Es tiempo de conversaciones y pactos, de declaraciones
variopintas salidas de los labios de las figuras relevantes de los partidos, en
activo o no, recomendando alianzas esperpénticas que, por supuesto, no lesionen
los intereses de los poderosos, ni hagan bajar las bolsas o subir la prima de
riesgo, como si el destino de las personas no pudiera discurrir en un mundo un
poco más alejado del consumismo y el liberalismo de los mercados.
Nada importa, parece, la voluntad de una Sociedad que ha
elevado precisamente la voz en contra de esas políticas agresivas que lesionan
la dignidad de los seres humanos o que la mayoría de los españoles haya
intentado, por las vías que han creído oportunas, enviar a casa a los que hasta
ahora nos gobernaban, siguiendo mansamente los dictados de todos aquellos que
manejan la opinión y la conciencia de éstos
que ahora intervienen, reclamando un pacto de estado.
Pero este es nuestro Estado y no el suyo en exclusividad y a
los españoles no les agrada que se les marque el camino del redil, recomendando
la grotesca unidad de socialistas y populares, ni que salgan a la palestra
dinosaurios como González o Aznar, asumiendo el papel de salvadores de una Patria,
como dioses recién sacados de una tragedia griega y apelando a una experiencia
propia que a nadie interesa ya, desde hace mucho tiempo.
Es ahora, momento de respetar lo que los ciudadanos deciden,
ya que lo han hecho en libertad y en pleno uso de sus facultades mentales, sin
injerencias impropias de los que a sí mismos se llaman demócratas, pero que
demuestran, con su actitud, un viso de autoritarismo contra todos los que
contradicen su pensamiento.
La tensa espera con que aguardamos el inicio de la nueva
legislatura, la llevamos con el innegable deseo de poder empezar a caminar sin
tutelas de nadie, por una senda que nos aparte de la angustia sufrida durante
los pasados cuatro años y para poder olvidarnos por fin, de los recortes, de la
tristeza, de la desesperanza y de la angustia para volver a abrazar la ilusión
de estar construyendo, en la medida de nuestras fuerzas, un futuro mejor para
todos, lejos de la mansedumbre y el miedo.
Permítannos, señores, edificar nuestro propio destino, traer
a nuestros hijos a casa, trabajar a cambio de un salario digno, tener la
oportunidad de gozar de una educación para todos y de curarnos de nuestras
heridas en el sistema público de sanidad, que también cuida de nuestra salud
mental, bastante tocada por los años de gobierno de Rajoy y los suyos.
Déjennos, sin presionar, ser los protagonistas de nuestra historia y
dedíquense, a esas actividades bien remuneradas que les cayeron como del cielo
después de abandonar sus cargos, o a la tarea de continuar trabajando por el
bien de la población que tienen a su cargo, como en el caso de Susana Díaz, que
ya ha tenido a bien pronunciarse en contra de los pactos con Podemos.
Busquen, si es que se aburren o añoran esos tiempos en los
que hacían y deshacían a su antojo labores de gobierno, otra diversión que no
sea tratar de manipular los resultados de las urnas y entérense, de una vez y
para siempre, que su momento quedó atrás. Esta de ahora, es otra historia, que
a ustedes no compete y les aseguro que no hay nada más gratificante, a la vez
que difícil, que saber retirarse a tiempo.

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