Qué verdad es que el hambre agudiza el ingenio y que en los tiempos que vivimos, han de ser bienvenidas las ideas que por su originalidad, se apartan un poco de la penuria que esta crisis ha traído a nuestros corazones, independientemente de que se esté de acuerdo o no con ellas y que lleguen o no a ser puestas en práctica alguna vez por aquellos que las lanzaron.
Todos sabemos de la penuria económica que sufren los ayuntamientos de nuestros pueblos y ciudades, aunque seguramente, este problema tan común en esta etapa crítica que atravesamos, se vea aún más agravado en el caso de poblaciones pequeñas, como podría ser el caso de esta Rasquera (Tarragona), que ocupa hoy nuestra atención.
Nada tienen que ver estos municipios con las deudas que las grandes ciudades han adquirido a base de levantar construcciones faraónicas o aeropuertos fantasmas y quizá por eso, la injusticia de su pobreza es más sangrante que en todos aquellos lugares que llegaron a esta situación, por casos de corrupción o mala gestión política.
Bien, mientras el gobierno Rajoy anda recortando miles de millones de todas aquellas partidas que afectan directamente al bienestar de los ciudadanos, al alcalde de Rasquera, Bernat Pellisa, se le ha ocurrido una manera de sacar a su pueblo de la crisis y a la vez, de ponerse al día en el pago de todas sus deudas, sin tener que acudir a las arcas estatales, ni reformar absolutamente nada de lo establecido en las relaciones laborales, la sanidad o las escuelas.
El proyecto no es otro que alquilar unos terrenos municipales a la Asociación Barcelonesa Cannábica de Autoconsumo (ABCDA), para que los emplee en cultivar marihuana y les pague a cambio, un millón trescientos mil euros, en dos años.
El edil de Ezquerra Repúblicana, en el día de ayer, sometió a referéndum entre sus vecinos la propuesta, obteniendo la aceptación popular, con u n 53% de los votos, aunque no acudiera a las urnas el total de un censo municipal de casi 900 ciudadanos, ni consiguiera el 75%, al que en un principio aspiraba.
Habría que decir, que además de la remuneración económica, la plantación traería al pueblo cuarenta puestos de trabajo y la posibilidad de una renovación futura del contrato, con un innegable aumento de riqueza.
Naturalmente, las recalcitrantes voces de los sesudos varones, se han alzado con ira ante lo que se ha dado en considerar un agravio, e inmediatamente se han puesto en marcha los mecanismos de nuestra brillante justicia, buscando un punto de ilegalidad que paralice tan “descabellado proyecto”, aunque lo cierto es que la ley establece como legal el autoconsumo de marihuana y que para que sea posible ese consumo, alguien habrá de cultivar la maría.
Estableciendo una especie de agravio comparativo, uno se pregunta por qué no se agilizan con igual premura los mecanismos legales cuando se ponen en práctica medidas que lesionan la propia esencia de los individuos, o se les roba alas personas la dignidad ejecutando desahucios que las condenan a la eternidad de una deuda, o se establece una amnistía fiscal para los defraudadores de impuestos, perdonando el delito que cometieron y amparando su anonimato.
Pero nuestros ocupadísimos juristas, que se quejan continuamente de falta material de tiempo y medios para atender las múltiples denuncias que a sus manos llegan, no dudan en volver inmediatamente la vista hasta un punto minúsculo de la geografía catalana, para tratar de desmantelar una idea nada desdeñable por los resultados que daría, pero que hiere sus conciencias bien pensantes de padres salvadores de la patria.
Porque si el fin justifica los medios, como tratan de hacernos creer con este perdón otorgado a los malhechores corruptos que desviaron el dinero público a los paraísos fiscales, una estricta igualdad justificaría también este “alegre” cultivo, si viene a sacar de la desesperación a unos pocos paisanos, de otro modo abocados a una miseria paulatina, propiciada por el olvido de las Administraciones, demasiado empecinadas en atajar el déficit de lugares mayores, con más empaque electoral.
