miércoles, 6 de junio de 2012

El peor de los momentos

Mientras el Gobierno de Mariano Rajoy, trata desesperadamente de mantener una tensa calma en el país, negando una y otra vez que nos encontramos al mismo borde del rescate, la ciudadanía, consciente de que todas las medidas tomadas por los populares desde que asumieron el poder no han servido absolutamente para nada, se pregunta una y otra vez en manos de quién se encuentra realmente el país y qué clase de futuro nos aguarda, si finalmente caemos en las garras de los prestamistas del siglo XXI.
La crisis de Bankia, aún sin aclarar, parece haber sido el detonante de la vertiginosa caída que dispara nuestra prima de riesgo incontroladamente y el recelo de Europa, a que existan más tramas ocultas de la índole de la situada en la Comunidad de Madrid, se niega en redondo a prestar ayuda para canalizar la situación, capitaneada por la mano férrea de Ángela Merkel, que no está dispuesta a arriesgar un solo euro alemán, en favor de una nación sembrada de casos de corrupción que no se tiene el valor de atajar, y cuyo origen siempre se desconoce.
En principio, se pone la excusa de tener que esperar el resultado de la investigación que sobre Bankia está llevando a cabo una comisión europea, pero esta forma de prolongar la agónica situación de desgobierno en que nos vemos envueltos, no es más que una manera de abandonar a su suerte al ejecutivo español, del que quizá se esperaba mucha más limpieza de la que finalmente se ha conseguido, allende nuestras fronteras.
La desesperación queda perfectamente reflejada en la cara de los ministros, que ya ni siquiera pueden disimular la angustia de haber fracasado estrepitosamente en su gestión económica, a pesar de haber creído y prometido que en sus manos estaba la solución de esta crisis, mientras se deshacían en críticas feroces hacia el gabinete antecesor, durante la campaña electoral de triunfalismo que protagonizaron sólo unos meses atrás.
Pero ni Zapatero ni su gobierno estaban directamente relacionados con Bankia, ni su cabeza visible, Rodrigo Rato, provenía de las filas socialistas, ni esta peligrosa situación llegó durante la legislatura anterior, sino en ésta.
El abrumador fracaso de la política económica ahora es pues, responsabilidad única del PP y es al PP, al que los socios europeos reclaman mayor veracidad, mientras le cierran sonoramente la puerta en las narices.
Es verdad que el Gobierno Zapatero abrió, durante los últimos tiempos de su mandato, puertas peligrosas, rebajando el salario de los funcionarios o subiendo la edad de jubilación hasta los 67 años, pero la subida del IRPF, loa recortes en Sanidad y Educación, la Ley de Reforma Laboral que permite el despido libre, La Amnistía fiscal para los evasores de impuestos, el aumento en las tasas de matrícula en las Universidades y la permisividad con los implicados en delitos de índole económica, son fruto directo de la gestión de Rajoy…y han empeorado las perspectivas, en vez de mejorarlas.
Los sacrificios exigidos a los españoles, que han pasado de vivir en un estado de franco bienestar, a la incertidumbre cotidiana de andar sobre una cuerda cada vez más floja, que acabará por ceder precipitándolos a un abismo sin retorno, no han sido, para nada, tenidos en cuenta por los poderosos de la Comunidad, que sólo hablan de macroeconomía, sin que les interese en modo alguno aquello que atañe a las personas.
Rajoy ha querido jugar a ser parte del grupo que lidera los destinos de Europa, imaginando unas posibilidades por encima de la realidad y de ahí que su fracaso haya llegado tan rápidamente, al no estar a la altura de las exigencias que piden los que otorgan las invitaciones a esta fiesta.
Acostumbrado a poner en práctica la estrategia de disfrazar la verdad y a que sus adversarios políticos en España hayan permitido a su partido insinuaciones insidiosas sin responder con contundencia, ha querido llegar a las reuniones comunitarias con el ocultismo por bandera, pero no todo el mundo está por consentir determinadas operaciones de despiste.
Su amigo Rato, que fue su rival para ocupar el trono de la sucesión de Aznar, será al final, con toda probabilidad quien le regale el mayor de sus fracasos y su desmedido afán por proteger a los implicados en el caso Bankia, le lleva ahora directamente, a una caída en picado ante los ojos de sus compatriotas, de la que quizá no pueda resurgir jamás.
Ni siquiera le vale ya la utilización de la imagen del Rey, que pide solidaridad desde Hispanoamérica, pretendiendo quizá que los españoles ya han olvidado la poca que él demostró con el affaire de su safari de lujo. También la monarquía pagará su precio, como es de justicia, en esta interminable crisis.
De poco vale subirse ahora al carro del francés Hollande y reclamar con él los eurobonos que le salven el pellejo. No se puede lanzar opiniones en contra de la gente, para suplicar, unas semanas después, que le hagan sitio en su proyecto.
España no ha hecho nada para merecer la incompetencia de sus dirigentes y desde luego, prefiere olvidar el proyecto europeo que ser vendida a usureros que la exploten, despreciando a todos aquellos que la habitamos.






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