De todas las noticias sobre las que me he decidido a escribir en los dos últimos años, pudiera ser ésta una de las más interesantes y felices, porque irrumpiendo en un mundo en crisis trae una esperanza a la humanidad, de la mano de un niño de sólo quince años.
El joven en cuestión se llama Jack Andraka y acaba de obtener el primer premio del concurso ISEF, el más importante del mundo para estudiantes de Instituto, con un trabajo sobre la detección precoz del cáncer de páncreas, que abarata veintiocho veces los costos establecidos hasta ahora para este tipo de estudios y concede una fiabilidad del cien por cien a los resultados obtenidos.
El método creado por esta promesa en ciernes de la medicina, consiste en un simple análisis de sangre y orina, sin ninguna agresividad para unos pacientes, que al no presentar síntomas, casi siempre llegaban demasiado tarde a los tratamientos, padeciendo una altísima tasa de mortalidad, que convertía este tipo de cáncer prácticamente en incurable.
Parece increíble que esta noticia no ocupe las portadas de la prensa oficial, que prefieren seguir en la línea de las informaciones económicas, como si la importancia real de este descubrimiento no fuera excesivamente relevante, a pesar de la edad que tiene su protagonista, y la esperanza que supone para la humanidad su hallazgo.
Sí han puesto sus ojos en él las más importantes empresas farmacéuticas, con las que ya ha empezado a colaborar es serio, y probablemente todas las Universidades Norteamericanas, que a partir de ahora, harán lo posible por arrastrarlo hasta sus aulas.
Apoyado en una experiencia personal, Andraka, que perdió a un tío a causa de este tipo de cáncer, ha puesto una pica en la investigación mundial y probablemente, esto no sea más que el comienzo de una fructífera carrera, en cuanto tenga a su alcance los medios necesarios para llevar a cabo nuevas investigaciones, contando como cuenta, con un talento natural para la ciencia, como avala la concesión de un premio de tanto prestigio.
En medio del pesimismo con el que nos vemos obligados a convivir en los tiempos que corren, la aventura exitosa de este joven, consigue emocionarnos y recordarnos, que no todos los seres humanos inteligentes contemplan como única salida en sus vidas el campo de la Economía y que, afortunadamente aún quedan personas sensiblemente preocupadas por dar un futuro más fácil a los habitantes del planeta.
Que la iniciativa salga de un adolescente, inmerso en todas las dificultades que conlleva esa edad, convierte esta espléndida noticia en algo que no por inaudito, resulta menos impresionante y conduce nuestra mirada hacia otros frentes distintos a los acostumbrados, permitiéndonos, al menos hoy, ser un poco más felices de lo que nuestra propia realidad podría permitirnos.
Estas son las iniciativas que deben apoyarse desde los gobiernos, imposibles de lograr, desde luego, estableciendo recortes brutales en educación e investigación, como preconiza el PP, que decide sobre el futuro de nuestros jóvenes.
Sería una auténtica pena, que en casos como éstos, los talentos se condenaran al ostracismo por cuestiones de dinero y que nuestros estudiantes ni siquiera tuvieran la oportunidad de probar si poseían o no valía suficiente para optar a concursos de este tipo.
Habría que recordar, que la inteligencia no es necesariamente un privilegio de las clases altas y que vetando el acceso a las Universidades de los económicamente débiles, se están desperdiciando impunemente todas las aportaciones que a la Ciencia y la Cultura pudieran hacer los que, a partir de ahora, no puedan afrontar el costo de las matrículas.
Enhorabuena a Jack Andraka, desde luego. Le seguiremos de cerca, a ver cómo evoluciona en el interesantísimo futuro que le aguarda.
El joven en cuestión se llama Jack Andraka y acaba de obtener el primer premio del concurso ISEF, el más importante del mundo para estudiantes de Instituto, con un trabajo sobre la detección precoz del cáncer de páncreas, que abarata veintiocho veces los costos establecidos hasta ahora para este tipo de estudios y concede una fiabilidad del cien por cien a los resultados obtenidos.
El método creado por esta promesa en ciernes de la medicina, consiste en un simple análisis de sangre y orina, sin ninguna agresividad para unos pacientes, que al no presentar síntomas, casi siempre llegaban demasiado tarde a los tratamientos, padeciendo una altísima tasa de mortalidad, que convertía este tipo de cáncer prácticamente en incurable.
Parece increíble que esta noticia no ocupe las portadas de la prensa oficial, que prefieren seguir en la línea de las informaciones económicas, como si la importancia real de este descubrimiento no fuera excesivamente relevante, a pesar de la edad que tiene su protagonista, y la esperanza que supone para la humanidad su hallazgo.
Sí han puesto sus ojos en él las más importantes empresas farmacéuticas, con las que ya ha empezado a colaborar es serio, y probablemente todas las Universidades Norteamericanas, que a partir de ahora, harán lo posible por arrastrarlo hasta sus aulas.
Apoyado en una experiencia personal, Andraka, que perdió a un tío a causa de este tipo de cáncer, ha puesto una pica en la investigación mundial y probablemente, esto no sea más que el comienzo de una fructífera carrera, en cuanto tenga a su alcance los medios necesarios para llevar a cabo nuevas investigaciones, contando como cuenta, con un talento natural para la ciencia, como avala la concesión de un premio de tanto prestigio.
En medio del pesimismo con el que nos vemos obligados a convivir en los tiempos que corren, la aventura exitosa de este joven, consigue emocionarnos y recordarnos, que no todos los seres humanos inteligentes contemplan como única salida en sus vidas el campo de la Economía y que, afortunadamente aún quedan personas sensiblemente preocupadas por dar un futuro más fácil a los habitantes del planeta.
Que la iniciativa salga de un adolescente, inmerso en todas las dificultades que conlleva esa edad, convierte esta espléndida noticia en algo que no por inaudito, resulta menos impresionante y conduce nuestra mirada hacia otros frentes distintos a los acostumbrados, permitiéndonos, al menos hoy, ser un poco más felices de lo que nuestra propia realidad podría permitirnos.
Estas son las iniciativas que deben apoyarse desde los gobiernos, imposibles de lograr, desde luego, estableciendo recortes brutales en educación e investigación, como preconiza el PP, que decide sobre el futuro de nuestros jóvenes.
Sería una auténtica pena, que en casos como éstos, los talentos se condenaran al ostracismo por cuestiones de dinero y que nuestros estudiantes ni siquiera tuvieran la oportunidad de probar si poseían o no valía suficiente para optar a concursos de este tipo.
Habría que recordar, que la inteligencia no es necesariamente un privilegio de las clases altas y que vetando el acceso a las Universidades de los económicamente débiles, se están desperdiciando impunemente todas las aportaciones que a la Ciencia y la Cultura pudieran hacer los que, a partir de ahora, no puedan afrontar el costo de las matrículas.
Enhorabuena a Jack Andraka, desde luego. Le seguiremos de cerca, a ver cómo evoluciona en el interesantísimo futuro que le aguarda.

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