A media tarde de ayer, Cristina Fernández de Kirchner marcaba un gol por sorpresa al gobierno de Mariano Rajoy, anunciando la nacionalización de las acciones que la empresa Repsol tiene en la compañía YPF y expulsando, casi al mismo tiempo, a todos los directivos de sus despachos, en un gesto sin precedentes en la historia de las relaciones comerciales hispanoamericanas.
Hace sólo unos días que el ministro de Industria José Manuel Soria había dado por cerrado este conflicto, que sonaba como inminente en los medios de comunicación argentinos, quedando a la espera de establecer negociaciones conjuntas para aclarar un posible futuro de esta compañía, que Repsol sacó de una situación ruinosa, hace unos cuantos años.
En un discurso con tintes absolutamente populistas, que incluyó un emocionado recuerdo a la memoria de su marido fallecido, la Presidenta argentina apelaba a un espíritu nacionalista y justificaba la intervención como una necesidad de autoabastecimiento energético, ahora que la compañía produce beneficios, gracias a las inversiones españolas.
El conflicto deja a Mariano Rajoy en la tesitura de necesitar ayuda internacional para la resolución de un problema, que sin duda dará una pauta a la hora de saber con qué ayudas puede contar y hasta qué punto tomarán partido a su favor sus socios europeos, ahora que verdaderamente resulta imprescindible su respaldo.
Sin embargo, la pregunta del momento es con qué remanentes piensa el gobierno argentino mantener en funcionamiento la empresa intervenida y resulta sin duda curioso, que esta intervención se produzca sólo un día después de la finalización de la Cumbre de Estados Americanos, en la que Kirchner mantuvo una reunión con Obama, sin que se produjera por parte de este último, parece, ninguna objeción a los planes puestos en práctica en la tarde de ayer.
Habría que añadir que las acciones que las empresas estadounidenses tienen en esta compañía no se ven afectadas por la intervención y que resulta más que probable que se cuente con próximas inversiones en ella, que pudieran dejar en forma velada su control, en manos de socios mucho más poderosos que los españoles.
El pulso que se crearía ahora entre los intereses de la Unión europea y los norteamericanos en el cono sur podría tomar derroteros muy distintos, según se enfrente la resolución del problema y sin entrar en el juego del patrioterismo barato, se podría decir que si la reacción de nuestros socios en Europa no es suficientemente contundente, el perjuicio causado por la intervención afectaría mayormente a los pequeños inversores españoles que pusieron sus ahorros en las acciones de esta compañía.
A la espera de la respuesta del ejecutivo español, el “tangazo” argentino ha sido descomunal y no por esperado, menos doloroso, pues es fácil privatizar una empresa deficitaria para recuperarla, años después, cuando sus compradores la han convertido en rentable y ya no representa una rémora para las arcas de un país.
Y lo peor es que el ejemplo puede cundir afectando a otras sociedades españolas establecidas en el mismo territorio, como Telefónica o MAPFRE, que deben estar temblando ante lo sucedido, pensando que mañana pudiera darse un caso similar con ellas, para perjuicio de la economía española, aquí y en el exterior.
Este suceso viene a aumentar la gruesa cartera de problemas que ya cargaba el Gobierno del Partido Popular y pone a la economía española en el punto de mira de los organismos internacionales, produciendo reacciones aún más negativas que las que ya soportábamos en los últimos meses.
Nada esperamos tampoco de parte de países como Venezuela o Bolivia, cuya opinión es siempre a favor de las nacionalizaciones de las empresas, por su demostrada ideología intervencionista.
Habrá que aguardar la reacción de los mercados en los próximos días, pero el panorama no puede ser más desolador.
Hace sólo unos días que el ministro de Industria José Manuel Soria había dado por cerrado este conflicto, que sonaba como inminente en los medios de comunicación argentinos, quedando a la espera de establecer negociaciones conjuntas para aclarar un posible futuro de esta compañía, que Repsol sacó de una situación ruinosa, hace unos cuantos años.
En un discurso con tintes absolutamente populistas, que incluyó un emocionado recuerdo a la memoria de su marido fallecido, la Presidenta argentina apelaba a un espíritu nacionalista y justificaba la intervención como una necesidad de autoabastecimiento energético, ahora que la compañía produce beneficios, gracias a las inversiones españolas.
El conflicto deja a Mariano Rajoy en la tesitura de necesitar ayuda internacional para la resolución de un problema, que sin duda dará una pauta a la hora de saber con qué ayudas puede contar y hasta qué punto tomarán partido a su favor sus socios europeos, ahora que verdaderamente resulta imprescindible su respaldo.
Sin embargo, la pregunta del momento es con qué remanentes piensa el gobierno argentino mantener en funcionamiento la empresa intervenida y resulta sin duda curioso, que esta intervención se produzca sólo un día después de la finalización de la Cumbre de Estados Americanos, en la que Kirchner mantuvo una reunión con Obama, sin que se produjera por parte de este último, parece, ninguna objeción a los planes puestos en práctica en la tarde de ayer.
Habría que añadir que las acciones que las empresas estadounidenses tienen en esta compañía no se ven afectadas por la intervención y que resulta más que probable que se cuente con próximas inversiones en ella, que pudieran dejar en forma velada su control, en manos de socios mucho más poderosos que los españoles.
El pulso que se crearía ahora entre los intereses de la Unión europea y los norteamericanos en el cono sur podría tomar derroteros muy distintos, según se enfrente la resolución del problema y sin entrar en el juego del patrioterismo barato, se podría decir que si la reacción de nuestros socios en Europa no es suficientemente contundente, el perjuicio causado por la intervención afectaría mayormente a los pequeños inversores españoles que pusieron sus ahorros en las acciones de esta compañía.
A la espera de la respuesta del ejecutivo español, el “tangazo” argentino ha sido descomunal y no por esperado, menos doloroso, pues es fácil privatizar una empresa deficitaria para recuperarla, años después, cuando sus compradores la han convertido en rentable y ya no representa una rémora para las arcas de un país.
Y lo peor es que el ejemplo puede cundir afectando a otras sociedades españolas establecidas en el mismo territorio, como Telefónica o MAPFRE, que deben estar temblando ante lo sucedido, pensando que mañana pudiera darse un caso similar con ellas, para perjuicio de la economía española, aquí y en el exterior.
Este suceso viene a aumentar la gruesa cartera de problemas que ya cargaba el Gobierno del Partido Popular y pone a la economía española en el punto de mira de los organismos internacionales, produciendo reacciones aún más negativas que las que ya soportábamos en los últimos meses.
Nada esperamos tampoco de parte de países como Venezuela o Bolivia, cuya opinión es siempre a favor de las nacionalizaciones de las empresas, por su demostrada ideología intervencionista.
Habrá que aguardar la reacción de los mercados en los próximos días, pero el panorama no puede ser más desolador.

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