domingo, 1 de abril de 2012

El perdón de Rajoy

Con urgencia por recuperar el tiempo perdido en las elecciones autonómicas, Mariano Rajoy cumple sus primeros cien días como Presidente de Gobierno, enseñando, al fin, las cartas que durante mucho tiempo ha ocultado, con la esperanza de obtener una buena cantidad de votos de los españoles, que le otorgaran un poder casi absoluto.
Al día siguiente de la huelga general, y ya resignado con los resultados de los comicios, sorprende a los incautos que creyeron en su “apoyo incondicional” a la clase trabajadora, con un Decreto de Amnistía Fiscal, que perdona tácitamente todos los delitos de corrupción cometidos en los últimos años y posibilita a sus autores, y a todos los demás evasores de impuestos, para hacer retornar al país los capitales que ahora se hallan en paraísos fiscales, en condiciones muy ventajosas para ellos y sin que sea revelada su identidad, al resto de los ciudadanos.
Esta maniobra, claramente vejatoria para quienes religiosamente contribuimos con nuestros impuestos al erario público, además de constituir un flagrante agravio comparativo para la mayor parte de nuestra honrada sociedad, apoya descaradamente a los delincuentes de guante blanco, que se atrevieron a estafar al Estado, haciendo desaparecer cuantiosas sumas de dinero, mientras España entraba en la mayor crisis conocida, que hasta ahora sólo han pagado los trabajadores y trabajadoras, sufriendo una merma considerable de nivel adquisitivo y también de derechos fundamentales, que ponen en peligro su supervivencia.
La trama mitinera montada en los periodos electorales, para hacernos creer que la primera preocupación que tenía el Partido Popular era el alto índice de paro que sufríamos, se ve ahora desmontada con esta agresión, que nos afecta de manera directa y que, por el contrario, suma y sigue a favor de los dueños de los capitales, evadidos o no, haciéndolos aún más fuertes, con este perdón de sus delitos.
Suben a la vez artículos fundamentales, como el gas o la luz, mientras la gasolina alcanza el precio más alto de la historia, a consecuencia del apoyo declarado a los países en contra de Irán, y también van al alza los impuestos municipales, al mismo tiempo que se anuncian importantes recortes en materias como la educación o la sanidad, tan directamente ligados a la vida diaria de un sufrido pueblo, que acaba de comprender algo, que los de más edad ya sabíamos: la derecha nunca hace nada por los humildes y menos, estando en el poder.
Este “caritativo” perdón, que podría redimir, por ejemplo, a los implicados en el caso Malaya, en la trama Gúrtel, o incluso al mismo Luís Roldán, si echamos la vista atrás en la historia, ha satisfecho inmediatamente a la clase empresarial, sin que hayan aclarado el motivo de tan efusiva alegría y, evidentemente, habrá resultado de una gran ayuda, para todos aquellos que habiendo delinquido en cuestiones financieras, ven ahora posible gastar el montante de sus operaciones fraudulentas en el país, sin que nadie pregunte de dónde salieron sus fortunas, o qué subterfugios emplearon para ganarlas, sobre todo si en algún momento ocuparon cargos políticos de responsabilidad, que tuvieran que ver con la estafa.
El señor Rajoy, que tanto clamó por la justicia, prometiendo la cadena perpetua a familias desesperadas como la de Marta del Castillo o la de Mari Luz Cortés, empieza ahora su andadura apoyando los delitos fiscales y construyendo un tipo de justicia muy sui generis, totalmente satisfactoria para los dueños de las riquezas, e implacable con los ciudadanos a los que su reforma laboral va a llevar hasta un precipicio, del que será imposible volver.
No se perdonan las deudas adquiridas por los pobres con una banca implacable que los desahucia para adquirir un remanente de viviendas que revender al que pueda pagarlas, ni se reducen las aportaciones de los trabajadores a un fisco demasiado exigente, en los momentos que corren, sino que se aumenta el IRPF , se cierran las líneas de crédito en todo el territorio nacional y hasta se destituye a los inspectores de Hacienda directamente relacionados con los delitos de corrupción, ahondando en una diferencia de clases sociales, desconocida para nosotros, desde hace más de medio siglo.
Visto esto, habrá que suponer que las próximas medidas que se adoptarán habrán de ir, necesariamente, en la misma dirección, y que, probablemente, serán bastante parecidas a las que sus correligionarios nacionalistas ya han aplicado en Cataluña; una forma de copago sanitario encubierto y una reducción drástica en la calidad de la Enseñanza pública, que repercutirá, y mucho, en la educación de nuestros hijos y en la salud de todos nosotros.
Así que lo ocurrido el día veintinueve, tendrá que haber sido el inicio de una serie ininterrumpida de movilizaciones y protestas, que de algún modo den al traste con las pretensiones de un gobierno que, hasta ahora, ni siquiera ha propuesto una sola medida que tenga que ver con la creación de puestos de trabajo y sí muchas que ayudan a despedir impunemente, o a terminar con las prestaciones sociales que nos benefician a todos.
Habrá que volver a salir, antes de que modifiquen la Ley electoral y nos prohíban, por decreto, hasta estar en contra de estos extraños perdones, que no hacen otra cosa que demostrar qué clase de caridad cristiana mueve a nuestro devoto Presidente.


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