La presión popular consigue detener temporalmente la ola de desahucios que se han venido sucediendo en los últimos tiempos y que ya se han cobrado varias vidas de personas que se han visto empujadas al suicidio, al no encontrar una salida digna, al difícil momento que estaban atravesando.
El apoyo ciudadano a estas familias, que ha sido una constante desde que la banca decidió actuar contra ellas, sin tener en cuenta el deterioro laboral que se estaba viviendo en el país, parece haber podido con el sistema y al gigante sin corazón no le ha quedado otro remedio que reflexionar, ante la indignación que provocaban las injustas medidas que se venían aplicando, sin contemplar las historias personales de los deudores, en muchos casos, auténticamente terribles.
Esta inyección de moral, que llega a sólo dos días de la Convocatoria de Huelga General prevista para el 14 de este mes, viene a ser la prueba palpable de que con unidad es posible cambiar ciertas historias y que no es cierto que la victoria sea siempre para quienes más medios económicos ostentan, ya que lo verdaderamente importante es la perseverancia.
Orgullosos de haberlo logrado, miles de españoles celebramos hoy no tener que volver a presenciar tragedias que se habían hecho demasiado habituales en nuestras vidas y que venían socavando nuestra moral, como si ya todo fuera irreversible, aunque en ningún caso hayamos firmado la rendición, ni abandonado la lucha por nuestros derechos.
Este camino, que empezó siendo angosto y que ha requerido la presencia permanente de muchas personas en cada uno de los casos de desahucio que se conocía, parece ahora haberse allanado, gracias a las innumerables voces que se han levantado contra estos actos y a los muchos colectivos que se han arriesgado a perder su sustento, para tratar de paralizar el atropello que la banca estaba cometiendo contra los mismos ciudadanos a los que animaron a hipotecarse eternamente, cuando los vientos eran favorables y se nadaba en abundancia.
El ejemplo de hoy, ha de ser necesariamente considerado para el tiempo futuro, ya que deja en evidencia cualquiera de las teorías gubernamentales que tratan de disuadirnos de acudir a la huelga.
La unión y la perseverancia en defender los derechos que nos están siendo arrancados, uno a uno, por las esferas gubernamentales, es la única opción que nos queda, si pretendemos conservar la dignidad que nos permita no ser arrastrados hasta una esclavitud, semejante a la que ya sufrieron nuestros antepasados, cuando llegaron a las ciudades.
El hecho probado de que las cosas se pueden cambiar cuando se lucha con ahínco, da alas a la indignación para reforzar su protesta y pone una luz de esperanza en el corazón de los españoles, que ya creían perdida toda probabilidad de conseguir avanzar entre la oscura maraña de un sistema, absolutamente insensible al sufrimiento humano y amante en exceso, de la palabra beneficio.
Si solo unos cuantos hacen hoy posible esta moratoria para los casos de desahucio ¿qué podría conseguir la unidad de todos, remando en una misma dirección, contra las medidas de recorte que se practican a diario, en todos los ámbitos de la sociedad?
Cada uno saque la conclusión que quiera, aunque en este momento, el lema utilizado por la indignación en todos sus actos de protesta, bien podría ser asumido por todos y cada uno de nosotros: SI SE PUEDE.

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