De algún modo, tiene el pueblo español que “agradecer” a sus políticos la situación a la que lo ha llevado su manera de entender la política y la ruina que han traído al país sus gestiones, que más que venir avaladas por titulaciones y masters, parecen salidas de las oscuras profundidades del hampa, a juzgar por los casos de corrupción que a diario protagonizan.
Desde el momento en que dieron el paso de conceder mayor importancia a las cifras que a las personas y decidieron tomar posiciones al lado de las entidades bancarias que nos arrastraban a la bancarrota, incapaces de conservar los activos que los ciudadanos habíamos puesto bajo su nefasta custodia, tratando de reflotar el negocio más lucrativo del mundo, a costa de exigir esfuerzos insostenibles a los contribuyentes, todo el sentido que ha de ser inherente a su profesión desapareció hecho pedazos y quedó en evidencia su falta de honestidad para seguir representando nuestros intereses, aún habiendo sido legitimados por las urnas.
Lo ocurrido en el último año no puede compararse a ningún otro momento histórico, ya que en todas las épocas que nos precedieron, la primera obligación de un político ha sido la de procurar el progreso de su nación y el bienestar de sus habitantes, tratando de conseguir avances significativos para mejorar las condiciones de vida de la gente y estableciendo las bases necesarias para aspirar a un futuro prometedor.
Nunca antes habíamos vivido un retroceso tan atroz, ni en lo político ni en lo social, como el que nos ha traído la legislatura de Rajoy, con su Reforma Laboral y sus recortes, porque aunque es cierto que el comienzo de la crisis ya preludiaba una época de ciertas carencias, jamás nos hubiéramos atrevido siquiera a imaginar que, además, nos iban a ser arrebatados uno a uno todos nuestros derechos, con la única intención de satisfacer la desmedida avaricia de los poderosos y haciéndonos regresar a una situación de miseria, que podría ser comparada a la de la postguerra, hambre incluída, aunque parezca incierto.
El fantasma del desempleo, que se ha multiplicado aún más con la aprobación de una Reforma Laboral que abre las puertas del despido libre, se cierne con toda su crudeza sobre las familias españolas y se ceba especialmente con nuestros jóvenes, a los que se les ha arrebatado sin contemplaciones cualquier atisbo de esperanza en el futuro y que no ven otra salida que la de emigrar, para que sean reconocidos, en otra parte, lo valioso de sus conocimientos.
La privatización encubierta de la sanidad y la educación públicas son así mismo una realidad latente, que vuelve a colocar únicamente en manos de los ricos la posibilidad de sanar y de formarse, dejando al resto de los ciudadanos en una indefensión absoluta ante la enfermedad y sin opciones para poder acceder a la Universidad, teniendo en cuenta el panorama laboral que nos circunda y la enorme bajada de poder adquisitivo que sufrimos, a causa de las medidas salariales vitoreadas por nuestro gobierno.
Nos han subido los impuestos, bajado los sueldos, incumplido el contrato que el estado firmó con sus funcionarios al retirarles la paga extra de Navidad, congelado las pensiones, retirado las ayudas sociales que se empleaban en leyes como la de la dependencia o el maltrato doméstico, elevado el precio de la electricidad, el gas, el transporte y de todos los artículos gravados con el famoso IVA, incluidos los de alimentación, aunque quieran hacernos creer que se puede vivir a pan y leche, como en el tiempo de nuestros abuelos.
Nos han puesto en la calle, desahuciados, al no poder hacer frente a las hipotecas millonarias que nos concedieron tan alegremente los bancos en los años de bonanza, sin tener en cuenta que cuando se pierde el trabajo, el impago no es un capricho, sino una consecuencia directa de la imposibilidad de obtener ingresos.
Nos han ninguneado, desoído nuestras protestas y señalado como auténticos delincuentes, persiguiéndonos y reprimiéndonos con inusitada dureza, por el mero hecho de disentir, como si de nuevo se hubiera instalado entre nosotros la dictadura y las leyes de la democracia hubieran desaparecido por la misma alcantarilla en la que se perdió el honor y la honestidad de los que nos embaucaron con promesas electorales que nunca cumplieron.
La justicia, ha perdido toda su credibilidad al permitir la impunidad de cientos de imputados en delitos de corrupción, acribillando a los humildes con sentencias de desahucio y colaborando estrechamente con el poder político, ayudándolo a poner en circulación leyes absolutamente lesivas con los derechos de los trabajadores, olvidando en todo momento la neutralidad que debe presidir el sistema judicial y la obligatoriedad de defender la verdad, en todos los casos, provengan de donde provengan.
Y aún se permiten los populares la licencia de desaconsejar la convocatoria de huelga, alegando que este no es el momento más oportuno y que lo mejor que podríamos hacer es ponernos a trabajar, remando en la misma dirección que ellos, para salir lo más pronto posible de la crisis.
Pues bien, eso quisiéramos nosotros. Levantarnos mañana y tener la seguridad de que volveremos a casa con un contrato de trabajo, con el que solventar con dignidad todos nuestros problemas. Eso quisieran nuestros jóvenes y los padres de nuestros jóvenes, nuestras mujeres, nuestros estudiantes y los seis millones de personas que se han quedado sin empleo, gracias a la “buena” gestión de quienes nos gobiernan y que, con toda probabilidad, ni siquiera se hubieran planteado esta huelga, si albergaran una sola esperanza.
Esto, sin olvidar que la Huelga es un derecho que nos asiste y la única salida que se nos deja para manifestar nuestro descontento con la política de agresividad que se está llevando a cabo en nuestra contra y una manera de hacer ver a los que detentan el poder, que su sustento depende directamente de nuestros votos.
Parece increíble que haya que recordarles con tanta frecuencia que su deber está en obedecer, a rajatabla, las decisiones de su pueblo, este mismo al que han dado mil razones para detener el país dejando caer los brazos mañana y cuántas veces sean necesarias en el futuro y que ya no tiene nada más que perder.

No hay comentarios:
Publicar un comentario