Por fin, se atrevió Pedro Sánchez a poner las cartas sobre la mesa, acerca de lo que está
ocurriendo en su Partido, quemando el último cartucho que le quedaba en la
recámara, precisamente en uno de los días más convulsos de cuántos se recuerdan
en la historia reciente del PSOE y animando claramente a sus opositores a
presentar candidaturas para que les vote la militancia, que es, en definitiva,
la que decide quién ocupa una Secretaría General, que nunca estuvo tan
disputada por adversarios con ideas tan diferentes.
Se le vio, nos complace decirlo, sincero en unos
planteamientos que sin duda ha debido defender desde el principio y
dispuesto, valga la expresión, a morir
matando, con tal de no ceder a las presiones que le empujan a un pacto con un
Partido Popular que no solo ha sido tradicionalmente su enemigo más fuerte,
sino que representa también, la antítesis ideológica de los que siempre fueron
los principios fundamentales del socialismo.
No le han dejado otro remedio a Sánchez, que hacerse fuerte
en un cargo para que el que fue claramente designado, desde el principio, con
polémica y que nunca ocupó de verdad, pues en todo momento hubo de estar mucho
más pendiente de las conspiraciones que contra su persona se tramaban, a nivel
interno y que le han impedido desarrollar libremente, un programa propio con el
que poder convencer a los electores de que sería posible una regeneración del
PSOE, lejos de los pesos pesados que lo han llevado al borde del precipicio en
que se encuentra.
Mucho ha tenido que fingir y no sólo por la naturaleza de las
circunstancias políticas que le han rodeado, el candidato socialista, hasta
llegar a concluir que la mejor táctica para ganar adeptos suele ser la
sinceridad y mucho camino le queda aún por recorrer, ahora que se han destapado
contundentemente los auténticos enfrentamientos, para poder erradicar ese mal
que suele ser común a todos los grandes Partidos y que no es otro que el afán
de perpetuidad al que aspiran quiénes no están dispuestos a abandonar los privilegios
que se adquieren, mientras se ocupan cargos de relevancia política.
Este paso adelante, que tanto ha molestado a los opositores
socialistas, acostumbrados moverse en una cómoda penumbra, que no abandonan
nunca, para no llegar a ser descubiertos, supone sin embargo, un gran avance, de cara a la posibilidad de establecer
negociaciones con otras fuerzas progresistas, que desde hace tiempo ven en los
integrantes de la vieja guardia del PSOE, un enemigo incluso más poderoso que
la propia derecha y un impedimento insalvable para poder avanzar en la
construcción de una clase de política mucho más entroncada con una realidad
social, que necesita desesperadamente un cambio de rumbo, para sobrevivir con
dignidad, a los estragos causados por la crisis.
Tendrá Sánchez ahora, que afanarse en conseguir los apoyos
que precisa para sacar su proyecto adelante, en el Comité Federal y ya les digo
yo que sus opositores y muy especialmente Susana Díaz, no sólo no se lo van a
poner fácil, sino que ya habrán empezado a exigir cualquier pago de favores
pendiente, a todos aquellos de cuyo voto depende, en estos momentos, la línea
que va a seguir el PSOE, de cara al futuro.
Entretanto, Podemos, cansado de soportar la reiterada
negativa de determinados barones socialistas, a un pacto de progreso, ha empezado
a retirar su apoyo en aquellas comunidades en que resultaba imprescindible para
la gobernabilidad, no se sabe si como medida de presión, o como apoyo tácito a
las propuestas de Sánchez, para que pueda sacar adelante su proyecto.
Como era de esperar, proviniendo las reacciones de García
Page o Fernández Vara, no ha quedado otro remedio que apelar a la poca
fiabilidad de Podemos.
Estar al mismo tiempo,
gobernando en territorio propio en alianza con la Formación morada y
abominar de un acuerdo con la misma, a nivel nacional, debe parecer a estos
señores algo normal, pero no deja de ser, para todos los demás, cuando menos,
del todo incoherente.
Sólo cabe pues, esperar acontecimientos y agradecer a Sánchez
que aunque sea por una vez, haya sido capaz de contar la verdad a una
ciudadanía, cansada de que ciertos políticos cuestionen permanentemente su
inteligencia, sobre todo cuando los vientos no les son favorables o su posición
ante determinados problemas, va en contra del pensamiento de las mayorías.
Nos encantaría, cómo no, tener la oportunidad de escuchar, en
los mismos términos de sinceridad, a la otra parte litigante. Pero eso no va a
ser posible. Desgraciadamente, esta clase de políticos, se ha acostumbrado por
tradición, a hacer un arte del oscurantismo y seguramente, prefieren apuñalar a
los adversarios por la espalda, sobre todo cuando está en juego su perpetuidad
en las Instituciones o su ascensión hacia un poder mayor, como en el caso que
nos ocupa.

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