jueves, 15 de septiembre de 2016

El silencio cómplice


La decisión de Rita Barberá que contradice todas las normas de la ética y que a todos nos ha parecido una jugada sucia, cuya única intención es la de preservar el aforamiento que la separa de los ciudadanos de a pie, no debe parecer suficientemente grave al PP, como para que Mariano Rajoy, que en muchas ocasiones se declaró amigo personal y leal admirador de la ex alcaldesa, ofrezca algún tipo de explicación a la prensa, que insiste en conocer la opinión del que todavía es, nuestro Presidente de Gobierno.
Este silencio cómplice, que puede suponer que se aplaude la decisión de Barberá, o al menos que no se está en desacuerdo con ella, marca sin embargo, un antes y un después en la manera de afrontar los problemas que viene teniendo el PP y ofrece una idea clara de las posturas que son propias de su candidato para la Presidencia de Gobierno, cuando se ve acorralado por algún asunto que le toca de cerca.
No se atreverá Rajoy, esta vez, a volver a esconderse detrás de un plasma, para evitar el lógico interrogatorio que le tienen preparado los medios, pero su mutismo, el cinismo que demuestra en sus gestos y la aparente despreocupación que pretende reflejar su continuada sonrisa, constituyen en sí mismos, una ofensa para los ciudadanos y una falta de respeto contra el derecho a la información que todos tenemos y que el  Presidente en funciones vulnera, cada vez que no le conviene hablar de un asunto.
Merece, por su zafiedad, un plante informativo de los medios, que le recuerde que en un país democrático los políticos tienen la obligación de responder siempre a las preguntas de la prensa y también el deber de informar sobre los casos de corrupción que se producen en los Partidos y que ahora son, en el suyo, tan frecuentes, aclarando qué clase de medidas se están tomando para que esta plaga de nuestros días, pueda erradicarse para siempre.
Indistintamente de si se es amigo o no de los imputados, de si se ha compartido o no con ellos, una relación más o menos estrecha, la responsabilidad política de un dirigente, ha de ser asumida en su totalidad y sobre todo cuando las corruptelas de los miembros de su partido no son una excepción, sino más bien una rutina cotidiana de la que ya no se puede alegar desconocimiento, como defensa.
Le ha salido sin embargo a Rajoy, se decida o no a opinar del tema, una adversaria dura de pelar, que convencida de que el Partido Popular le debe mucho más de lo que le está ofreciendo estos días, seguramente se encuentra dispuesta a luchar con uñas y dientes, caiga quien caiga por el camino sinuoso que se abre, hasta que llegue una imputación, que parece inminente.
Quizá por ello, resulta recurrente escudarse en que la permanencia en el Senado de Rita es, exclusivamente, una decisión personal, ahorrándose así la molestia de tener que reconocer que el Partido no ha sido capaz de convencerla, de ninguna manera, para que abandone el puesto.
Pero nadie puede olvidar que Barberá no es Bárcenas, ni Granados, ni parece alguien a quién se pueda comprar con promesas de despidos en diferido.
La ex alcaldesa de Valencia ha sido y aún es, toda una institución que ha representado como nadie la verdadera esencia del Partido Popular y que ha gozado de plena confianza para hacer y deshacer a su antojo, quizá, durante demasiados años.
Por esta razón y porque una permanencia tan larga en el poder, suele envalentonar a quién lo ostenta, a los populares les va a costar mucho trabajo silenciar a esta tránsfuga lenguaraz y soberbia, que puede convertirse, si nada lo remedia, en un auténtico problema para el futuro más cercano de Rajoy y para sus aspiraciones de continuar siendo Presidente.
Y no creo que baste el aplauso tácito que el Presidente en funciones otorga a Barbera, con su mutismo, para deshacer el entuerto.
Rita está en píe de guerra y como ya hemos dicho en mucha ocasiones, las amistades, en política son inexistentes-



No hay comentarios:

Publicar un comentario