La voluntad de los españoles en las urnas, ha dejado un
panorama político en la nación y una fragmentación en el futuro Parlamento, que
hace imposible la gobernabilidad del Estado para ninguno de los Partidos en
solitario y no quedará otro remedio que tratar de llegar a acuerdos para
Presidir el País, o repetir en breve las elecciones generales, si las
negociaciones no fueran posible.
Durísimo lo tiene el PP con sus 123 escaños, muy lejos de la
mayoría absoluta que obtuvo en dos mil once y enemistado por su proceder con
casi todas las demás Fuerzas políticas, lo que otorga al PSOE, con sólo noventa
diputados, la posibilidad de intentar un acercamiento con Podemos, Ciudadanos o
ambos, o bien con los nacionalistas catalanes en bloque, dándoles a cambio la
oportunidad de celebrar su cacareado referéndum.
Ahora mismo cualquier alianza es posible, pero la ruptura del
bipartidismo, que se ha consolidado absolutamente, deja paso a una nueva etapa
en la que han irrumpido con fuerza dos Partidos que hasta ayer ni siquiera
tenían representación en el Parlamento y habrá que contar con ellos y hacer
concesiones, en muchos casos dolorosas y difíciles, si se quiere obtener una
investidura que parece lejana tanto para Rajoy como para Sánchez, aunque yo
diría que la tiene más cerca el representante de los socialistas.
Porque el PP, aunque llegara a un acuerdo con Ciudadanos,
necesitaría contar también para alcanzar una mayoría suficiente, con otros
grupos que en este caso no podrían ser otros que los nacionalistas de Esquerra
Republicana y la antigua Convergencia de Mas, con los que ha estado litigando
cruentamente durante toda la pasada legislatura, negándose sistemáticamente a
cuantas peticiones le llegaban de Cataluña y llegando incluso, a denostar a los
ciudadanos que les apoyaban en su lucha por la Independencia.
Puede que Ciudadanos accediera a prestarle su apoyo, pero
está claro que los Partidos catalanes, e incluso el PNV también, no van a
colaborar en que su enemigo cerval consiga gobernar otros cuatro años,
conociendo su recalcitrante unionismo y en parte, porque no sería justo para
sus votantes, traicionar los principios defendidos a capa y espada en los
últimos tiempos, a cambio de una parcela de poder en un Estado español, que ni
siquiera les interesa.
Así que si Sánchez accede a revisar su postura sobre el
Referendum, cosa que en principio parece probable y pacta con Podemos un amplio
abanico de medidas orientadas fundamentalmente a mejoras sociales urgentes,
quizá logre el apoyo de todos, como hecho puntual para la investidura, aunque
después tenga que gobernar en minoría y buscando siempre determinados acuerdos.
Podría darse una tercera vía, si Ciudadanos decidiera apoyar
a PSOE y Podemos, logrando así 190 diputados entre los tres, en cualquier
votación que se celebrara, pero que traería al Parlamento español una curiosa
mezcolanza entre Partidos de izquierda y derecha, con ideologías diametralmente
distintas, aunque no hay nada que no pueda solucionarse con diálogo y paciencia.
Esta, quizá sería la alternativa que preferirían, de ser
preguntados, los españoles, atendiendo al resultado salido de las urnas, si se
tiene en cuenta que una amplia mayoría de la Sociedad, desea principalmente que
Mariano Rajoy no repita en el poder, para poder escapar de las políticas de
austeridad, a la mayor brevedad posible.
Tenemos por delante, una apasionante aventura, en la que
debiera primar, por encima de ideologías y catecismos, el futuro bienestar de
las mayorías, por lo que con toda probabilidad, todos habrán de ceder en sus
planteamientos programáticos, tendiendo la mano a los demás, si se quiere
evitar la repetición de Elecciones, con la incertidumbre natural que tal hecho
despertaría en todos nosotros.
Y aunque llegar por fin a entenderse no garantice la
estabilidad de un nuevo gobierno, ni constituya el bálsamo capaz de curar todas
nuestras heridas pasadas, la ilusión de que estamos empezando a construir algo
nuevo, parece ser la tónica general que hoy inunda las calles de España, en la
creencia de que todo puede ser posible, alrededor de una mesa de negociaciones.
Por otra parte, sea cual sea el resultado de los pactos y
gobierne quien gobierne, la ausencia de mayorías absolutas y la fragmentación
del nuevo Parlamento, permitirá que llegado el momento en que hipotéticamente se
estén lesionando nuestros derechos, se pueda plantear una Moción de censura…y
ganarla.
Ya nos hubiera gustado a todos haber tenido esa posibilidad,
durante los años de mandato del partido saliente.

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