jueves, 7 de junio de 2012

Reductos de fascismo

A todos nos sorprendió la noticia de que en las pasadas elecciones griegas, el grupo neo-nazi Amanecer Dorado obtuviera un elevado número de votos.
A estas alturas del siglo XXI parece incomprensible que aún esté permitida la legalización de formaciones de estas características y que el ejemplo de lo que pasó en Europa, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, no haya sepultado para siempre cualquier indicio que pudiera llevar al renacimiento de ideologías que provocaron la muerte y el martirio a varios millones de personas.
Sin embargo, la actual situación del país heleno, ya lo decíamos, supone un caldo de cultivo perfecto para la aparición de estos reductos fascistas, que apoyados en su creencia de poseer ciertas dotes de iluminación, arrastran a los incautos hasta sus filas, prometiendo la pronta solución a los problemas existentes, sin explicar qué tipo de métodos se habrían de utilizar para conseguirlo.
Ya tuvimos la oportunidad de ver a través de la televisión, cómo un grupo de militantes increpaban a los periodistas, en una rueda de prensa, para que se pusieran de pie mientras su líder hacía su entrada triunfal en la sala, y pudimos darnos cuenta de qué tipo de personal componía este grupúsculo pseudos político y el grado de agresividad que eran capaces de demostrar, por una simple cuestión de protocolo.
Hoy las cosas han llegado a mayores. Durante un debate televisado, el portavoz de Amanecer Dorado, Ilias Kasidiaris, ha agredido a dos diputadas comunistas, propinando en directo a una de ellas una serie de puñetazos, ante el asombro mayúsculo de los otros tertulianos, que no pudieron hacer nana para evitar el ataque, a juzgar por la rapidez con que se produjeron los hechos.
La diputada en cuestión, acababa de reprochar a Kasidiaris otro episodio de violencia, protagonizado por él en 2007, y por el que está a punto de ser juzgado, provocando una reacción inmediata del agresor, que primero le arrojó un vaso de agua y después pasó directamente a la acción que ha dado la vuelta al mundo, a través de los medios audiovisuales.
Los comunistas son, para el partido en el que milita Kasidiaris, enemigos a batir, al igual que inmigrantes y personas de color, y en su programa electoral se proponen medidas como la electrificación de alambradas en las fronteras, para impedir el paso de extranjeros, a lo que ellos consideran “su patria”.
Al no hallarse en condición de aforado, por haber sido disuelto el Parlamento, inmediatamente se ha cursado contra este individuo una orden de detención, aunque fuentes periodísticas griegas aseguran que huyó del lugar de los hechos, en el mismo momento en que terminó de atacar a las dos diputadas, sin que se haya dado con su paradero hasta ahora.
Se podría decir que lo ocurrido hoy era de esperar y que el acto pudiera ser el primero de los que pudieran venir, si se sigue permitiendo la existencia de este tipo de formaciones políticas en un país democrático y no se recurre directamente a una ilegalización fulminante, evitando así la aparición de focos de mayor violencia, dadas las características demostradas por los militantes de este partido de corte fascista.
Los periodistas extranjeros en Grecia, ya habían denunciado las múltiples amenazas vertidas sobre ellos desde las tribunas de Amanecer Dorado y se habían hecho eco de la virulencia de la doctrina que defienden los correligionarios de Kasidiaris, avisando de que si su popularidad seguía en ascenso, podrían terminar constituyendo un núcleo neo nazi, que podría constituir un auténtico peligro, en el mismo seno de la Comunidad Europea.
Que esto lo siga tolerando, precisamente, el país que ha sido considerado como la cuna de la Democracia, no deja de ser al menos, esperpéntico, y dice mucho de cómo podrían ir degenerando las cosas, si se mantiene la angustiosa situación que soportamos, a causa de la economía.
Cansados de los desmanes de sus representantes políticos, los más incautos podrían volver a caer en los delirios colectivos que ya sufrieron los alemanes e italianos de los años treinta y volver a creer en la iluminación de cualquier líder que les prometa sacarles de la miseria que les ha traído la segunda década de este siglo.
El resto de la historia, ya la conocemos, y sólo esperamos, por nuestro bien, que jamás se repita.


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