Se le ha ocurrido al Partido Popular, ofrecer un permiso inmediato de residencia a todos aquellos extranjeros que adquieran una vivienda en España, por valor de 160.000 o más euros.
Precisamente cuando se acaba de retirar la asistencia sanitaria a los inmigrantes sin papeles, independientemente del tiempo que llevaran viviendo en el país, esta medida que abre las puertas de par en par a los adinerados procedentes de naciones emergentes como Rusia y China, resulta, como mínimo, un agravio comparativo que coloca una vez más a los humildes, a la cola de la concesión de ciertos derechos elementales y los anima veladamente, a regresar cuanto antes a sus lugares de origen, mientras se derriban todas las barreras burocráticas para un tipo de inmigración, absolutamente conveniente en estos momentos de crisis.
La felonía no puede ser más escandalosa, ya que pone en total evidencia las intenciones de un gobierno al que siempre le sobraron todos aquellos que vinieron buscando un futuro mejor, cuando la bonanza económica de la burbuja inmobiliaria así lo permitía.
En su momento, se aprovechó sin escrúpulos de esta mano de obra barata que ocupaba los puestos que no querían los aborígenes, pero con las vacas flacas, se han convertido en una carga presumiblemente inasumible, de la que hay que deshacerse con prontitud, sin respeto a lo que sentimentalmente les pueda unir a este país, en el que se habían asentado con sus hijos.
El rosario de penalidades que muchas de estas familias han tenido que soportar para intentar obtener el permiso de residencia, parecen haber desaparecido para los que llegan dispuestos a invertir en los cientos de miles de viviendas que posee ahora la Banca y que ha encontrado así, un modo de obtener beneficios, amén del dinero recibido procedente de un rescate, que nos toca pagar a los pobres españoles, como un sacrificio más, de los muchos que nos ha exigido Rajy, en los últimos tiempos.
Cualquier cosa, por inmoral que sea, es buena, si con ello se hace posible que el negocio bancario no pierda privilegios y puede reflotar impunemente, de los errores cometidos por la mala gestión de los que propiciaron las hipotecas basura y ahora se encargan de los desahucios, que ya han costado unas pocas de vidas, y que no cesan.
Ya no importa la procedencia de estos inmigrantes de nuevo corte, ni la de los caudales destinados a su inversión, ni tener que arroparlos con la cobertura sanitaria y educativa que se niega a otros con menor suerte.
Las puertas son abiertas si hay capital y si no, son cerradas de bruces, en un tipo de discriminación aberrante, que traspasa todas las líneas de la ética, pero que satisface el afán recaudatorio de los conservadores, ávidos de conseguir una buena imagen a los ojos de Europa, sin que importen los métodos utilizados para lograrlo.
A partir de ahora, ya no será un problema que comunidades enteras estén pobladas por extranjeros, a los que nadie parará por la calle reclamándoles los papeles, asumiendo su integración, sin hacer preguntas molestas que aclaren de dónde viene su fortuna.
Si eres rico…serás bienvenido al territorio patrio de los populares. Si eres pobre... ve buscando la manera de regresar a tu casa y evita con tu testimonio que tus compatriotas se embarquen en la arriesgada aventura que los traiga hasta aquí.

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