jueves, 3 de diciembre de 2015

Ausencia de carisma


Insufrible la entrevista que hizo Bertín Osborne a Mariano Rajoy, intentando acercar a los españoles a un hombre absolutamente anodino, cuya vida personal resultó ser para los espectadores ciertamente irrelevante e incapaz de levantar pasiones en cuestiones políticas, debido quizá, a su tediosa manera de plantear los problemas con los que se ha encontrado y que a los demás nos han parecido, de una gravedad imponente.
Sin un solo signo de fatiga en el rostro, a pesar de la tormentosa etapa que le ha tocado vivir en sus años de gobierno, Rajoy se presentó ante los ciudadanos, emulando tal vez a Iglesias, en mangas de camisa, casi siempre en posturas relajadas y procurando en todo momento mostrar una cercanía que ha evitado reiteradamente durante toda la legislatura y que ahora le urge conseguir, si no quiere perder un montón de votos el 20 de Diciembre.
Los que aguantamos hasta el final, incluso teniendo que soportar el aire triunfalista del candidato, empeñado hasta el narcisismo en haber bordado la gestión, tuvimos la sensación de que teníamos delante a un ser a quién le venía grande el cargo que ha ocupado en los últimos tiempos y que por su forma de estar, podría sin duda, pasar inadvertido en cualquier reunión a la que acudiera, durante toda la velada, sin que nadie se percatase de su presencia.
Que la historia que parece haber vivido durante su legislatura no coincida en nada con la que nos ha tocado padecer al resto de los españoles, no solo demuestra la lejanía en que se ha desenvuelto Rajoy, mientras los demás nos veíamos obligados a recortar profusamente nuestro nivel de vida, sino también, que dichos recortes, en nada le han afectado a él, a nivel personal,  a juzgar por las afirmaciones que hizo sobre su rutina familiar en Moncloa, libre de todo agobio económico, por supuesto.
La vergonzosa vanidad de presumir continuamente de grandes viajes y de sus relaciones con los líderes internacionales, obviando nombrar a ninguno de los implicados en los grandes casos de corrupción pertenecientes a su Partido, supuso, en sí, un agravio para todos aquellos que encontrándose en situación de riesgo a nivel familiar, se preguntan a diario si todo les hubiera sido más fácil, de poder contar con el montante que han defraudado a la hacienda pública, todos estos delincuentes.
El presentador, que en ningún momento ocultó su simpatía por la opción política que Rajoy representa, ni supo, ni quiso incidir en los temas que más preocupan a la población, como si el único objetivo del programa fuera limpiar la mala imagen que se ha ganado a pulso este Presidente desde que llegara al poder y que ahora, le pasa la lógica factura en votos, que merece.
Reír chistes sin gracia, apoyar incondicionalmente los comentarios de su entrevistado e incluso aceptar tácitamente la posibilidad de presentarse a la alcaldía de Jerez, con el PP por supuesto, en lugar de contribuir a conocer al candidato Rajoy de cara a las Elecciones Generales, potenció, más bien, la idea de que el entrevistador se encontraba sumisamente al servicio del entrevistado, esperando, tal vez, ser recompensado algún día, por el empujón que le estaba ofreciendo.
Sin talla, sin carisma y sin argumentos, Rajoy fue anoche ante las cámaras, un hombre aburrido, incapaz de proporcionar a los españoles, siquiera, un rato de distracción, en horario de máxima audiencia.

Ahora entendemos un poco mejor, lo mal que le ha ido en la Presidencia.

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