miércoles, 21 de septiembre de 2016

Discrepar es vivir


Estamos tan acostumbrados en este país, a entender las luchas internas que se producen en el seno de los Partidos, como enfrentamientos cruentos entre bandos que sólo buscan la supremacía en el poder, que ver a dos líderes mediáticos cambiar opiniones en las redes sociales, expresando  públicamente y sin mordazas, sus pensamientos, nos lleva inmediatamente a la conclusión de que sus posturas son irreconciliables y que en su fuero interno, pugnan por ganar adeptos que les lleven en volandas al lugar más alto que se puede ocupar, defenestrando al adversario para siempre.
El cambio de mensajes protagonizado ayer por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, a través de twiter, ha provocado en los medios exactamente esa sensación y ha dado pie, sobre todo a los seguidores más recalcitrantes de la derecha, para hablar abiertamente de la existencia de una guerra en Podemos, sin entender que en esto de la política, se puede y se debe discrepar, aunque sólo sea por ofrecer a los ciudadanos, versiones diferentes a las que marcan los guiones preparados que repiten como papagayos, los líderes de los Partidos tradicionales.
Verán, todo el mundo debe saber ya, a estas alturas, que Podemos nació de los movimientos asamblearios del 15M, en los que participaron, por mera indignación, gente proveniente de todos los flancos ideológicos, que comprendieron que tenían que unirse para luchar contra los abusos practicados por las clases dirigentes y que pasado el tiempo y como medida de fuerza,  creyeron en la necesidad de crear un Partido político que canalizara, dentro de las Instituciones, las peticiones populares a las que nadie prestaba atención, desde otras Fuerzas.
Es pues, normal  y lógico, que la cúpula de Podemos se haya conformado con estos militantes ocasionales, con opiniones propias y también que por sus señas de identidad, el Partido se mueva en un terreno de permanente transformación, lograda, precisamente, a base de debatir, sin tapujos, cualquier tema que pueda afectar al bien de las mayorías.
Que Errejón e Iglesias proceden de corrientes distintas, es público y notorio, pero precisamente en ese choque continuo de posiciones, en esa discusión constante que se establece entre los dos, radica la fuerza que les mueve.
Mucho peor sería, que aparentando total normalidad, como ocurre en otros Partidos, se abrieran entre ellos distancias insalvables y luchas milimétricamente organizadas en las cloacas, basadas en traiciones permanentes.
Porque discrepar de manera pública y abierta a todos los ciudadanos que quieran consultar las redes sociales, añade, qué quieren que les diga, un punto de emoción a  este mundo tan peculiar de la política, plagado de estereotipos y cargado de ocultismo, en el que resulta prácticamente imposible adivinar, la verdadera naturaleza del pensamiento de sus protagonistas.
Para los neófitos en estas materias, entre los que parecen encontrarse los principales representantes de los grandes Partidos políticos, como PP y PSOE e incluso también Ciudadanos, hay que aclarar las asambleas han sido y serán toda la vida, un foro abierto de discusión en el que cada cual se expresa con libertad, acatando después, con lealtad, la opinión de la mayoría.
Las demostraciones de unidad quedan, para cuando  hace falta sacar adelante, trabajando, un proyecto, que no les quepa duda se habrá debatido, hasta la saciedad, para poder lograr un consenso.
Así que las alegaciones de los otros, se encuentran muy lejos de reflejar lo que pueda estar ocurriendo en Podemos y como muestra, valga el ejemplo de unidad que ofrecieron sus miembros, cuando se negaron a respaldar la investidura de Rajoy, en el Parlamento.

Los tiempos han cambiado, inexorablemente y habrá que ir comprendiendo que la manera de hacer política que entendíamos hasta ahora como clásica, también se ha transformado considerablemente.

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