domingo, 24 de junio de 2012

Una nueva "conspiración"


Si Aznar hubiera oído el clamor popular que se manifestaba en las calles en contra de la guerra de Irak y no hubiera mentido sobre la autoría de los atentados de Madrid, sin duda nunca habría perdido las elecciones de 2004.

Pero prefirió formar parte de las fotos de las Azores, e inventar oscuras conspiraciones en contra de su faraónica figura, prestando una inusitada atención a los vientos bélicos que llegaban de Washington y creyendo en armas de destrucción masiva que nunca existieron, sin atender la voz popular que se declaraba abiertamente en contra de su postura y que ya temía una reacción islamista de nefastos resultados.

Rajoy no parece haber aprendido nada de aquella experiencia y sigue permitiendo que su partido vuelva a ampararse en la teoría del complot, cada vez que un suceso salpica de manera deshonrosa a alguno de sus correligionarios, a la vez que recae en el gravísimo error de ignorar la disconformidad popular con sus medidas, ocultándose en la penumbra de la ausencia, como si el País estuviera siendo gobernado por un personaje invisible y no mereciera siquiera la cortesía de una explicación, en asuntos de indudable trascendencia que afectan al conjunto de sus ciudadanos.

Retorna la idea de una maquiavélica maniobra en el caso Dívar, apoyada en su totalidad por toda la prensa afín al Partido Conservador, que exige ahora un trato igualitario que nadie niega, para los demás miembros del CGPJ, entre los que-dicen- es habitual generar esta serie de gastos a cargo del Estado, sin que hasta ahora se haya dado en investigar en qué invierten sus señorías lo que se les asigna por ley, tal y como se ha hecho con el Juez dimisionario.

Pero ni hoy ni entonces ha podido probarse la maquinación adjudicándola a persona o personas que hubieran incurrido en este delito y los rumores de su existencia no han sido ni son mas que una forma de tapar el verdadero meollo de la cuestión que se trata, intentando que no salpique de lleno, con su verdad, a la formación que gobierna sin querer admitir una sola mancha en su más que cuestionable trayectoria.

Porque aunque la anestesia futbolera se está encargando de minimizar los auténticos y graves problemas que atañen al pueblo español, nunca viene mal aderezar lo que sucede con intrigas dignas de ser investigadas por el CSI, sugiriendo sin nombrar a nadie, la participación del principal partido de la oposición en los hechos, en este caso como venganza por la insidia cometida contra Garzón, aunque olvidando que el malogrado juez, tampoco debe ser santo de la devoción de los socialistas, ya que destapó el caso Gal y llevó a prisión a Vera y al entonces Ministro, Barrionuevo.

Y el Presidente mientras, anulando la celebración del Debate del Estado de la Nación, premiando la ineficacia de la Banca con un rescate que para sí quisieran todos los dueños de los negocios que han fracasado a consecuencia de la crisis, viajando a Polonia para apoyar a la selección española, y negando la indignación de los trabajadores con la Reforma Laboral que ha implantado, en acto de sumisión total a las directrices que se le envían desde una Europa, inflexible con cualquier opinión que contradiga su feroz neo capitalista.

Si la invención y la manipulación fueran constitutivas de delito, podría decirse sin temor a error, que el Partido Popular encabezaría la lista de los imputados por esa causa y sin embargo, tampoco tiene la valentía de demostrar un apoyo feroz a quienes desde sus filas se consideran inocentes y han cobrado afición a abandonar a los pies de los caballos a todo aquel que por el motivo que fuere, pudiera manchar de algún modo el mito inexistente de la transparencia que tratan de inculcar a unos españoles más cultos de lo que ellos se piensan.

Si el señor Dívar debe agradecer a alguien que se haya forzado su dimisión, ha de ser desde luego, a sus compañeros de pensamiento, que no atreviéndose a que fuera admitida la querella contra él, dándole así la oportunidad de probar su inocencia, han permitido impertérritos que salga por la puerta de atrás, con un halo de culpabilidad que le acompañará de por vida.

Ahora, durante algún tiempo, tendremos que oír a los enfáticos tertulianos afines al PP, barajar la nueva conspiración y pedir reiterativamente que se escarbe en los gastos de quien denunció al Juez, mirando con lupa sus actividades rutinarias.

Para ellos, parece, ha perdido totalmente su importancia la situación económica del país y quién tendrá que hacerse cargo, en la medida en que se le imponga, de la devolución de un rescate que, en `principio, debiera ser asumido únicamente por la banca.

Pero el señor Rajoy, no sólo debiera escuchar a los que le bailan el agua, otorgándole una razón que no tiene, en su manera de afrontar el gobierno de este País.

Un buen gobernante, si es que aún quedan, se debe fundamentalmente, a lo que dicta la opinión de su pueblo. Sólo le bastaría mirar atrás para entenderlo, como probablemente comprobó en carne propia Aznar, sin que haya podido olvidarlo nunca desde entonces.











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