Se cuela en medio de la campaña electoral, un programa de
Jordi Évole sobre la pobreza energética,
que mueve a la indignación de los ciudadanos, al contemplar la tremenda
injusticia que se está cometiendo con miles de familias que se quedaron sin
trabajo, gracias a la reforma Laboral del PP y a las que, sin piedad, se les corta
la luz, el agua y el gas, por falta de pago, sin tener en cuenta que por
desgracia para ellas, no perciben ningún tipo de ingresos, al haber consumido
todas las prestaciones que ofrece el Estado, sin haber podido encontrar ningún
tipo de ocupación, que palie los efectos de su sobrevenida miseria.
La entrevista, que se produce en dos escenarios que podrían
considerarse las partes en este conflicto, transcurre, primero, en el hogar
semi a oscuras de una señora de mediana edad, que se ve todos los meses en la
disyuntiva de tener que decidir si come o paga los recibos energéticos y a la
que su compañía eléctrica ya amenazó con cortar el suministro, al primer recibo
que devolvió, aunque el corte de luz, de momento, ha sido frenado por los
servicios sociales de su Ayuntamiento. Colgado en la pared, un termómetro que
marca nueve grados de temperatura, que se mantienen durante toda la
conversación con Ada Colau, el ex ministro Sebastián, el propio Évole y la
afectada y en la que se muestran diferentes posturas a la hora de afrontar un
problema que sin embargo, el Gobierno de Mariano Rajoy no ha sido capaz de
solventar después de cuatro años, ni aborda en el programa que presenta para la
próxima legislatura, como si esta realidad no existiera o no tuviera la menor
importancia para el Partido que dirige.
Del otro lado, Soria,
en las estancias de su confortable Ministerio, cómodamente sentado en un sillón
de estilo isabelino y a una temperatura real de veintiséis grados, reflejada en
el termómetro que descubre la cámara, aludiendo a las escasas ayudas que su
Ministerio ha habilitado para combatir el trance que sufren estos conciudadanos
nuestros y que se limita a una rebaja del veinticinco por ciento en una factura
que resulta del todo impagable, para aquellos que nada tienen.
Dando muestras incluso, de desconocer las estadísticas que
sobre los afectados han publicado Organismos oficiales durante sus años en el
Ministerio y evitando cualquier enfrentamiento abierto con las Compañías que
proporcionan estos servicios, Soria se atreve aún, a defender de manera
triunfalista, como acostumbra a hacer el PP en plena Campaña, la consideración
que su Partido demuestra con estos afectados, a pesar de haber declinado acudir
al domicilio en el que se celebra la otra parte de la entrevista, para conocer
in situ, la magnitud real del problema.
La comparación entre uno y otro escenario resulta ya en sí,
además de dramática, grotesca y la
indiferencia que produce la situación de una parte de la ciudadanía, que se
dispone a afrontar un nuevo invierno desprotegida por este Gobierno al que
Soria pertenece, no admite ningún tipo de perdón por parte del resto de los
españoles, si se tiene en cuenta que en el tiempo que dura la entrevista, el
Ministro no solo no pronuncia en ningún momento la palabra piedad, ni tuerce de
algún modo, su gesto al contemplar las miserables circunstancias que rodean a
la otra protagonista de la historia.
La señora, al final, lanza en su desesperación una serie de
acusaciones directas a Soria y su Partido, probablemente, movida por la grave
injusticia que padece, sin recibir siquiera y aunque solo fuera por corrección,
el apoyo de quien tiene en sus manos todo lo relacionado con el sector
energético.
El día veinte, cuando acudamos a las urnas, muchos de
nosotros, sin embargo, no vamos a olvidar a esta mujer ni a ninguno de los que
sufren, olvidados por la administración, de pobreza energética.
Y a todos esos indecisos que no saben a quién votar, les
aconsejo, si no lo han hecho ya, que tengan a bien ver este magnífico programa,
reflejo de lo que está sucediendo en este País, a espaldas de los focos de las
televisiones y la grandilocuencia de los mítines de campaña.
Después, pregúntense si desean continuar al lado de quienes
miran hacia otro lado como si fuera la gente la que no quiere encontrar un
trabajo que la dignifique y piensen, porque bien podría ser así, cómo se
sentirían si fueran ustedes los que no pudieran cocinar, calentarse o encender
la luz, por falta de medios para hacer frente a las facturas y a quién reclamarían
que actuara para remediar su vivencia.
Algunos, ya han tenido cuatro años para poder hacerlo. En su
lugar, aún siguen defendiendo la subida del recibo de la luz, condenando la
utilización de energías renovables y viviendo, a costa nuestra, bajo la calidez
climática de sus despachos, en los que nunca faltó de nada, ni en los peores
momentos de esta crisis.

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