domingo, 25 de septiembre de 2016

El factor sorpresa


La cruenta batalla que mantienen entre sí los miembros del PSOE, marcada por las fuertes discrepancias sobre la política de pactos a seguir en el momento presente, hace que sea el factor sorpresa, la premura en la toma de decisiones, por parte de ambos bandos, los que al final puedan llegar a decidir de qué lado se decantará la balanza y quién será el encargado o encargada de ocupar la Secretaría General del Partido, en los próximos años.
 Se equivocaron los que consideraban a Pedro Sánchez como una figura de transición, cuya misión principal sería la de asumir la terrible pérdida de votos sufrida por los socialistas, en los últimos tiempos, mientras allanaba el camino a Susana Díaz, como candidata indiscutible a la Presidencia de la Nación, quizá porque minimizaron el tirón mediático y popular del madrileño, que nunca se resignó a pasar sin pena ni gloria, por un puesto que le otorgó su propia militancia, como todos sabemos.
Que Pedro Sánchez siga en primera línea de juego, ha debido suponer una gran frustración para Susana Díaz y sus partidarios, que ven cómo se les va escapando de las manos la oportunidad de conseguir el poder, cada vez que el líder del PSOE vuelve a negarse a negociar con Rajoy o hace alguna declaración, de la que se podría deducir que es partidario de un pacto por la izquierda.
El último enfrentamiento protagonizado por el sector susanista, ha surgido en respuesta a la intención declarada de Sánchez de convocar un nuevo Congreso, quizá porque saben que cualquier consulta a su militancia de base, supondría un triunfo para el actual líder del PSOE, que conseguiría así afianzarse en la Secretaría General, dando al traste con los planes que habían previsto sus detractores.
Llegados a este punto, lo que ocurra a partir de ahora tendrá mucho que ver con cómo cada grupo juegue sus cartas y no les quepa la menor duda de que esta batalla final, será a muerte, pues nadie está dispuesto a ser condenado al ostracismo, ni a conceder una sola oportunidad al adversario, sean cuales fueren, los efectos colaterales que provoque.
Pero ¿qué clase de confianza puede aportar a los electores un Partido, que ni siquiera es capaz de resolver sus fricciones internas y en el que, a la vista de los acontecimientos, importan más las cuestiones personales, que el bienestar de un país, que ha pedido a través de las urnas un cambio urgente de política, mayoritariamente?
Puede que a los líderes del PSOE les parezca que los ciudadanos no nos percatamos en absoluto de lo que ocurre entre ellos e incluso que despreciando nuestra inteligencia, hayan llegado a pensar que pase lo que pase, contarán con la lealtad eterna de un buen número del electorado.
Pero lo cierto y verdad es que las escenas protagonizadas por  los socialistas, desde hace tiempo, no pueden ser más incoherentes y que no tiene más remedio que extrañar, que un Partido tradicionalmente de izquierda, pueda sugerir siquiera, por parte de alguno de sus dirigentes, un pacto tácito con la derecha del PP o plegarse, como se plegó, a un acuerdo ridículo con los Ciudadanos de Rivera, para no llegar a ninguna parte.
Ahora, todo depende de que Sánchez sea capaz de aguantar o no, las presiones que le llegan, por parte de los susanistas y también, intentando desesperadamente lograr los apoyos suficientes que le permitan arrasar en su Comité Federal, si no quiere ser defenestrado por la vía de urgencia, aún sabiendo que su posición cuenta con el aplauso de la mayoría de sus militantes, aunque eso importe poco o nada, a los opositores que le presionan sin descanso, exigiéndole un giro a la derecha.
Entretanto, Podemos aguarda a que se atreva finalmente a deshacerse de las trabas que le asfixian, parea poder iniciar negociaciones, de cara a un acuerdo.
Mucho tendrá que pensar Sánchez para no ser tragado por la líder andaluza y sus congéneres.
Todos le deseamos que sea capaz de utilizar bien su inteligencia.
 


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