miércoles, 16 de diciembre de 2015

Hasta el último minuto


A sólo cuatro días de la celebración de las Elecciones Generales y como ha venido ocurriendo ininterrumpidamente, a lo largo de esta legislatura, aparecen dos nuevos casos de presunta corrupción de miembros destacados del PP, que contradicen la supuesta honradez que tanto se afanan en defender Rajoy y los suyos, ante los ciudadanos.
Mucha tinta ha corrido ante el comentario de Pedro Sánchez sobre la decencia del Presidente y el tono de brusquedad con que hizo la afirmación, en el cara a cara del pasado lunes, pero lo cierto es que nunca había habido tantos representantes de un Partido imputados en delitos relacionados con el dinero, ni nunca, los españoles, habíamos visto aparecer el nombre de ningún otro Presidente de Gobierno, escrito en los papeles de un defraudador, como perceptor de sobresueldos pagados en dinero negro.
La sombra de la sospecha que ha sobrevolado durante este periodo de nuestra historia, parece que va a perseguir a Rajoy hasta el último minuto de su permanencia en el poder y hace sólo unos días, Gustavo de Arístegui y Pedro Gómez de la Serna, han entrado a formar parte de la interminable lista de presuntos corruptos que han ocupado cargos de importancia en el país y que han sido, en su mayoría, lo que se definiría como hombres de confianza del Presidente.
No vamos a entrar en profundizar en la supuesta decencia de Rajoy, pues realmente no se ha probado legalmente que haya cometido ningún delito, pero la cohorte de maleantes que le han acompañado en su andadura, la supuesta financiación ilegal de las obras de la sede de Génova, sus iniciales impresas de puño y letra de Bárcenas en los papeles incautados y los mensajes de ánimo enviados al ex tesorero, incluso conociendo la existencia de sus cuentas millonarias en Suiza, no pueden por menos que generar una duda razonable en el sentir de los ciudadanos que han tenido que contemplar atónitos cómo gente de la calaña de Rato y otros muchos, escamoteaban los fondos de las arcas públicas, mientras los españoles se apretaban el cinturón hasta asfixiarse, por la dureza de los recortes impuestos por el Gobierno.
Que Rajoy debió dimitir hace ya mucho tiempo, es una creencia asentada en el pensamiento de la  mayoría de la gente, como lo es que el agujero económico que han generado los destacados miembros del PP que se han manchado las manos robando, podría haber solucionado muchos de los problemas que nos acucian, pero la holgada mayoría absoluta de que ha disfrutado esta Formación durante estos últimos cuatro años, ha hecho literalmente imposible poner fin a una situación absolutamente desbordada en lo que a la corrupción se refiere, pues cualquier Moción de Censura que se hubiera intentado, se hubiera perdido, por una mera cuestión numérica.
Lo que no puede evitar el PP es que la gente opine o que el pensamiento generalizado que sobre sus dirigentes se tiene, a lo largo y ancho del país, diste mucho de ser que representan un ejemplo de limpieza.
Porque no siquiera nos da tiempo a olvidar lo sucedido en casos como Gurtel o Púnica, cuando ya tenemos sobre la mesa nuevos nombres o listas de imputados en nuevas tramas en las que se vuelve a jugar con el dinero de todos los españoles y así, todos y cada uno de los días.
El domingo, todos votaremos sin que se haya aclarado aún, si Arístegui y Gómez de la Serna, se lucraron ilícitamente de negocios sucios mientras ocupaban puestos de relevancia en su Partido, pero lo haremos sabiendo que como otros muchos, también ellos, gozaban del amparo del equipo cercano al Presidente.
Y a dieciséis de Diciembre, ninguno de nosotros pondría la mano en el fuego por afirmar que en los escasos días que faltan para la celebración de los comicios, no aparezcan aún nuevas corruptelas protagonizadas también por otros militantes ilustres de esta rancia derecha, abofeteando sin manos toda esa supuesta decencia que tan ardorosamente defendió el principal responsable del PP, en el debate del lunes pasado.
No sabemos si Rajoy ganará las elecciones, pero su partido, se está quedando sin gente.


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