Tremendamente afectado por la ola de suicidios provocados por los desahucios, el pueblo español se prepara para la jornada de Huelga más importante de su historia, con el ánimo de ser oído, al fin, por su Gobierno y conseguir que las políticas que está llevando a cabo el Partido Popular, sustituyan los recortes por una apuesta fuerte por el empleo, dada la situación de gravedad que atravesamos y que está llegando a límites insostenibles.
Dispuestos a dar un salto al vacío y con muy poco que perder, los españoles han empezado a movilizarse en diversos puntos de nuestra geografía, con la esperanza de que la merma económica que supone para el trabajador acudir a una huelga, no pese más en la balanza, que la multitud de carencias que les están trayendo los errores de sus políticos y de que el día 14 se consiga paralizar el país, en apoyo de la indignación que se sufre, cuando se tiene la certeza de encontrarse en la más absoluta soledad, precisamente cuando uno más apoyo necesita.
A pesar de los enormes esfuerzos empleados por el Gobierno para convencer a los ciudadanos de la inutilidad de este tipo de acciones y del recuerdo vivo de la terrible represión ejercida últimamente contra los manifestantes en Madrid, la falta de recursos que acerca a la gente, cada vez más, al umbral de la pobreza, será la única bandera imperante durante la jornada de esta huelga, que es sin duda de carácter social y no tiene colores políticos.
Inclusive, las encuestas realizadas dan como resultado que un 98% de los españoles apoyan la necesidad huelga, con el dato curioso de que también lo hace un 35% de militantes del Partido Popular, lo que viene a dejar claro que ni siquiera los propios correligionarios de Rajoy están de acuerdo con el tipo de medidas que está tomando su Gobierno y que, probablemente, también ellos saldrán a la calle el día 14, contraviniendo las órdenes de su Partido.
En este clima de nerviosismo extremo, comienza una semana que podría convertirse en un pulso entre Presidente y ciudadanía y que bien podría aumentar, más aún, la enorme brecha que los separa, si pasada la jornada de huelga y suponiendo que sea un éxito, Rajoy no se propone un cambio inmediato en su planteamiento de la crisis y empieza a pensar con rapidez en cómo solucionar el problema del paro, aún a riesgo de perder su buena sintonía con sus socios europeos, aunque a favor del pueblo que lo eligió, como sería exigible.
Muchos de los colectivos más combativos durante este último año, como podrían ser los trabajadores de la sanidad y la enseñanza, ya han anticipado su participación activa en los actos del 14 y no descartan continuar con la protesta posteriormente, de no ser atendidas sus peticiones y continuar el intento de privatización encubierta que se está llevando a cabo en estos ámbitos y que privan al pueblo de dos de sus más elementales derechos, como son la educación y la salud.
También los trabajadores de los transportes públicos, que ven peligrar su estabilidad laboral por la misma causa, se harán eco de la protesta y sólo se prestarán los servicios mínimos establecidos por la ley en estos casos.
España puede ser el próximo miércoles, un país fantasma, en el que el silencio y la desolación enseñen al mundo la imagen real de la ruina que nos sobrevuela.
No por ser absolutamente necesario, resulta menos doloroso.

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