Fastidia bastante colocarse delante de la televisión para ver las noticias, no ya porque de antemano se sabe que uno será sometido a un continuo sobresalto, a tenor de las circunstancias en que se encuentra el País, sino porque además de gravarnos a diario con algún nuevo recorte que afecta nuestra calidad de vida, los miembros de este gobierno, en apenas cuatro meses de mandato, se han convertido en auténticos expertos en negar la evidencia.
Todos sabíamos que lo eran en culpabilizar a quienes no comulgaban con sus ideas de cualquier evento negativo que amenazara la estabilidad de la nación, pero lo hacían con tales dosis de suficiencia, que una gran parte de la gente llegó a pensar que tenían en sus manos todas las soluciones necesarias para sacarnos del negro agujero en el que nos encontrábamos y les otorgó su confianza, solo y únicamente para este fin.
Pero ahora que ya gozan del ansiado poder por el que tan duramente pelearon durante los ocho años de gobierno socialista, no sólo no han sido capaces de mejorar la situación, sino que la han empeorado considerablemente, con todas y cada una de las reformas y medidas que han venido adoptando desde que se constituyeron para regir nuestros destinos.
Y aunque la voz del calle, que es el mejor barómetro para calibrar el descontento, brama en contra de los recién llegados maldiciendo el momento en que les apoyaron en las urnas y todas las evidencias de los mercados, las bolsas y los malditos índices de la prima de riesgo gritan muy a las claras que nos han llevado a la más profunda de las miserias, ellos lo niegan afirmando, con media sonrisa de autosuficiencia, que todo está yendo mejor.
Al no tener el sufrido españolito la facultad de contestar en directo a cualquier afirmación falaz hecha desde las gradas del Parlamento, el único consuelo que le queda, al tener que soportar este tipo de afirmaciones, es desgañitarse delante del aparato de TV llamando mentiroso al orador de turno, con la carta de despido en una mano y las putas recetas de la seguridad social en la otra, que demuestran fehacientemente, por ejemplo, que tanto las políticas de empleo, como las sanitarias, son un auténtico fracaso, pues no sólo han aumentado considerablemente las listas del paro desde que se fue el maldito Zapatero, sino que además, en este caso, nos toca pagar más por los mismos medicamentos que necesitamos para la enfermedad crónica que padecemos, por no hablar de otros muchos temas, que llenarían la mesa que tenemos delante de pruebas en contra del argumento que esgrimen los ministros populares.
Y lo peor es que ni siquiera se inmutan mientras manipulan sus argumentos para entontecer a las masas, con las triquiñuelas que inventan para disfrazar la verdad de un color rosa que raya en la horteridad más absoluta, sino que además han adoptado una actitud de superioridad, que sugiere que están muy por encima del resto de los mortales, a los que probablemente consideran pobres imbéciles incapaces de entender el lenguaje que manejan, cuando hablan de macroeconomía.
Con la pretensión de acabar convenciéndonos de cualquier desgracia es siempre por nuestro bien, escondidos detrás de esa imagen de empollones de Empresariales que es común a todo el gabinete, han ido sacando la famosa agenda oculta que tanto cacareó la oposición durante la campaña electoral y nos están empujando sibilinamente al borde del abismo, pretendiendo, para más INRI, contar con nuestra aprobación y aquiescencia para acudir al matadero.
Pues va a ser que no. Porque los españoles hace tiempo que aprendimos a descifrar el lenguaje político y sabemos leer entre líneas cuando se trata de tergiversar la verdad con trucos baratos de mala magia. Sabemos que no salen conejos de una chistera vacía y también por qué hemos llegado a esta situación y quiénes son culpables de nuestras desgracias. Sabemos reconocer al instante si nuestra situación empeora y que no puede ser en bien de nadie aquello que causa dolor, por mucho que se empeñen en persuadirnos.
Esto es un poco como las técnicas empleadas por los maltratadotes hacia sus víctimas. Te pego porque te quiero. Pues quiéreme menos, por favor. Nada que me desfavorezca puede ser recibido de buen grado y menos aún cuando el castigo afecta al grueso de una población al completo y encima trata de robarle paulatinamente todos los derechos fundamentales que había ido adquiriendo a lo largo de una vida de lucha.
La desfachatez de pretender que aceptemos sin rechistar estos argumentos, es un atentado constante a nuestra inteligencia y pide a gritos una respuesta de contundencia, en la calle, en escritos masivos enviados al Parlamento, o en el intento de ser recibidos por los parlamentarios alguna vez, para poder expresar libremente nuestras objeciones y protestas.
