domingo, 27 de diciembre de 2015

De guardia


A pesar de estar de vacaciones, la situación política actual reclama una atención permanente que me impide desligarme del todo del camino que van tomando los acontecimientos y permanezco en contacto con lo que van avanzando los medios, por si se diera la circunstancia de que ocurriera algo trascendental, que no quisiera perderme por nada del mundo.
Mientras escribo estas líneas en esta tarde cálida de Domingo, La Asamblea de la CUP ha rechazado ya por votación, en dos ocasiones y por un estrecho margen, la idea de aceptar a Mas como nuevo Presidente de Cataluña y Pedro Sánchez trata desesperadamente de convencer a los barones de su Partido de que abstenerse en la votación de la investidura de Rajoy, sería como infligir una nueva herida en el mismo corazón de la mayoría de los militantes socialistas.
Los problemas que están teniendo ambas Formaciones para seguir los dictados de su propia doctrina, están resultando ser un tanto incomprensibles, si se mira desde un punto de vista estrictamente lógico, pues lo natural, en ambos casos, sería rechazar de plano cualquier alianza con la derecha, bien otorgando el beneplácito al líder de la alta burguesía catalana, bien permaneciendo en quietud ante la posible repetición de mandato del líder del PP, como si las políticas de recortes y derechos llevadas a cabo durante la anterior legislatura nada importaran y el deseo de los ciudadanos de que las cosas cambien, no afectara a un PSOE  demasiado debilitado por las luchas internas y los escandalosos casos de corrupción en que se ha visto envuelto.
Atónitos ante tamaños despropósitos, españoles y catalanes no conseguimos salir del asombro que provoca en nosotros la sola pretensión de tales alianzas, que de producirse, se deberán únicamente a un reiterado abuso de presiones sobre los que han sido hasta ahora capitanes de CUP y PSOE y que no responderán, desde luego, a los auténticos deseos manifestados por ambos desde siempre, lo que podría costarles más pronto que tarde, no solo sus cargos, sino sobre todo, su prestigio.
Pero en política, los asuntos relacionados con la ética y la moralidad suelen ser, con demasiada frecuencia, olvidados por aquellos cuya única preocupación consiste en hacerse con el poder y la Sociedad, a fuerza de sufrir cotidianamente el azote de este tipo de sucias acciones, ha terminado por acostumbrarse a verlas como algo rutinario, cuando en realidad debieran ser castigadas o al menos consideradas imperdonables para quiénes las cometen.
Me encantaría que alguien me aclarara qué clase de Presidente de Cataluña será Artur Mas, si es incapaz de hacerse a un lado cuando su candidatura es la causa que está impidiendo la formación de un nuevo Gobierno y hasta qué punto estará capacitado para enfrentarse a los innumerables sacrificios que se le exigirán en su nuevo mandato, habiendo perdido cualquier tipo de credibilidad, desde el momento en que empezó a presionar a la CUP, con la que no está de acuerdo en casi nada, sólo con el objetivo de no perder el poder.
También me gustaría saber qué clase de explicación ofrecerá Susana Díaz a los andaluces cuando les abandone a mitad de mandato para incorporarse al que de seguro será su nuevo destino en Madrid  y cómo convencerá a sus militantes de que prefiere una alianza con la derecha de Mariano Rajoy que con Podemos, quizá porque personalmente no perdona al Partido de Iglesias, que no apoyara su investidura en Andalucía.
Entretanto, la opinión de catalanes y españoles vuelve a ser ignorada, vapuleada y ofendida por los coqueteos entre Formaciones, como si los resultados salidos de las urnas cayeran, al día siguiente de producirse, en el más absoluto de los olvidos.
Y puede que así sea, en el caso de los políticos de turno, pero les aseguro que no en el nuestro.



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