A Esperanza Aguirre se le empiezan a reflejar en las pupilas las eses del dinero y hace el cuento de la lechera con la idea de ganar la batalla a sus odiados catalanes, consiguiendo que el Complejo Las Vegas se ubique en el Madrid que dirige con mano de hierro y se ofrece amablemente a derogar la Ley del Tabaco, para todos aquellos que se decidan a visitarlo, como si la salud de los jugadores tuviera, en realidad, menos importancia que la del resto de los sufridos mortales.
Acude solícita en su ayuda la Señora Botella, reclamando un lugar para los apestados fumadores en los sitios de ocio, intentando demostrar que la severidad de la ley, tal vez, estaba pasada de rosca, ahora que nos habíamos acostumbrado a los rigores del invierno en las esquinas de los bares y restaurantes.
En vista de lo que está sucediendo con la sanidad y con esto de que habremos de pagar el precio completo de los medicamentos que veníamos utilizando de toda la vida, bien es verdad que poco importa si unos cuantos pobres más se mueren a consecuencia de los cigarrillos, o si los empleados de la hostelería vuelven a convertirse en fumadores pasivos, con tal de que algún que otro negocio levante el vuelo, y produzca jugosos ingresos en las arcas municipales, tan mermadas por la mala gestión de Presidenta y Alcaldesa.
Antes, nadie hizo caso a que los fumadores nos sintiéramos especialmente perseguidos, ni a que mientras se discutía la Ley reclamáramos el derecho de que existieran lugares en los que seguir practicando nuestro espantosos vicio, ni se oyeron las justas reclamaciones de los dueños de negocios hosteleros que habían invertido sólo dos años atrás, en acondicionar sus locales, dividiéndolos en parcelas en las que cupiera todo el mundo.
Poco se hablaba entonces de la hipocresía que representa que sea el estado quién fabrique el veneno que se nos prohíbe consumir para nuestro bienestar y que encima lo grave con jugosos impuestos que revierten directamente en la Hacienda Pública, sometiendo el producto a escandalosas subidas cada vez que se necesita dinero, y sin tener que dar explicaciones de los abusos que con nosotros se comete.
Ha bastado con que aparezca este moderno Mr. Marshall, con los bolsillos bien repletos de dólares, euros o quién sabe qué tipo de divisas, para que de repente, la fastidiosa Ley del Tabaco pueda modificarse y hasta puede que se nos vuelva a permitir el placer del cigarrillo, después de una buena comida en cualquier restaurante.
Artur Mas, que de momento no se ha pronunciado sobre el asunto, no tardará tampoco mucho en transigir con las exigencias del americano, ya que si no lo hace, perdería toda posibilidad de llevarse el gato al agua en tan jugoso negocio y la oportunidad de dar a su enemiga Aguirre una lección de catalanidad, de esas que no se olvidan en toda una vida.
De todos modos, los españoles, fumadores o no, nos hemos convertido en meros instrumentos en manos de esta clase política, a la que lo único que verdaderamente le importan son las cifras que se generen para su propio bienestar.
Aún nos queda por ver a Aguirre, Botella y Más, esperando al benefactor de las apuestas con un puro en la boca cada uno. Para entonces, hasta puede que les parezca que la situación de Cuba no era tan mala como se han encargado de publicar, por activa y por pasiva, desde hace tantos años. Cosas más raras se han visto.

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