domingo, 18 de noviembre de 2012

La oportunidad del escándalo




Oportunamente destapado por el Periódico El Mundo, un nuevo escándalo de corrupción irrumpe como un torrente en la campaña electoral catalana y apunta, directamente, a las cabezas visibles de ayer y de hoy en Convergencia y Unió, implicándolas en un delito financiero, que bien pudiera traer para ellos muy malas consecuencias.
Los sueños independentistas de Mas se ven prácticamente desplazados de los mítines de todas las fuerzas políticas y al ser su nombre uno de los que podrían verse envueltos en una evasión de capitales relacionada con el caso Millet, los otros candidatos a la Presidencia de la Generalitat acaban de encontrar un filón, con el que intentar paralizar el imparable ascenso del actual Presidente y frenar, a la vez, la intención de voto del pueblo catalán, que se ha quedado estupefacto con la gravedad de la noticia.
Los convergentes se han apresurado a desligarse de cualquier responsabilidad relacionada con el asunto, pero el hecho de que hasta el momento no se hayan presentado querellas contra El Mundo, ni contra los autores del artículo, hace intuir un trasfondo oscuro yaciente en esta historia y podría representar un retroceso significativo en las aspiraciones de Mas, si la prensa cuenta con pruebas que propicien una implicación judicial en los hechos referidos y se inicia una investigación, en los próximos días.
Lo que podría parecer en principio una maniobra maquiavélica instigada contra esta formación catalana y contra sus líderes de ayer y de hoy, en los tiempos que corren, habrá de ser tratado con reservas, en vista de los numerosos casos de corrupción que se han conocido y que no son, desgraciadamente, patrimonio de una sola tendencia.
Políticos de cualquiera de las ideologías que conforman el amplio abanico parlamentario y autonómico del panorama nacional, diariamente son acusados y juzgados por estos delitos y ni una sola de las formaciones podría jurar una declaración de absoluta limpieza, ni poner la mano en el fuego por sus dirigentes, sin terminar quemándose en esta hoguera de vanidades que ha propiciado la ambición.
No sería la primera vez que Convergencia se ve envuelta en estas aguas farragosas, que ya en los tiempos de Pujol arrastraron a varios de sus correligionarios hasta los banquillos de la justicia, pero la presunción de inocencia, que no puede ni debe ser negada a ningún ciudadano, obliga a mantener la cautela necesaria para permanecer en la duda, hasta que la balanza no se incline, con contundencia, a uno u otro lado, para los acusados en este caso.
Pero si fuera cierto y los mismos que ahora arengan a las masas incitándolas a luchar por una identidad absolutamente desligada del Estado español, al que acusan prácticamente de robar los impuestos pagados por los ciudadanos de Cataluña, han estado evadiendo caudales públicos a paraísos fiscales, mientras recortaban escandalosamente de partidas sociales, de la educación y la sanidad, el escándalo estaría servido y la imagen que estarían dando a su pueblo no podría ser peor, ni más indigna.
Este mazazo, coloca al pueblo catalán en la difícil tesitura de tener que cambiar un voto que ya parecía mayoritariamente decidido y deja en absoluta soledad a cuantos creyeron ciegamente en el brindis de Mas por la independencia, pues aunque en principio no se quiera dudar de la inocencia de nadie, las incógnitas abiertas por el artículo de El Mundo, de seguro, no podrán ser ignoradas, como si nunca se hubieran escrito y muchos, se plantearán seriamente otras opciones políticas.
¿En qué quedará entonces la ilusión de la independencia? Lo sabremos cuando la voz de la calle quede plasmada en las urnas y los resultados de las elecciones sean efectivos.
PSC, PP y ER, serán, de algún modo, beneficiados por esta vorágine de acontecimientos, pero muchos ciudadanos, asqueados por la suciedad que arrastra la política y contentos de no haber contribuido a propiciar una independencia regentada por gobernantes de dudoso talante, no votarán. Y también estarán en su derecho.













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