miércoles, 20 de junio de 2012

La lucha de los mineros


Tradicionalmente, el sector de la minería ha solido encontrarse a la cabeza de muchos de los logros sociales y laborales conseguidos en los últimos siglos.

Con frecuencia se asocia a los mineros con una clase de hombres curtidos en las profundidades de la tierra, a los que difícilmente se puede manipular cuando se deciden a emprender una lucha por sus reivindicaciones y capaces de mantener, siempre que ha sido necesario, periodos de huelga generalmente largos, apoyados por la solidez de unos sindicatos insobornables y la solidaridad de unas familias dispuestas a secundar sus reivindicaciones, sin rendirse jamás.

Desde Europa, se contempla actualmente la minería como una fuente de energía decididamente obsoleta y en los últimos tiempos, se han ido cerrando pozos con cierta periodicidad, lo que hace temer por la continuidad de un sector, claramente derrotado por las nuevas formas renovables, tan en auge entre cualquier gobierno moderno que se precie.

Pero los trabajadores que ven amenazados sus puestos no parecen estar de acuerdo con las previsiones que se hacen para su futuro y están dispuestos a luchar contra la injusticia que supondría la desaparición de un oficio con larga tradición en nuestro país y han empezado a demostrar de manera unitaria, su disconformidad con las normas dictadas desde los sectores comunitarios de la economía.

Puede que el Gobierno Rajoy crea que su simple poder de seducción bastará para convencer a los mineros de que retornen a sus casas, conformándose con las medidas que para ellos se preparan, pero bastaría con echar la vista atrás para comprender que dada su trayectoria, nada de eso sucederá e incluso pudiera contagiarse su actitud beligerante a otros sectores, igualmente quemados por los efectos que esta crisis está provocando en las relaciones laborales en España.

Incluso en la época franquista, en que cualquier manifestación de cualquier tipo era constitutiva de delito, los mineros de las cuencas españolas siempre se caracterizaron `por la valentía de enfrentarse a la represión sin temer las consecuencias y de mantenerse en su postura si alguno de sus compañeros era despedido, hasta conseguir su readmisión o su liberación, en el caso de que hubieran sido detenidos,

Admirados desde otros sectores por su arrojo, los mineros vuelven a combatir por sus derechos, otra vez a la vanguardia de todos los trabajadores del país, poniendo en práctica acciones continuadas en contra de la reforma general y muy particularmente, de las medidas que afectan a su sector, anunciando su intención de no dar un paso atrás en su lucha.

Aplaudidos en silencio por todos aquellos que no se atreven aún a seguir su ejemplo, su planificación de la protesta no tiene fecha de caducidad y ya se prevén encierros y huelgas generales hasta que no se clarifique su situación, sin resignarse a formar parte en un futuro, de las largas listas de desempleados que ya son el azote de esta nación.

Su temple y su sentido de la justicia, que tanto difiere de manera de hacer de la clase política que nos gobierna, merece pues toda la solidaridad y el apoyo que sus conciudadanos podamos darles. La dura batalla que tienen por delante podría, de ganarse, marcar un punto de inflexión en todas aquellas que pudieran ser emprendidas en otros sectores y su triunfo sería además, una manera clara y contundente de hacer ver el descontento general que existe con estas reformas y recortes impuestos, por decreto, a instancias de una Europa que no cesa de hacer injerencias en asuntos que atañen a nuestro país.

La seriedad de su protesta, sin bombos, platillos ni cantinelas de comparsa, sobrecoge especialmente las conciencias de la gente de bien, que estamos y estaremos, siempre, de su parte.







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