Empieza Junio con una bajada del paro, probablemente protagonizada por el sector de la Hostelería, y los populares echan las campanas al vuelo presumiendo de su gestión, como si treinta mil desempleados menos, eventualmente, significara una solución frente a los casi seis millones de personas que continúan buscando ocupación frente a las oficinas del INEM.
Habría que recordarles, para frenar su pretendida euforia, que durante el último año las cifras reales de paro se han incrementado en 500.000 almas, y que la subida de ahora es, con todo, mucho menor que en otros años, cuando llegaba el momento de contratar camareros que atendieran hoteles y terrazas, de cara al verano.
Al mismo tiempo se publica en el Boletín Oficial del Estado el Decreto de Amnistía Fiscal, que permite a los delincuentes que sacaron capitales fuera del país, volver a traerlos conservando su anonimato, en una forma de blanqueo legal que pretende recaudar para las arcas del Estado 2.500 millones de euros, sin que se nos haya dicho en ningún momento en cuánto se estima el montante real de lo que se considera evadido y que será, indiscutiblemente, infinitamente mayor que esta menudencia, a niveles de macroeconomía, por supuesto.
Durante el fin de semana nos llega la noticia, a través de varios periódicos alemanes, de que su ministro de economía ha dado en recomendar al gobierno de Rajoy que acuda al rescate, ante la imposibilidad que tiene de manejar esta crisis de manera autóctona, aunque desde el PP se niega la recomendación, e incluso se considera la información una ofensa imperdonable, sin que probablemente nunca lleguemos a saber si se produjo o no, como la prensa teutona refiere.
También hemos tenido celebración del Día de las Fuerzas Armadas, un nuevo gasto a sumar en nuestros muy perjudicados presupuestos, que bien podía haberse ahorrado, dado el poco interés que para los españoles tiene todo lo que tenga que ver con el ejército.
Pero había que propiciar la reaparición del Rey, tras el desafortunado incidente del Safari de lujo, e impone más a los ojos del pueblo que lo haga de uniforme y presidiendo un desfile al que acuden únicamente aquellos a los que les van las marchas marciales y no las críticas realistas contra las monarquías.
Coincidió además el evento con un Partido de la Selección Española de fútbol, propiciando que la atención del personal se centrara únicamente en el terreno deportivo, como desgraciadamente suele pasar entre nosotros, y no hubiera tiempo de recordatorios inoportunos que volvieran a poner en boca de todos los asuntos de la realeza.
Por supuesto, no hay nada nuevo que pueda aclarar el turbio asunto de Bankia, a pesar de haberse convertido en una de las historias bancarias que más indignación ha levantado entre la ciudadanía y de que sigue siendo imperdonable el modo en que se ha gestionado esta entidad, sean quienes fueren los que se encontraban detrás de ella, y el alcance político que tuvieran los nombres de dichos personajes.
A la espera de que Alemania decida qué pasará con nosotros, y si acabarán o no creándose los eurobonos que tanto parecemos necesitar, este comienzo de mes no aporta nada destacable a nuestras inciertas vidas de sufridos contribuyentes.
Estamos, ya lo sabemos, a merced de los mercados y rezando, cada cuál a los dioses en que crea, porque la situación no vaya a peor y porque a nuestros políticos no se les ocurran más ideas prodigiosas, ni alguna otra partida de la que recortar, porque esta vez si que nuestros bolsillos quedarían definitivamente vacíos.
Habría que recordarles, para frenar su pretendida euforia, que durante el último año las cifras reales de paro se han incrementado en 500.000 almas, y que la subida de ahora es, con todo, mucho menor que en otros años, cuando llegaba el momento de contratar camareros que atendieran hoteles y terrazas, de cara al verano.
Al mismo tiempo se publica en el Boletín Oficial del Estado el Decreto de Amnistía Fiscal, que permite a los delincuentes que sacaron capitales fuera del país, volver a traerlos conservando su anonimato, en una forma de blanqueo legal que pretende recaudar para las arcas del Estado 2.500 millones de euros, sin que se nos haya dicho en ningún momento en cuánto se estima el montante real de lo que se considera evadido y que será, indiscutiblemente, infinitamente mayor que esta menudencia, a niveles de macroeconomía, por supuesto.
Durante el fin de semana nos llega la noticia, a través de varios periódicos alemanes, de que su ministro de economía ha dado en recomendar al gobierno de Rajoy que acuda al rescate, ante la imposibilidad que tiene de manejar esta crisis de manera autóctona, aunque desde el PP se niega la recomendación, e incluso se considera la información una ofensa imperdonable, sin que probablemente nunca lleguemos a saber si se produjo o no, como la prensa teutona refiere.
También hemos tenido celebración del Día de las Fuerzas Armadas, un nuevo gasto a sumar en nuestros muy perjudicados presupuestos, que bien podía haberse ahorrado, dado el poco interés que para los españoles tiene todo lo que tenga que ver con el ejército.
Pero había que propiciar la reaparición del Rey, tras el desafortunado incidente del Safari de lujo, e impone más a los ojos del pueblo que lo haga de uniforme y presidiendo un desfile al que acuden únicamente aquellos a los que les van las marchas marciales y no las críticas realistas contra las monarquías.
Coincidió además el evento con un Partido de la Selección Española de fútbol, propiciando que la atención del personal se centrara únicamente en el terreno deportivo, como desgraciadamente suele pasar entre nosotros, y no hubiera tiempo de recordatorios inoportunos que volvieran a poner en boca de todos los asuntos de la realeza.
Por supuesto, no hay nada nuevo que pueda aclarar el turbio asunto de Bankia, a pesar de haberse convertido en una de las historias bancarias que más indignación ha levantado entre la ciudadanía y de que sigue siendo imperdonable el modo en que se ha gestionado esta entidad, sean quienes fueren los que se encontraban detrás de ella, y el alcance político que tuvieran los nombres de dichos personajes.
A la espera de que Alemania decida qué pasará con nosotros, y si acabarán o no creándose los eurobonos que tanto parecemos necesitar, este comienzo de mes no aporta nada destacable a nuestras inciertas vidas de sufridos contribuyentes.
Estamos, ya lo sabemos, a merced de los mercados y rezando, cada cuál a los dioses en que crea, porque la situación no vaya a peor y porque a nuestros políticos no se les ocurran más ideas prodigiosas, ni alguna otra partida de la que recortar, porque esta vez si que nuestros bolsillos quedarían definitivamente vacíos.

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