martes, 22 de diciembre de 2015

Permítanme, señores


Es tiempo de conversaciones y pactos, de declaraciones variopintas salidas de los labios de las figuras relevantes de los partidos, en activo o no, recomendando alianzas esperpénticas que, por supuesto, no lesionen los intereses de los poderosos, ni hagan bajar las bolsas o subir la prima de riesgo, como si el destino de las personas no pudiera discurrir en un mundo un poco más alejado del consumismo y el liberalismo de los mercados.
Nada importa, parece, la voluntad de una Sociedad que ha elevado precisamente la voz en contra de esas políticas agresivas que lesionan la dignidad de los seres humanos o que la mayoría de los españoles haya intentado, por las vías que han creído oportunas, enviar a casa a los que hasta ahora nos gobernaban, siguiendo mansamente los dictados de todos aquellos que manejan la opinión y la conciencia de  éstos que ahora intervienen, reclamando un pacto de estado.
Pero este es nuestro Estado y no el suyo en exclusividad y a los españoles no les agrada que se les marque el camino del redil, recomendando la grotesca unidad de socialistas y populares, ni que salgan a la palestra dinosaurios como González o Aznar, asumiendo el papel de salvadores de una Patria, como dioses recién sacados de una tragedia griega y apelando a una experiencia propia que a nadie interesa ya, desde hace mucho tiempo.
Es ahora, momento de respetar lo que los ciudadanos deciden, ya que lo han hecho en libertad y en pleno uso de sus facultades mentales, sin injerencias impropias de los que a sí mismos se llaman demócratas, pero que demuestran, con su actitud, un viso de autoritarismo contra todos los que contradicen su pensamiento.
La tensa espera con que aguardamos el inicio de la nueva legislatura, la llevamos con el innegable deseo de poder empezar a caminar sin tutelas de nadie, por una senda que nos aparte de la angustia sufrida durante los pasados cuatro años y para poder olvidarnos por fin, de los recortes, de la tristeza, de la desesperanza y de la angustia para volver a abrazar la ilusión de estar construyendo, en la medida de nuestras fuerzas, un futuro mejor para todos, lejos de la mansedumbre y el miedo.
Permítannos, señores, edificar nuestro propio destino, traer a nuestros hijos a casa, trabajar a cambio de un salario digno, tener la oportunidad de gozar de una educación para todos y de curarnos de nuestras heridas en el sistema público de sanidad, que también cuida de nuestra salud mental, bastante tocada por los años de gobierno de Rajoy y los suyos.
Déjennos, sin presionar, ser los  protagonistas de nuestra historia y dedíquense, a esas actividades bien remuneradas que les cayeron como del cielo después de abandonar sus cargos, o a la tarea de continuar trabajando por el bien de la población que tienen a su cargo, como en el caso de Susana Díaz, que ya ha tenido a bien pronunciarse en contra de los pactos con Podemos.
Busquen, si es que se aburren o añoran esos tiempos en los que hacían y deshacían a su antojo labores de gobierno, otra diversión que no sea tratar de manipular los resultados de las urnas y entérense, de una vez y para siempre, que su momento quedó atrás. Esta de ahora, es otra historia, que a ustedes no compete y les aseguro que no hay nada más gratificante, a la vez que difícil, que saber retirarse a tiempo.


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