Hoy podemos decir que por fin termina el mandato de Mariano Rajoy,
que ha constituido sin duda, los que han sido los peores años de nuestras vidas
y que se abre un nuevo periodo esperanzador que depende, totalmente, de lo que los ciudadanos decidamos el domingo en las
urnas, aunque todos en general, pensamos que venga lo que venga, ha de ser,
necesariamente mejor que lo acontecido en este negro periodo de nuestra
historia.
La búsqueda de caminos distintos que logren sacarnos de la
oscuridad en la que nos han sumergido las agresivas políticas de recortes
económicos y sociales que ha impuesto este gobierno, ha propiciado fundamentalmente,
que los ciudadanos hayan dado un paso adelante, ante la inexistencia de vías legales
por las que conseguir apear del poder a los que obtuvieron una mayoría absoluta
en las elecciones y que hayan fabricado,
con esfuerzo y perseverancia, un modo distinto de hacer política, que ha
revolucionado por completo el panorama nacional, apoyándose en la entrada en
escena de nuevos Partidos.
Estábamos, a merced de la tiranía del PP, indefensos,
agotados, desesperados y hasta faltos de
dignidad, intentando inútilmente ser oídos de alguna manera por nuestros
supuestos representantes, incrédulos de que no hubiera algún remedio que
solucionase los gravísimos problemas de paro y miseria que nos acarreaban las
incontables reformas que aprobaban los consejos de unos ministros tan lejanos
de la vida real, que no nos quedaba otro remedio que convertirnos en sumisos corderos
o luchar, en las calles de nuestras ciudades, agrupándonos en inmensas mareas
que reclamaran la posibilidad de un cambio sustancial en las políticas dictadas
al oído por Europa y que nos
devolvieran, a la mayor brevedad posible, el derecho inalienable de volver a
sentirnos vivos y de recuperar toda esa alegría que siempre nos caracterizó y que
se fue marchando paulatinamente, mientras perdíamos nuestros empleos y nuestras
casas, desahuciados por la ferocidad de la Banca y de la Reforma Laboral que
propiciaba el despido libre.
Hemos tenido que gestionar nuestros problemas solos,
abandonados por los que se consideraban a sí mismos nuestros gobernantes y ver
impávidos cómo en la mayoría de los casos, mientras se nos reclamaba
austeridad, iba creciendo su implicación en los innumerables casos de
corrupción que han esquilmado vilmente las arcas de un Estado, al que todos
pertenecemos.
Nos han vapuleado, vilipendiado, rebajado los sueldos,
insultados como si fuéramos delincuentes si nos atrevíamos a protestar y
desangrado hasta las últimas consecuencias, colocando la situación laboral del
país a niveles asiáticos, al mismo tiempo que se nos retiraban cientos de
derechos sociales adquiridos, como la Universalidad de la Sanidad y la
Educación y nuestros jóvenes se veían obligados a emigrar, si querían ejercer
la profesión para la que durante años, se habían preparado.
Han crecido, además del paro y los empleos basura, los
comedores sociales, que han ayudado a nuestros niños a paliar los efectos del
fantasma del hambre, la tasa de voluntarios ayudando a los dependientes en
tareas que hasta entonces habían correspondido a la administración, la
violencia de género al desaparecer, casi en su totalidad, las medidas de
protección que ayudaban a las mujeres a escapar de sus agresores, las tasas de
matriculación en las Universidades y en los asuntos judiciales, los impuestos que
pagamos todos los españoles, el número de pensionistas que se han visto
obligados a mantener a sus hijos y nietos, las listas de espera en los Hospitales, la
manipulación ideológica en los colegios, los desahucios y fundamentalmente, las
tasas de pobreza que colocan a miles de familias españoles en los grupos de
riesgo.
Y han bajado el número de médicos, de profesores, de
trabajadores sociales, tan necesarios en tiempos de crisis, las tasas de
afiliados a la Seguridad social, la natalidad, ante la imposibilidad real de
los ciudadanos para mantener a los hijos, la inmigración, que tan bien nos vino
como mano de obra barata en los años de bonanza, la bolsa dedicada a pagar las
pensiones que han perdido tanto poder adquisitivo, el dinero de las arcas
estatales, robado a manos llenas por una cohorte de defraudadores y corruptos
con filiación política, las ayudas a los parados de larga duración y a los que
sufren por esta causa pobreza energética, el poder adquisitivo de la gente que
ha tenido la suerte de conservar el empleo y la desilusión que produce ser
conscientes de que no hay esperanza de alcanzar un futuro digno.
La herencia de Rajoy, que tantas veces afeó a Zapatero el
legado que le había dejado cuando fue investido Presidente, no ha traído pues,
al sufrido pueblo español, más que un vertiginoso descenso hasta el estado del malestar,
del que nos va a costar muchísimo trabajo escapar, sobre todo si vuelve a ganar
las elecciones y repite como gerente del Gobierno.
Es por tanto fundamental, que todos reflexionemos a solas sobre
esta última etapa de nuestras vidas, que
no nos dejemos engañar por el triunfalismo de quiénes buscan permanecer en el
poder, intentando convencernos de que se ha terminado la crisis y que cada
cual, mire a su alrededor para constatar en qué situación se encuentra, después
de los cuatro años de gestión del PP, la gente que le rodea más de cerca y si
quiere, continuar en la misma línea de recortes que nos imponen los
conservadores o librarse para siempre del yugo de la sumisión, apostando por la
esperanza de un cambio que beneficie a las mayorías.
Por ello, sería bueno mantener frescos los recuerdos y no
dejar caer en el olvido todos los sufrimientos que nos hemos visto obligados a
soportar, sin haber obtenido siquiera, la posibilidad de ser del todo libres
para reclamar ser tratados como personas y no como una mercancía con la que
pueden negociar, aquellos a quienes solo les importa la marcha de la Macro
economía.
La única fuerza que nos queda a los humildes es la de
unificar nuestros votos, para apear del poder a los que han convertido estos
últimos cuatro años en los peores de nuestras vidas.
Ténganlo presente antes de introducir la papeleta en las
urnas. Y sonrían mientras lo hacen, porque todo es posible.

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