lunes, 11 de junio de 2012

Un rescate alevoso


Amparado en la inercia del fin de semana, el Partido Popular solicita el siempre negado rescate y lo anuncia al pueblo español, a través del Ministro de Guindos, como si la noticia no tuviera importancia suficiente para merecer la comparecencia del Presidente del Gobierno.

Visiblemente nervioso, el ministro trata de convencer de la necesidad de la intervención y la maquilla tratando de ocultar su verdadero significado, en un intento a la desesperada por evitar un estallido social, que sin duda acabará por producirse, en cuanto empiecen los recortes que conlleva esta operación de usura, cuyo costo acabaremos pagando, de un modo u otro, los sufridos ciudadanos de este País.

La precipitación de la operación era imprescindible para evitar que las elecciones griegas ofrezcan un resultado que pudiera sacar a la nación helena del redil de la moneda única, haciendo imposible cobrar la deuda contraída con Europa y que podría arrastrar con su estela, a otros vecinos como Irlanda o Portugal, levantando un maremoto nada deseable para los intereses de los socios capitalistas, como Alemania.

Recluido en una vergonzosa cobardía, Rajoy no se atreve a decir a los españoles que ha fracasado su proyecto y prefiere marcharse al campeonato europeo de fútbol, demostrando un absoluto desprecio hacia sus conciudadanos, que no podrán perdonarle la irresponsabilidad de no hacer frente a la verdad, reconociendo que le ha resultado imposible cumplir sus promesas electorales de sacarnos de la crisis.

Los españoles pudieron oír claramente, de boca De De Guindos, que el costo del rescate habrá de ser enteramente asumido por la banca y que en ningún caso, afectará la economía de los ciudadanos, aunque sobran razones y memoria para pensar que esta afirmación probablemente será, a todas luces, incierta.

La reacción de los mercados, en contra de lo que esperaban los “brillantes economistas” que manejan nuestros destinos, no ha podido ser peor, por lo que ya podría deducirse, que tampoco esta operación de venta del territorio patrio, solucionará los auténticos problemas que nos afligen y que sólo habrá servido a los intereses de los que manejan los grandes capitales, para aumentar su enriquecimiento.

En cuanto pasen las elecciones griegas, seguro, se pondrá en marcha la maquinaria que empezará a exigir a los españoles su contribución a este rescate y la experiencia nos dice que Europa será inflexible, en exigir el estricto cumplimiento de nuevos recortes que acabarán por romper las pocas esperanzas que nos quedaban para soñar con un futuro mejor.

Este Partido Popular, que durante años se ha quejado de la fragmentación del País, cuando Cataluña o Euskadi reclamaban mayor autonomía, pone en venta de una manera despiadada el conjunto de la nación, dejando en manos desconocidas su destino y lavándose las manos por la operación, como si su gestión no nos hubiera traído hasta aquí y el dinero obtenido a través del rescate no fuera a ser empleado, exclusivamente, en sanear a la Banca.

Habrá que aclarar que los cien mil millones que se nos prestan no ayudarán, en modo alguno, a la creación de puestos de trabajo, o a cualquier otra necesidad que saque de la ruina a uno solo de los españoles. Es más, la deuda contraída por las entidades bancarias será, finalmente pagada, con el sudor de nuestro pueblo y el sufrimiento de los que vemos como se nos lleva directamente a la esclavitud laboral, al son de una marcha macabra tocada por la mano de los usureros del siglo XXL.

El terror que produce pararse a pensar en las consecuencias que traerá este alevoso rescate para cada uno de nosotros, nos priva aún de conocer la autentica magnitud de lo que podría suceder en los próximos meses, pero tenemos claro que nuestra contestación habrá de ser de una contundencia, acorde con lo que requiere esta maniobra de traición, organizada por los que se decían patriotas y amigos del pueblo.











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