El pueblo catalán frena en seco las ínfulas independentistas de Mas, demostrándole con su voz soberana que su mensaje no había calado en realidad, tan hondo como él se pensaba, o al menos, que el deseo de las mayorías no es que él lidere con poderes absolutos el proceso, ya que no logra alcanzar, ni de cerca, la mayoría absoluta que tanto deseaba.
Le pasan factura al líder de Convergencia y Unió todos los recortes practicados durante estos dos años de mandato, que son directamente responsabilidad suya, por mucho que se haya empeñado en culpar de las medidas a un gobierno central, que en la mayoría de los casos, no tiene competencia para hacerlos.
Sube Ezquerra Republicana, aclarando que un sector amplio de la población no coincide con el pensamiento conservador de Mas y que la izquierda catalana no ha muerto, sino que sigue muy viva en el corazón de una ciudadanía que, sin olvidar la terrible gestión del gobierno de Zapatero, castiga a los socialistas retirándoles una gran parte de su confianza y dejando su participación parlamentaria reducida a un mero testimonio de lo que fue, en anteriores épocas de bonanza.
Las primeras impresiones apuntan a que Mas no cumplirá la promesa de dimitir, ahora que ha comprobado que Cataluña no ha caído rendida a sus pies, deseando convertirle en abanderado de sus aspiraciones y que el estallido popular que dio pie a su voluntad de secesión, no era tanto un deseo de liberación, como una necesidad de conseguir ciertas metas, directamente relacionadas con los efectos negativos de la crisis.
Es pronto para predecir si las alianzas necesarias para gobernar se harán únicamente entre nacionalistas, o si por esas extrañas amistades que consigue la política, se encaminarán hacia otros derroteros hasta ayer impensables, pero la realidad es que Convergencia necesitará ahora de apoyos para formar gobierno y está claro que los conseguirá, dado que el sabor del poder, suele derribar muros que parecían inquebrantables.
Los resultados traen también consecuencias para otras formaciones política y no solo en el entorno de Cataluña, sino a nivel nacional...y de suma importancia.
Puede que ahora Alfredo Pérez Rubalcaba entienda el mensaje que vuelve a lanzarle la ciudadanía y se decida por fin a retirarse de la vida política, antes de que su partido termine de caer a un oscuro pozo del que tal vez no pueda volver a salir nunca.
La memoria del pueblo, que no perdona los errores cometidos por su formación en los últimos años de gobierno, permanece viva en el recuerdo sin permitir la impunidad de cuantos tuvieron que ver con el ejecutivo de Zapatero y pide a gritos una renovación total del PSOE, en la que no tienen cabida ninguno de los que participaron en la mala gestión que propició la entrada del PP en la Moncloa y que nos ha llevado exactamente hasta el lugar en el que nos encontramos ahora, que no es precisamente bueno, para el bienestar de las mayorías.
Pero la dimisión casi nunca se encuentra en el vocabulario de los políticos, que tratan desesperadamente de aferrarse a sus cargos, sin entender los beneficios que suele reportar la honradez a corto y largo `plazo, para quien sabe ponerla en práctica a su debido tiempo.
Por eso, lo más probable es que tras pasar la tormenta provocada por las elecciones de ayer, todo continúe siendo exactamente igual que hasta ahora y nadie pague en carne propia, ninguno de los errores cometidos, en detrimento de los ciudadanos, que ya no confían ni en su sombra.
Se abre pues una etapa que, eso sí, traerá enormes dolores de cabeza a los populares de Rajoy, a los que difícilmente se les dará tregua desde la Generalitat, sea quien sea el que ayude a gobernar a Mas, ahora que todo ha vuelto a su cauce.
A partir de hoy habrá que volver a la lucha por los derechos que ya se libraba en las calles antes de que toda esta historia comenzara. Al fin y al cabo, seguimos teniendo las mismas carencias que antes y Mas y los suyos también tienen una gran culpa en este asunto.

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