El ajetreado final de legislatura que está teniendo Mariano
Rajoy, parece haber alcanzado su punto álgido con el atentado de Kabul, en el
que han muerto dos policías españoles y que complica aún más, si ello es
posible, la decisión del PP sobre la ayuda que deben prestar a Francia, tras
los terribles sucesos de Paris.
La explicación ofrecida por el Presidente sobre el ataque,
que señala que el objetivo era una casa de huéspedes situada justo al lado de
la Embajada española no ha resultado en absoluto convincente, sino que ha
sonado más bien, a una excusa urdida para no empañar la campaña electoral en la
que se halla inmerso en estos momentos, teniendo que ofrecer una respuesta
contundente a lo sucedido en Afganistán.
Pero los españoles hace tiempo que dejamos de confiar en lo
que nos dice el Presidente y mucho más si hay intereses electorales por medio,
por lo que nos resulta casi imposible creer la versión oficial que se ha dado
sobre el asalto y que deja demasiadas incógnitas abiertas que, teóricamente,
debieran ser respondidas, antes de los comicios, por el propio Rajoy, como ya
han reclamado determinados Partidos de la oposición.
Afortunadamente, la
libertad de prensa de que aún disfrutamos en el País, nos ha servido para
conocer que el Gobierno español ya había sido advertido en varias ocasiones de
la vulnerabilidad de la Embajada en Kabul, por lo que quizá habría sido
necesario, tras la oleada de atentados recientes, reforzar la seguridad de
algún modo que hubiera evitado los sucesos que ahora lamentamos todos y muy
especialmente, las familias de los fallecidos.
Admitir por tanto que el ataque iba dirigido sobre dicha
Embajada, supondría para Rajoy y los suyos tener que aceptar su inoperancia
ante los avisos recibidos, a pocos días de las elecciones y tener que explicar
a toda una ciudadanía ávida de noticias de última hora y sobre todo a un buen
número de votantes indecisos, por qué razón no se habían tenido en cuenta las
advertencias y fundamentalmente, si finalmente se apoyarán los bombardeos sobre
Siria, que proponen Hollande y sus aliados.
Acostumbrados a que se nos hurte la verdad con demasiada
frecuencia, los españoles hemos recibido con escepticismo la noticia de que el
atentado iba dirigido a la casa de huéspedes, omitiendo nuestra opinión real,
seguramente, porque ninguno de nosotros desea verse envuelto en el conflicto
bélico que se libra en las ciudades sirias y a pesar de que a las explicaciones
que ha ofrecido el Gobierno les falta elucidar el motivo por el que dicho emplazamiento
podía constituir un objetivo fundamental para los terroristas, si se trataba de
un simple lugar de alojamiento.
Lo extraño de esta situación, es que aún no se haya cursado
ninguna petición por parte de los participantes en la firma del pacto antiterrorista
para exigir una comparecencia del Presidente y que sólo Podemos, parezca haber
dudado en profundidad de la veracidad de lo que se nos relata, como si lo
ocurrido en Kabul y la pérdida de vidas sufrida, no hubiera tenido nada que ver
con nosotros y lo único que nos
importara en estos momentos, fuera que la puñetera Campaña electoral se
celebrara, sin ningún tipo de injerencias.
Como siempre, la búsqueda de la verdad, el derecho de los
ciudadanos a ser informados de los hechos reales ocurridos, pasan a ser algo
nimio, cuando hay intereses de poder por medio.
Nos ha ocurrido tantas veces, que ya, desgraciadamente, ni
siquiera nos extraña, aunque sea tan grave, que debiera, en este caso, servir
para reflexionar sobre el voto que emitiremos y a qué clase de individuos
apoyaremos, para los próximos cuatro años.

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