Insufrible la entrevista que hizo Bertín Osborne a Mariano
Rajoy, intentando acercar a los españoles a un hombre absolutamente anodino,
cuya vida personal resultó ser para los espectadores ciertamente irrelevante e
incapaz de levantar pasiones en cuestiones políticas, debido quizá, a su
tediosa manera de plantear los problemas con los que se ha encontrado y que a
los demás nos han parecido, de una gravedad imponente.
Sin un solo signo de fatiga en el rostro, a pesar de la
tormentosa etapa que le ha tocado vivir en sus años de gobierno, Rajoy se
presentó ante los ciudadanos, emulando tal vez a Iglesias, en mangas de camisa,
casi siempre en posturas relajadas y procurando en todo momento mostrar una
cercanía que ha evitado reiteradamente durante toda la legislatura y que ahora
le urge conseguir, si no quiere perder un montón de votos el 20 de Diciembre.
Los que aguantamos hasta el final, incluso teniendo que
soportar el aire triunfalista del candidato, empeñado hasta el narcisismo en
haber bordado la gestión, tuvimos la sensación de que teníamos delante a un ser
a quién le venía grande el cargo que ha ocupado en los últimos tiempos y que
por su forma de estar, podría sin duda, pasar inadvertido en cualquier reunión
a la que acudiera, durante toda la velada, sin que nadie se percatase de su
presencia.
Que la historia que parece haber vivido durante su
legislatura no coincida en nada con la que nos ha tocado padecer al resto de
los españoles, no solo demuestra la lejanía en que se ha desenvuelto Rajoy,
mientras los demás nos veíamos obligados a recortar profusamente nuestro nivel
de vida, sino también, que dichos recortes, en nada le han afectado a él, a
nivel personal, a juzgar por las
afirmaciones que hizo sobre su rutina familiar en Moncloa, libre de todo agobio
económico, por supuesto.
La vergonzosa vanidad de presumir continuamente de grandes
viajes y de sus relaciones con los líderes internacionales, obviando nombrar a
ninguno de los implicados en los grandes casos de corrupción pertenecientes a
su Partido, supuso, en sí, un agravio para todos aquellos que encontrándose en
situación de riesgo a nivel familiar, se preguntan a diario si todo les hubiera
sido más fácil, de poder contar con el montante que han defraudado a la
hacienda pública, todos estos delincuentes.
El presentador, que en ningún momento ocultó su simpatía por
la opción política que Rajoy representa, ni supo, ni quiso incidir en los temas
que más preocupan a la población, como si el único objetivo del programa fuera
limpiar la mala imagen que se ha ganado a pulso este Presidente desde que
llegara al poder y que ahora, le pasa la lógica factura en votos, que merece.
Reír chistes sin gracia, apoyar incondicionalmente los
comentarios de su entrevistado e incluso aceptar tácitamente la posibilidad de
presentarse a la alcaldía de Jerez, con el PP por supuesto, en lugar de contribuir
a conocer al candidato Rajoy de cara a las Elecciones Generales, potenció, más
bien, la idea de que el entrevistador se encontraba sumisamente al servicio del
entrevistado, esperando, tal vez, ser recompensado algún día, por el empujón
que le estaba ofreciendo.
Sin talla, sin carisma y sin argumentos, Rajoy fue anoche
ante las cámaras, un hombre aburrido, incapaz de proporcionar a los españoles,
siquiera, un rato de distracción, en horario de máxima audiencia.
Ahora entendemos un poco mejor, lo mal que le ha ido en la
Presidencia.

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