jueves, 17 de diciembre de 2015

Una agresión inaceptable


Sufre Mariano Rajoy una agresión en plena campaña electoral, de parte de un joven de diecisiete años, en plena calle y a la luz del día, que no puede tener justificación de ninguna manera,  aunque viene a demostrar hasta dónde puede llegar la indignación, por parte de algunas personas, aún por conocer la historia personal que tiene detrás el agresor y si en cierta medida, se ha visto afectado en su entorno, por alguno de los recortes practicados por el actual Presidente.
Está habiendo en esta campaña, un tono encubierto de violencia, que en nada se parece a lo que se nos tiene acostumbrados desde que consiguiéramos darnos la Democracia, como si en estos últimos cuatro años, todo se hubiera complicado tan profundamente, que hubiera dejado una huella indeleble, no sólo en los ciudadanos, sino también en los políticos.
Pero la educación y la elegancia, a la hora de litigar por el poder y también en el transcurrir de las vidas de todos los que dependemos directamente de los dictados de los Gobiernos, han de ser conservadas como una barrera que separa lo animal de lo racional y acompañarnos, aún cuando la desesperación nos invade hasta la médula, sin que podamos ver una salida.
Hemos de convencernos que en política, el único camino para cambiar lo que nos disgusta o directamente nos agrede, es acudir masivamente a las urnas, habiendo meditado unos votos, que tienen mucha más importancia de la que les dan aquellos que nos los suplican ahora por las calles y plazas del país, prometiéndonos un imperio y que son, directamente, los responsables de quiénes después se sientan en los tronos del poder, para decidir durante los próximos cuatro años, cuál y de qué manera será nuestro destino.
Y aunque el hartazgo y la impotencia que produce el hecho de haber sido sistemáticamente desoídos en el transcurso de toda la legislatura, haga crecer en nosotros la tentación de perder los papeles, en el hipotético caso de que nos tropezáramos por casualidad con los responsables de todas nuestras miserias, es infinitamente mejor, darse el gusto de verlos caer del pedestal en el que se encuentran, cuando son derrotados por los resultados electorales, o por las posibles coaliciones que puedan producirse entre Partidos, ya que hablando se entiende la gente.
Ya sabemos que la justicia, no siempre es impartida con equidad, en este país nuestro, pero el tiempo, termina por colocar a cada cual en el lugar que le corresponde y la verdad, suele ser tozuda en perseguir, así que pasen veinte años, a todos aquellos que por alguna razón traspasaron los límites de lo que se considera decente, mientras ocupaban un cargo político.
De ahí la importancia de los historiadores, que suelen escribir objetivamente lo que sucede en las Naciones durante la etapa que les corresponde vivir y que  dejan reflejado, para que los que vengan conozcan al detalle  los hechos y puedan juzgar, por sí mismos, si fueron o no graves los sucesos que acontecieron a sus antecesores y quiénes los provocaron o dirigieron.
Está claro que Mariano Rajoy y los suyos, probablemente serán recordados, más que por la gestión que hicieron en sus labores de gobierno,  por haber protagonizado en altísimo número, la peor etapa de corrupción que se vivió en España, sin que fueran capaces de resolverlo.
Esa será una de las penitencias más duras que se verán obligados a sufrir en su condición de políticos y, créanme, que nada ni nadie podrá evitar que así suceda o maquillar de ningún modo, el pésimo recuerdo que dejaron, entre los que ahora vivimos.
Buscar otros caminos, resta inmediatamente razón a la enorme fuerza de los argumentos e incluso coloca a los que los esgrimen en una incómoda situación, por si a los agredidos les da por pensar o difundir, que en el fondo, se aplaude la conducta de los agresores.

Éstos sí que son minorías y no los corruptos que durante tanto tiempo han esquilmado los recursos del país, cuando habrían tenido que ser, un ejemplo de honestidad, para todos nosotros.

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