domingo, 13 de diciembre de 2015

En campaña


Como si el debate del lunes no hubiera terminado, los analistas políticos centran ahora todas sus intervenciones en presuponer cuáles serán los pactos reales a que se llegarán, una vez finalizadas las elecciones y qué alternativas de gobierno serán posibles, calculando las probabilidades que tendrían unas y otras alianzas entre Partidos, incluso de diferentes ideologías.
Hace años que la política no estaba presente en todas las conversaciones de los españoles y eso, debemos en justicia agradecérselo a la llegada de Podemos, que entró como un torrente de aire fresco en un País, dónde todo se había viciado de tal manera, que los ciudadanos éramos ya incapaces de identificarnos con el decadente bipartidismo que se alternaba en el poder, desde la misma llegada de la Democracia.
Hay en la calle, expectación  e interés por lo que unos y otros exponen en sus  particulares campañas electorales y no solo porque, como es evidente, la política afecta a todos los órdenes de nuestras vidas, sino también, porque hacía años que no se libraba una batalla entre aspirantes de tanta envergadura como ésta, en la que por cierto, nos jugamos nuestra estabilidad colectiva y personal, durante los próximos cuatro años.
Cuenta también, que el incumplimiento de promesas electorales que ha protagonizado el PP durante la legislatura, ha conseguido que seamos mucho más meticulosos a la hora de asimilar los discursos, haciendo que pongamos toda nuestra atención en las probabilidades reales que tienen los programas de ser cumplidos o no, en un futuro, ya que estamos hartos de que una vez que alcanzan el poder, los políticos se olviden de sus compromisos.
No queda más remedio que otorgar un voto de confianza a los partidos emergentes, puesto que no hay razón que justifique dudar de su palabra todavía y también, porque la política española necesitaba con urgencia de savia nueva, que transformara la caduca manera de actuar de la vieja guardia de socialistas y populares, que habían sido incapaces de evolucionar, en los últimos cuarenta años.
Se nota, un viento de renovación que seguramente incomoda a los candidatos tradicionales pero que hay que reconocer que nos tiene enganchados al devenir de los acontecimientos, pegados a las pantallas de las televisiones y a las noticias de los medios, incluyendo a una juventud, hasta hace bien poco, se mostraba apática con cualquier tema que tuviera que ver con la cosa pública.
Subidos al tren de la inmediatez, los españoles se han vuelto a meter de lleno en la vorágine de los acontecimientos electorales y hasta expresan su deseo de votar, cuando muchos de ellos habían dejado de hacerlo sistemáticamente, al no encontrarse representados en ninguno de los Partidos que conformaban hasta ahora, nuestro Parlamento.
Hasta se apuesta en la calle por determinadas alianzas, deseando, cada cual en su línea que tal o cual negociación no llegue a buen término, quizá porque  todos estamos deseosos de abandonar la niebla gris que nos ha acompañado durante estos últimos cuatro años y que con toda seguridad, de un modo u otro, desparecerá por fin de nuestras vidas, el próximo veinte de Diciembre.
Pase lo que pase, ya nunca nada volverá a ser lo mismo, porque en cierta medida, en este país nuestro y durante el peor de los tiempos que nos ha tocado vivir, se ha hecho una revolución tácita que está dando ahora los apetecidos frutos que todos añoramos, cuando salimos a las calles aquel 15M.
Los que pretendan seguir anclados a los modelos del pasado, errarán. Quiéranlo o no, todo ha cambiado demasiado en esta España nuestra.
El futuro que tenemos por delante estará dirigido, por el que mejor sepa evolucionar con los tiempos, cumpliendo a rajatabla lo que prometa precisamente en estos días y entendiendo que su primera obligación será estar al servicio de los ciudadanos, atendiendo en cada momento, las necesidades de las mayorías.
Sin poder dejar de atender a las noticias que se van produciendo, también para los que escribimos esta historia, por fin, vuelve a ser apasionante. 
De verdad, que lo habíamos echado mucho de menos.


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