descabellada como parece, pero lo hace, habiendo aprendido bien la lección que le dieron los ciudadanos en Junio, cuando le recordaron que su mejor baza consiste en la frescura de su mal definida radicalidad, volviendo al discurso que llega al corazón de los pueblos y que siempre se caracterizó por decir verdades como puños, de esas que hieren profundamente a esa casta que nos ha ido llevando hasta el lugar en el que nos encontramos y del que nunca saldremos, si finalmente Rajoy consigue arrancar de los socialistas la maldita abstención que reclama y que sería el fin de un largo periodo de lucha que mucha gente protagonizó, en defensa de un pensamiento que  se ha ido diluyendo en los últimos tiempos, acercándose peligrosamente a las doctrinas que pregonan los defensores de unas políticas, del todo nefastas para los intereses de los pueblos.
El caso es que el socialista parecería, a juzgar por su discurso, dispuesto a capitanear el supuesto pacto de izquierdas y hasta se podría tener la impresión de que hubiera logrado vencer a los seguidores de la señora Díaz y los beneficiarios de los privilegios que otorgan las puertas giratorias instaladas a la salida del Parlamento, pero le falta la sinceridad de  compartir públicamente la naturaleza de los problemas que le impiden dar ese paso necesario que devolvería a su Partido la credibilidad perdida en cada paso que ha venido dando en los últimos años y que le ha convertido, a los ojos de los españoles, en sumiso servidor del mandato europeo y en asesino del ideario proclamado por su fundador, a finales del SXIX.
Así que aunque su intención parece buena, le falta a Pedro, la valentía necesaria para romper con el sometimiento a los poderes económicos y el esfuerzo preciso para partir de la nada recreando todos aquellos pasos que son inherentes al socialismo que figura en sus siglas y que podrían lograr devolver la dignidad robada, a ese pueblo que dicen representar, cuando se subén a la tribuna del Parlamento.
La vida, le está dando una tercera oportunidad, que no debiera desaprovechar en oír los cantos de sirena que susurran en sus oídos los barones que le rodean en Comité Federal y que no parecen, sin embargo, tener en cuenta la opinión casi unánime de sus bases.
Debiera, obligatoriamente, pactar con Podemos e incluso tratar de conseguir un acercamiento con los nacionalistas, aunque tuviera que aceptar el Referendum.
También es extremadamente urgente desenquistar la situación catalana, aunque nadie se atreva a coger al toro por los cuernos.
Pero eso, ya se verá. De momento, hemos regresado a la arena y nada se ha movido un ápice de dónde estaba cuando nos marchamos.
A ver si pasa este maldito calor que nubla el entendimiento y el aire fresco del otoño disipa los miedos de nuestros políticos que son, aunque parezca muchas veces lo contrario, humanos y vulnerables como nosotros y tampoco pueden luchar contra  los rigores del clima, al menos de momento.



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