A pesar de estar de vacaciones, la situación política actual
reclama una atención permanente que me impide desligarme del todo del camino
que van tomando los acontecimientos y permanezco en contacto con lo que van
avanzando los medios, por si se diera la circunstancia de que ocurriera algo
trascendental, que no quisiera perderme por nada del mundo.
Mientras escribo estas líneas en esta tarde cálida de
Domingo, La Asamblea de la CUP ha rechazado ya por votación, en dos ocasiones y
por un estrecho margen, la idea de aceptar a Mas como nuevo Presidente de
Cataluña y Pedro Sánchez trata desesperadamente de convencer a los barones de
su Partido de que abstenerse en la votación de la investidura de Rajoy, sería
como infligir una nueva herida en el mismo corazón de la mayoría de los
militantes socialistas.
Los problemas que están teniendo ambas Formaciones para
seguir los dictados de su propia doctrina, están resultando ser un tanto
incomprensibles, si se mira desde un punto de vista estrictamente lógico, pues
lo natural, en ambos casos, sería rechazar de plano cualquier alianza con la
derecha, bien otorgando el beneplácito al líder de la alta burguesía catalana,
bien permaneciendo en quietud ante la posible repetición de mandato del líder
del PP, como si las políticas de recortes y derechos llevadas a cabo durante la
anterior legislatura nada importaran y el deseo de los ciudadanos de que las
cosas cambien, no afectara a un PSOE demasiado debilitado por las luchas internas y
los escandalosos casos de corrupción en que se ha visto envuelto.
Atónitos ante tamaños despropósitos, españoles y catalanes no
conseguimos salir del asombro que provoca en nosotros la sola pretensión de
tales alianzas, que de producirse, se deberán únicamente a un reiterado abuso
de presiones sobre los que han sido hasta ahora capitanes de CUP y PSOE y que
no responderán, desde luego, a los auténticos deseos manifestados por ambos
desde siempre, lo que podría costarles más pronto que tarde, no solo sus
cargos, sino sobre todo, su prestigio.
Pero en política, los asuntos relacionados con la ética y la
moralidad suelen ser, con demasiada frecuencia, olvidados por aquellos cuya
única preocupación consiste en hacerse con el poder y la Sociedad, a fuerza de
sufrir cotidianamente el azote de este tipo de sucias acciones, ha terminado
por acostumbrarse a verlas como algo rutinario, cuando en realidad debieran ser
castigadas o al menos consideradas imperdonables para quiénes las cometen.
Me encantaría que alguien me aclarara qué clase de Presidente
de Cataluña será Artur Mas, si es incapaz de hacerse a un lado cuando su
candidatura es la causa que está impidiendo la formación de un nuevo Gobierno y
hasta qué punto estará capacitado para enfrentarse a los innumerables
sacrificios que se le exigirán en su nuevo mandato, habiendo perdido cualquier
tipo de credibilidad, desde el momento en que empezó a presionar a la CUP, con
la que no está de acuerdo en casi nada, sólo con el objetivo de no perder el
poder.
También me gustaría saber qué clase de explicación ofrecerá
Susana Díaz a los andaluces cuando les abandone a mitad de mandato para
incorporarse al que de seguro será su nuevo destino en Madrid y cómo convencerá a sus militantes de que
prefiere una alianza con la derecha de Mariano Rajoy que con Podemos, quizá
porque personalmente no perdona al Partido de Iglesias, que no apoyara su
investidura en Andalucía.
Entretanto, la opinión de catalanes y españoles vuelve a ser
ignorada, vapuleada y ofendida por los coqueteos entre Formaciones, como si los
resultados salidos de las urnas cayeran, al día siguiente de producirse, en el
más absoluto de los olvidos.
Y puede que así sea, en el caso de los políticos de turno,
pero les aseguro que no en el nuestro.

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