martes, 27 de septiembre de 2016

El último cartucho


Por fin, se atrevió Pedro Sánchez a poner las  cartas sobre la mesa, acerca de lo que está ocurriendo en su Partido, quemando el último cartucho que le quedaba en la recámara, precisamente en uno de los días más convulsos de cuántos se recuerdan en la historia reciente del PSOE y animando claramente a sus opositores a presentar candidaturas para que les vote la militancia, que es, en definitiva, la que decide quién ocupa una Secretaría General, que nunca estuvo tan disputada por adversarios con ideas tan diferentes.
Se le vio, nos complace decirlo, sincero en unos planteamientos que sin duda ha debido defender desde el principio y dispuesto,  valga la expresión, a morir matando, con tal de no ceder a las presiones que le empujan a un pacto con un Partido Popular que no solo ha sido tradicionalmente su enemigo más fuerte, sino que representa también, la antítesis ideológica de los que siempre fueron los principios fundamentales del socialismo.
No le han dejado otro remedio a Sánchez, que hacerse fuerte en un cargo para que el que fue claramente designado, desde el principio, con polémica y que nunca ocupó de verdad, pues en todo momento hubo de estar mucho más pendiente de las conspiraciones que contra su persona se tramaban, a nivel interno y que le han impedido desarrollar libremente, un programa propio con el que poder convencer a los electores de que sería posible una regeneración del PSOE, lejos de los pesos pesados que lo han llevado al borde del precipicio en que se encuentra.
Mucho ha tenido que fingir y no sólo por la naturaleza de las circunstancias políticas que le han rodeado, el candidato socialista, hasta llegar a concluir que la mejor táctica para ganar adeptos suele ser la sinceridad y mucho camino le queda aún por recorrer, ahora que se han destapado contundentemente los auténticos enfrentamientos, para poder erradicar ese mal que suele ser común a todos los grandes Partidos y que no es otro que el afán de perpetuidad al que aspiran quiénes no están dispuestos a abandonar los privilegios que se adquieren, mientras se ocupan cargos de relevancia política.
Este paso adelante, que tanto ha molestado a los opositores socialistas, acostumbrados moverse en una cómoda penumbra, que no abandonan nunca, para no llegar a ser descubiertos, supone sin embargo, un gran avance,  de cara a la posibilidad de establecer negociaciones con otras fuerzas progresistas, que desde hace tiempo ven en los integrantes de la vieja guardia del PSOE, un enemigo incluso más poderoso que la propia derecha y un impedimento insalvable para poder avanzar en la construcción de una clase de política mucho más entroncada con una realidad social, que necesita desesperadamente un cambio de rumbo, para sobrevivir con dignidad, a los estragos causados por la crisis.
Tendrá Sánchez ahora, que afanarse en conseguir los apoyos que precisa para sacar su proyecto adelante, en el Comité Federal y ya les digo yo que sus opositores y muy especialmente Susana Díaz, no sólo no se lo van a poner fácil, sino que ya habrán empezado a exigir cualquier pago de favores pendiente, a todos aquellos de cuyo voto depende, en estos momentos, la línea que va a seguir el PSOE, de cara al futuro.
Entretanto, Podemos, cansado de soportar la reiterada negativa de determinados barones socialistas, a un pacto de progreso, ha empezado a retirar su apoyo en aquellas comunidades en que resultaba imprescindible para la gobernabilidad, no se sabe si como medida de presión, o como apoyo tácito a las propuestas de Sánchez, para que pueda sacar adelante su proyecto.
Como era de esperar, proviniendo las reacciones de García Page o Fernández Vara, no ha quedado otro remedio que apelar a la poca fiabilidad de Podemos.
Estar al mismo tiempo,  gobernando en territorio propio en alianza con la Formación morada y abominar de un acuerdo con la misma, a nivel nacional, debe parecer a estos señores algo normal, pero no deja de ser, para todos los demás, cuando menos, del todo incoherente.
Sólo cabe pues, esperar acontecimientos y agradecer a Sánchez que aunque sea por una vez, haya sido capaz de contar la verdad a una ciudadanía, cansada de que ciertos políticos cuestionen permanentemente su inteligencia, sobre todo cuando los vientos no les son favorables o su posición ante determinados problemas, va en contra del pensamiento de las mayorías.

Nos encantaría, cómo no, tener la oportunidad de escuchar, en los mismos términos de sinceridad, a la otra parte litigante. Pero eso no va a ser posible. Desgraciadamente, esta clase de políticos, se ha acostumbrado por tradición, a hacer un arte del oscurantismo y seguramente, prefieren apuñalar a los adversarios por la espalda, sobre todo cuando está en juego su perpetuidad en las Instituciones o su ascensión hacia un poder mayor, como en el caso que nos ocupa.

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