lunes, 14 de noviembre de 2011

Promesas electorales

Los maravillosos cuentos de hadas que nos relatan los presidenciables durante todas las campañas electorales, hacen que a los ingenuos se les dispare la imaginación y alimenten sueños de vida relajada y espejismos de futuros gozosos.
Es fácil en esta etapa que vivimos, convencer a los ciudadanos de que el futuro no puede ser peor y la bendita inocencia que nos caracteriza por naturaleza, es carnaza apetecible para los que ansían el poder, sin que importe demasiado o nada, los medios utilizados para conseguirlo.
Si por curiosidad anotáramos en un papel todas las promesas que los políticos nos hacen cuando se aproximan unos comicios y tuviéramos el tesón de releer cuántas se han cumplido después de un mandato de cuatro años, la decepción que sufriríamos sería tal, que podría constituir una razón de peso para no volver a votar en el resto de nuestra vida.
Está el ciudadano tan indefenso ante el incumplimiento de cuántas cosas se le prometen para recaudar su voto, que es el blanco perfecto al que apuntar, sin tener que responder después, si todo resultara un vil engaño.
Por costumbre, los políticos suelen decir que son servidores de los pueblos y que no les mueve otra ambición que la de lograr el bien común, cada uno apelando a su propia ideología, pero las circunstancias tan particulares que sobrellevamos, los miles de casos de corruptelas económicas y morales que presenciamos a diario y el distanciamiento atroz entre su clase y la nuestra, viene a demostrar con claridad meridiana, que el supuesto servidor se mueve a unos niveles significativamente más altos que los nuestros.
Resultando una falacia esta cuestión primordial, cualquier cosa que nos prometan estará contaminada, por añadidura y nada podremos esperar del cumplimiento de estas promesas salidas de los labios de mentirosos de carrera.
Pero si se estableciera una ley que permitiera al ciudadano cursar denuncia por cada incumplimiento y se tipificara como delito grave jugar con la buena voluntad de la gente por medio del engaño, cambiaría sensiblemente nuestra indefensión y más de uno pensaría detenidamente qué prometer, ante el riesgo de acabar condenado o inhabilitado para el ejercicio de la política.
Esta podría ser la primera causa de indignación que moviese a no acudir a las urnas para votar a estos modernos charlatanes del siglo XXI, cuyo elixir curalotodo es vendido de plaza en plaza como la panacea universal, aunque después resulte ser tan fraudulento, como aquellos botes de agua coloreada que ofrecían los sacamuelas desde sus carromatos a los incautos que querían oírles.
Cada vez que llega un periodo electoral, tenemos la impresión de que a nuestro alrededor se está montando la estafa del siglo. Oímos una y otra vez, a unos y a otros, la misma palabrería manida, en los mismos escenarios, con los mismos comparsas y las mismas ofertas. En nada se diferencian los discursos de la izquierda y la derecha y en el horizonte político no queda una sola opción que represente los intereses de los ciudadanos ni que ofrezca soluciones reales y factibles para los graves problemas que nos acucian.
Y no es que la Democracia haya fracasado como sistema político, sino que los que han de aplicar estrictamente las normas de su funcionamiento se han encargado, con su proceder, de ir desvirtuando los valores que se pensaron como indispensables, cuando se concibió este concepto.
La insalvable brecha que nos separa de nuestros dirigentes y de nuestros políticos en general, hace urgente una llamada drástica de atención por parte de los pueblos, para recuperar su legítimo derecho a elegir como representantes a personas decentes, que luchen en verdad por el interés de la mayoría y no por dividendos bancarios o posiciones personales de privilegio.
Por eso se impone no votar el día veinte, no seguir el juego a especuladores ni a sociedades anónimas sin rostro, empecinadas en destrozar cualquier logro social que arañe un poco sus enormes beneficios.
Quedarse en casa, no introducir ninguna papeleta en la urna y que esta alternativa se convierta en mayoritaria, sería un paso adelante para alejar de nuestra triste existencia a los que año tras año, nos han decepcionado sin cumplir absolutamente ninguno de sus compromisos.





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