lunes, 11 de junio de 2012



El pasado Sábado, mi familia y mis amigos me organizaron una fiesta de cumpleaños que consiguió reunir en mi casa a personas muy dispares, que en algún momento, fueron y son la esencia de mi vida.

El regalo estrella fue la edición de todos los artículos contenidos en este blog durante los dos últimos años, bajo el título general de “Tiempos de contienda”.

Evidentemente, hoy no puedo dar otra noticia mejor y me limito, en el artículo que transcribo a continuación, a intentar mostrar mi agradecimiento a todos aquellos que han participado en hacer posible esta emoción tan intensa. Permítanme mis lectores la licencia de compartir con ellos mi felicidad y de olvidar, por un día, cualquier otra cosa que ocurra lejos de aquí.


El fruto de toda una vida

Buscando en el corazón, que es donde deben buscarse todo aquello por lo que merece la pena vivir, a veces encontramos tesoros que enterrados bajo la espesa arena de nuestras propias playas desiertas, aguardan ser descubiertos para estimular con su aparición, la aparente tiniebla que se nos cuela por las rendijas que nos va abriendo el disparatado discurrir de nuestra existencia.

Los ha hundido allí la rutina, la precipitación por mantener un orden que nos impone el sentido del deber, la exigencia de dirigir nuestros pasos disciplinadamente hacia horizontes que casi siempre nos son ajenos y un soplo de desconocimiento personal, que nos hace fijarnos unas metas que nos parece que no se cumplen nunca.

Los años, la erosión, la inexplicable necesidad de prever el futuro y los giros inesperados que sufren nuestros destinos, por azarosas casualidades o por errores de cálculo impertinentes, van modificando el paisaje y consiguen que cuando miramos al interior, tengamos la imagen de un espejismo irreconocible, que en nada coincide con lo que imaginamos llegar a ser.

Y de pronto, los astros se conjugan levantando un enorme viento que empieza a mover los sedimentos, organizando un maremoto de imprevisibles consecuencias y recoloca los cimientos de la inseguridad, forzando la salida de un suspiro de alivio, mientras una luz prodigiosa ilumina el oscuro camino de todos los pasos andados, descubriendo que en realidad, se han ido cumpliendo los sueños.

En medio de ese estallido de color, en cuanto se disipa la niebla, las formas humanas de los que te rodearon apenas de manera imperceptible, se hacen de pronto evidentes y sientes que no era tan grande tu soledad, ni tan vanos tus esfuerzos, ni tu amor tan poco correspondido y que la estela que fuiste dejando, desde la profunda sima de tu pequeña humanidad, fue sembrando semillas que germinaron produciendo la enorme magia de un gran momento.

A esto, que dura apenas lo que una llamarada intensa, lo llama el hombre felicidad y los que tenemos la suerte de alcanzar su volatilidad etérea, quedamos para siempre embriagados por los efluvios de su hechizo.

Se produce entonces una distorsión de la realidad, empujándote a permanecer anclado al instante que ya es recuerdo, dejándote en el alma la certeza de haber tenido, a lo largo del tiempo, alguna importancia en la vida de otros seres humanos, en la misma medida, en que ellos la tuvieron en la tuya, y la enorme satisfacción de saber que algunas cosas, como el amor y la amistad son eternas, incondicionales e indelebles, y que el mundo es en realidad, un sitio por el que pasamos, sólo para vivir estos momentos, sin que lo demás tenga importancia, ni nos corresponda a nosotros decidir qué rumbo tomar, ni a qué puerto dirigirnos.

Al final, nuestra tierra dará los frutos que plantamos con esmero, nuestro recuerdo se impregnará de los aromas que fabricamos artesanalmente y nuestro tesoro será sólo aquel que supimos guardar, sin hacer daño a otros, y sin afán desmesurado de acumular riqueza.

La enorme simpleza de nuestra pequeñez, no nos permite exigir nada más a la vida…



Gracias a todos por el choque emocional que acabo de sufrir y del que creo que tardaré en recuperarme.

A mis queridos Manuela, Noni, Emilia, Rosario, Charo, Luis y sus familias, que transforman el mundo a través de sus pinceles, dando un toque de color y alegría a la amargura y el silencio.

A Sole y Pepe, que comparten mis secretos y que están y estarán cada vez que los necesite, al otro lado de cualquier puerta.

A Luís y Angeles, a los que inmediatamente asocio con la risa, que tanto beneficio me hizo en los peores momentos.

A Josep, Maria, Noelia y su nieta Martina, que me enseñaron que la amistad no conoce distancias, fronteras, obstáculos, ni trabas y que con la fuerza de su espíritu, me ayudan a diario a ser mejor sin parecerlo.

A Marta, Jóse y Carmen, su niña, cuya compañía y apoyo han hecho posible éste y otros proyectos, por ser incondicionales y auténticos.

A Antonio, Ángeles, M.Ángeles, Juan Antonio y su pequeño Gonzalo, porque aún siendo familia, son además, amigos del alma.

A Mercedes, por la alegre frescura de su inocencia, tan necesaria para alcanzar la felicidad.

A mi tia Según, uno de los pilares de mi infancia y mi vida, por su valentía, por su entereza, por su sinceridad y su cariño, imprescindibles para mí y para los que tengo más cerca.

A M. Ángeles, Angel, Carlos y Alejandro, por demostrar que es posible renacer y ayudarme también a hacerlo.

A mis yernos Daniel y Miguel, por comprender mis errores y por trae la risa al rostro de mis hijas, un síntoma de felicidad.

A mis hijas, Patricia y Clara, por hacer que mantenga vivos el asombro, la ilusión y la curiosidad, al caminar en mi misma dirección, allanándome la dureza de los caminos.

A mi Marido, Luis, mi compañero, mi cómplice, mi amor, que es la fuerza que me mueve y la luz que me ilumina.

Y a mi nieto Hugo. El mejor regalo de toda mi vida,









1 comentario:

  1. Gracias a ti por ser el eje insustituible de nuestra familia. Te quiero.

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