Claro que entre las próximas medidas quieren intervenir los contenidos de lo publicado en Internet y hasta es probable que páginas como ésta, desaparezcan por decreto de la circulación cualquier día. Pero que no se cansen. Ya encontraremos otro modo de hacer llegar al mundo la verdad.
Todos sabíamos que lo eran en culpabilizar a quienes no comulgaban con sus ideas de cualquier evento negativo que amenazara la estabilidad de la nación, pero lo hacían con tales dosis de suficiencia, que una gran parte de la gente llegó a pensar que tenían en sus manos todas las soluciones necesarias para sacarnos del negro agujero en el que nos encontrábamos y les otorgó su confianza, solo y únicamente para este fin.
Pero ahora que ya gozan del ansiado poder por el que tan duramente pelearon durante los ocho años de gobierno socialista, no sólo no han sido capaces de mejorar la situación, sino que la han empeorado considerablemente, con todas y cada una de las reformas y medidas que han venido adoptando desde que se constituyeron para regir nuestros destinos.
Y aunque la voz del calle, que es el mejor barómetro para calibrar el descontento, brama en contra de los recién llegados maldiciendo el momento en que les apoyaron en las urnas y todas las evidencias de los mercados, las bolsas y los malditos índices de la prima de riesgo gritan muy a las claras que nos han llevado a la más profunda de las miserias, ellos lo niegan afirmando, con media sonrisa de autosuficiencia, que todo está yendo mejor.
Al no tener el sufrido españolito la facultad de contestar en directo a cualquier afirmación falaz hecha desde las gradas del Parlamento, el único consuelo que le queda, al tener que soportar este tipo de afirmaciones, es desgañitarse delante del aparato de TV llamando mentiroso al orador de turno, con la carta de despido en una mano y las putas recetas de la seguridad social en la otra, que demuestran fehacientemente, por ejemplo, que tanto las políticas de empleo, como las sanitarias, son un auténtico fracaso, pues no sólo han aumentado considerablemente las listas del paro desde que se fue el maldito Zapatero, sino que además, en este caso, nos toca pagar más por los mismos medicamentos que necesitamos para la enfermedad crónica que padecemos, por no hablar de otros muchos temas, que llenarían la mesa que tenemos delante de pruebas en contra del argumento que esgrimen los ministros populares.
Y lo peor es que ni siquiera se inmutan mientras manipulan sus argumentos para entontecer a las masas, con las triquiñuelas que inventan para disfrazar la verdad de un color rosa que raya en la horteridad más absoluta, sino que además han adoptado una actitud de superioridad, que sugiere que están muy por encima del resto de los mortales, a los que probablemente consideran pobres imbéciles incapaces de entender el lenguaje que manejan, cuando hablan de macroeconomía.
Con la pretensión de acabar convenciéndonos de cualquier desgracia es siempre por nuestro bien, escondidos detrás de esa imagen de empollones de Empresariales que es común a todo el gabinete, han ido sacando la famosa agenda oculta que tanto cacareó la oposición durante la campaña electoral y nos están empujando sibilinamente al borde del abismo, pretendiendo, para más INRI, contar con nuestra aprobación y aquiescencia para acudir al matadero.
Pues va a ser que no. Porque los españoles hace tiempo que aprendimos a descifrar el lenguaje político y sabemos leer entre líneas cuando se trata de tergiversar la verdad con trucos baratos de mala magia. Sabemos que no salen conejos de una chistera vacía y también por qué hemos llegado a esta situación y quiénes son culpables de nuestras desgracias. Sabemos reconocer al instante si nuestra situación empeora y que no puede ser en bien de nadie aquello que causa dolor, por mucho que se empeñen en persuadirnos.
Esto es un poco como las técnicas empleadas por los maltratadotes hacia sus víctimas. Te pego porque te quiero. Pues quiéreme menos, por favor. Nada que me desfavorezca puede ser recibido de buen grado y menos aún cuando el castigo afecta al grueso de una población al completo y encima trata de robarle paulatinamente todos los derechos fundamentales que había ido adquiriendo a lo largo de una vida de lucha.
La desfachatez de pretender que aceptemos sin rechistar estos argumentos, es un atentado constante a nuestra inteligencia y pide a gritos una respuesta de contundencia, en la calle, en escritos masivos enviados al Parlamento, o en el intento de ser recibidos por los parlamentarios alguna vez, para poder expresar libremente nuestras objeciones y protestas.
Claro que entre las próximas medidas quieren intervenir los contenidos de lo publicado en Internet y hasta es probable que páginas como ésta, desaparezcan por decreto de la circulación cualquier día. Pero que no se cansen. Ya encontraremos otro modo de hacer llegar al mundo la verdad.

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