domingo, 4 de noviembre de 2012

El amo del mundo



A finales de esta semana, las dudas sobre quién gobernará los destinos de la tierra, habrán quedado, por fin, despejadas y el nuevo Presidente de Los Estados Unidos de América, resurgirá gloriosamente de entre la desolación causada por el huracán Sandy, eclipsando cualquier otra noticia que pudiera ocurrir en el mundo, dueño de todo el poder y la gloria.
A pesar de hallarse tan lejos de nosotros, también los americanos coinciden en la mala costumbre del bipartidismo y tampoco ellos manejan entre sus opciones de voto, más que dos alternativas a las que acudir, como si no fueran posibles otras ideas, que las de los republicanos y los demócratas.
Esta vez, Romney y Obama protagonizan una dura batalla, apurando la recta final de la campaña para arrancar de los indecisos su intención al acercarse a las urnas, aunque rodeados por la misma parafernalia lúdico-colorista que siempre ha caracterizado esta elección, de la cual depende el futuro de todos nosotros, en los próximos cuatro años.
Es obvio que todas las ilusiones rotas por Obama en la última legislatura, van a pasarle el Martes factura y que aquellos cientos de miles de votantes que se tiraron al vacío al grito de “Yes, we can”, ya no son los mismos, ni mantienen las mismas expectativas que entonces les movieron, al no ver colmados sus deseos ni cumplidas las esperanzas depositadas en el primer presidente negro de su historia.
Pero Romney parece sacado de un armario cerrado en el año cuarenta del pasado siglo, bañado en alcanfor y estancado en la mojigatería de una moral de doble rasero, que choca frontalmente con las ideas de una juventud, que al menos ha conseguido evolucionar, y mucho, en las cuestiones relacionadas con su manera de vivir la libertad y en cómo administrarla.
El recuerdo de Bush y su afán por conquistar territorios a base de guerras, pulula también sobre las cabezas de los norteamericanos, cansados de ser los supuestos defensores de una verdad que ya no resulta creíble para casi nadie y les proporciona un motivo de peso para la resistencia a ser considerados como una especie de cruzados modernos, en contra del terrorismo mundial.
Quizá este rechazo pueda finalmente inclinar la balanza del lado de los demócratas y su desgaste quede reducido a la nada, si se ponen en la balanza una serie de elementos de corte social, que los republicanos ni siquiera llevan en su programa, o se calculan las consecuencias de la derogación de algunas de las leyes vigentes en la actualidad, como la del aborto o los matrimonios entre personas del mismo sexo y que tienen detrás, ciertos logros de verdadera importancia, que algunos no están dispuestos a perder.
O tal vez pueda más la indignación que la esperanza y no se otorgue una nueva oportunidad al Presidente, que en varias ocasiones ha reclamado más tiempo para poder cumplir sus promesas y se opte erróneamente por votar a favor de quien se supone más entendido en economía, a tenor de la crisis que también se sufre en aquellas latitudes, aunque en menor grado que en la nuestra.
Lo cierto es que el resultado de estas elecciones, desgraciadamente, nos incumbe también, y de qué modo, a todos nosotros y que dependiendo del talante del nuevo vencedor, así serán las políticas universales que gobernarán nuestro destino.
El amo del mundo, llámese Obama o Romney, está a punto de ser coronado y la expectación es enorme. No podía ser de otra manera. Cosas del Imperialismo de ayer, de hoy y siempre.







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