A sólo cuatro días de la celebración de las Elecciones
Generales y como ha venido ocurriendo ininterrumpidamente, a lo largo de esta
legislatura, aparecen dos nuevos casos de presunta corrupción de miembros
destacados del PP, que contradicen la supuesta honradez que tanto se afanan en
defender Rajoy y los suyos, ante los ciudadanos.
Mucha tinta ha corrido ante el comentario de Pedro Sánchez
sobre la decencia del Presidente y el tono de brusquedad con que hizo la
afirmación, en el cara a cara del pasado lunes, pero lo cierto es que nunca
había habido tantos representantes de un Partido imputados en delitos
relacionados con el dinero, ni nunca, los españoles, habíamos visto aparecer el
nombre de ningún otro Presidente de Gobierno, escrito en los papeles de un
defraudador, como perceptor de sobresueldos pagados en dinero negro.
La sombra de la sospecha que ha sobrevolado durante este
periodo de nuestra historia, parece que va a perseguir a Rajoy hasta el último
minuto de su permanencia en el poder y hace sólo unos días, Gustavo de
Arístegui y Pedro Gómez de la Serna, han entrado a formar parte de la
interminable lista de presuntos corruptos que han ocupado cargos de importancia
en el país y que han sido, en su mayoría, lo que se definiría como hombres de
confianza del Presidente.
No vamos a entrar en profundizar en la supuesta decencia de
Rajoy, pues realmente no se ha probado legalmente que haya cometido ningún
delito, pero la cohorte de maleantes que le han acompañado en su andadura, la
supuesta financiación ilegal de las obras de la sede de Génova, sus iniciales
impresas de puño y letra de Bárcenas en los papeles incautados y los mensajes
de ánimo enviados al ex tesorero, incluso conociendo la existencia de sus
cuentas millonarias en Suiza, no pueden por menos que generar una duda
razonable en el sentir de los ciudadanos que han tenido que contemplar atónitos
cómo gente de la calaña de Rato y otros muchos, escamoteaban los fondos de las
arcas públicas, mientras los españoles se apretaban el cinturón hasta
asfixiarse, por la dureza de los recortes impuestos por el Gobierno.
Que Rajoy debió dimitir hace ya mucho tiempo, es una creencia
asentada en el pensamiento de la mayoría
de la gente, como lo es que el agujero económico que han generado los
destacados miembros del PP que se han manchado las manos robando, podría haber
solucionado muchos de los problemas que nos acucian, pero la holgada mayoría
absoluta de que ha disfrutado esta Formación durante estos últimos cuatro años,
ha hecho literalmente imposible poner fin a una situación absolutamente
desbordada en lo que a la corrupción se refiere, pues cualquier Moción de
Censura que se hubiera intentado, se hubiera perdido, por una mera cuestión
numérica.
Lo que no puede evitar el PP es que la gente opine o que el
pensamiento generalizado que sobre sus dirigentes se tiene, a lo largo y ancho
del país, diste mucho de ser que representan un ejemplo de limpieza.
Porque no siquiera nos da tiempo a olvidar lo sucedido en
casos como Gurtel o Púnica, cuando ya tenemos sobre la mesa nuevos nombres o
listas de imputados en nuevas tramas en las que se vuelve a jugar con el dinero
de todos los españoles y así, todos y cada uno de los días.
El domingo, todos votaremos sin que se haya aclarado aún, si Arístegui
y Gómez de la Serna, se lucraron ilícitamente de negocios sucios mientras
ocupaban puestos de relevancia en su Partido, pero lo haremos sabiendo que como
otros muchos, también ellos, gozaban del amparo del equipo cercano al
Presidente.
Y a dieciséis de Diciembre, ninguno de nosotros pondría la
mano en el fuego por afirmar que en los escasos días que faltan para la
celebración de los comicios, no aparezcan aún nuevas corruptelas protagonizadas
también por otros militantes ilustres de esta rancia derecha, abofeteando sin
manos toda esa supuesta decencia que tan ardorosamente defendió el principal
responsable del PP, en el debate del lunes pasado.
No sabemos si Rajoy ganará las elecciones, pero su partido,
se está quedando sin gente.

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