Pero claro, la idea podría sentar un precedente que volara como la pólvora hacia otros pueblos y aldeas en idénticas condiciones que este que nos ocupa y al final, España podría convertírseles en una inmensa plantación de marihuana, que hasta pudiera ser la solución para todos nuestros problemas.
Todos sabemos de la penuria económica que sufren los ayuntamientos de nuestros pueblos y ciudades, aunque seguramente, este problema tan común en esta etapa crítica que atravesamos, se vea aún más agravado en el caso de poblaciones pequeñas, como podría ser el caso de esta Rasquera (Tarragona), que ocupa hoy nuestra atención.
Nada tienen que ver estos municipios con las deudas que las grandes ciudades han adquirido a base de levantar construcciones faraónicas o aeropuertos fantasmas y quizá por eso, la injusticia de su pobreza es más sangrante que en todos aquellos lugares que llegaron a esta situación, por casos de corrupción o mala gestión política.
Bien, mientras el gobierno Rajoy anda recortando miles de millones de todas aquellas partidas que afectan directamente al bienestar de los ciudadanos, al alcalde de Rasquera, Bernat Pellisa, se le ha ocurrido una manera de sacar a su pueblo de la crisis y a la vez, de ponerse al día en el pago de todas sus deudas, sin tener que acudir a las arcas estatales, ni reformar absolutamente nada de lo establecido en las relaciones laborales, la sanidad o las escuelas.
El proyecto no es otro que alquilar unos terrenos municipales a la Asociación Barcelonesa Cannábica de Autoconsumo (ABCDA), para que los emplee en cultivar marihuana y les pague a cambio, un millón trescientos mil euros, en dos años.
El edil de Ezquerra Repúblicana, en el día de ayer, sometió a referéndum entre sus vecinos la propuesta, obteniendo la aceptación popular, con u n 53% de los votos, aunque no acudiera a las urnas el total de un censo municipal de casi 900 ciudadanos, ni consiguiera el 75%, al que en un principio aspiraba.
Habría que decir, que además de la remuneración económica, la plantación traería al pueblo cuarenta puestos de trabajo y la posibilidad de una renovación futura del contrato, con un innegable aumento de riqueza.
Naturalmente, las recalcitrantes voces de los sesudos varones, se han alzado con ira ante lo que se ha dado en considerar un agravio, e inmediatamente se han puesto en marcha los mecanismos de nuestra brillante justicia, buscando un punto de ilegalidad que paralice tan “descabellado proyecto”, aunque lo cierto es que la ley establece como legal el autoconsumo de marihuana y que para que sea posible ese consumo, alguien habrá de cultivar la maría.
Estableciendo una especie de agravio comparativo, uno se pregunta por qué no se agilizan con igual premura los mecanismos legales cuando se ponen en práctica medidas que lesionan la propia esencia de los individuos, o se les roba alas personas la dignidad ejecutando desahucios que las condenan a la eternidad de una deuda, o se establece una amnistía fiscal para los defraudadores de impuestos, perdonando el delito que cometieron y amparando su anonimato.
Pero nuestros ocupadísimos juristas, que se quejan continuamente de falta material de tiempo y medios para atender las múltiples denuncias que a sus manos llegan, no dudan en volver inmediatamente la vista hasta un punto minúsculo de la geografía catalana, para tratar de desmantelar una idea nada desdeñable por los resultados que daría, pero que hiere sus conciencias bien pensantes de padres salvadores de la patria.
Porque si el fin justifica los medios, como tratan de hacernos creer con este perdón otorgado a los malhechores corruptos que desviaron el dinero público a los paraísos fiscales, una estricta igualdad justificaría también este “alegre” cultivo, si viene a sacar de la desesperación a unos pocos paisanos, de otro modo abocados a una miseria paulatina, propiciada por el olvido de las Administraciones, demasiado empecinadas en atajar el déficit de lugares mayores, con más empaque electoral.
Pero claro, la idea podría sentar un precedente que volara como la pólvora hacia otros pueblos y aldeas en idénticas condiciones que este que nos ocupa y al final, España podría convertírseles en una inmensa plantación de marihuana, que hasta pudiera ser la solución para todos nuestros problemas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario