No se puede negar que el morbo de volver a ver juntos, después de tantos años, a Felipe González y Alfonso Guerra, sobre el mismo escenario, tiene su enjundia.
También resulta natural, que al Partido Popular se le ericen los pelos de la nuca de sólo imaginar la mezcla explosiva que puede salir de un discurso bien preparado del más famoso tandem político que ha habido en el país, a pesar de lo que ha llovido en esta legislatura y del aparente retiro de ambos.
Evidentemente, la respuesta popular a tan excepcional convocatoria, ha superado cualquier expectativa previsible y el recinto pensado para la ocasión, se llenó hasta la bandera y hay que decir, en honor a la justicia, que ninguno de los dos oradores defraudaron las esperanzas puestas en ellos y que resultaron ser, como estaba previsto, un gran apoyo para su compañero Rubalcaba, cuyo desparpajo y experiencia, de seguro sacará punta a la valía de las viejas glorias socialistas.
Ya no quedan políticos de esa talla, ni en un bando ni en otro, y hay que reconocer que ha estado bien que hayan decidido olvidar sus pasadas rencillas en el momento delicadísimo que atraviesa su partido, para salvar con su innegable oratoria, cuantos trastos puedan, del naufragio que ha organizado Zapatero, que ha echado por tierra, a golpe de decreto, cuántas teorías se tenían de la ideología socialista y todos los logros que los trabajadores habían ido cosechando, durante largos años de dura lucha.
La veteranía ha empezado por atribuir a las claras el fin de la violencia en Euskadi al actual candidato, llegando a desenterrar viejos fantasmas, como el batallón vasco español que Suárez se sacó de la manga, y olvidando astutamente cualquier referencia a los GAL, de tan infausto recuerdo para el ex presidente.
Han resultado fáciles las comparaciones, teniendo en cuenta que el listón de la lucha antiterrorista esgrimido por la derecha, tiene su tope en un personaje de la categoría de Mayor Oreja, que frente a Rubalcaba, es algo así como el tatarabuelo ideológico de los ultras y que además, últimamente, no hace otra cosa que imaginar conspiraciones contra la unidad de España, un poco en la línea de sus correligionarios Esperanza Aguirre y Trillo, ninguneados ahora, con el ascenso de Gallardón a las listas oficiales de candidatos
En otro tiempo, esta improvisada unión de figurones, hubiera bastado para bajar del pedestal al anodino Rajoy, acrecentando la natural simpatía que por la listeza innata de Rubalcaba, siente la mayor parte del pueblo, pero la profundidad de la crisis que atravesamos y la espantosa gestión que de ella han hecho los socialistas en esta última legislatura, no admite milagros, ni vuelcos electorales y mucho nos tememos, que el gestor del episodio Prestige, se apoltronará en la Moncloa, con amplio respaldo.
Paro ha sido curioso descubrir que la edad no ha mermado la capacidad de arrastre de estos dos animales políticos y que aún una frase bien dicha, en el momento oportuno, es capaz de levantar de su asiento al más escéptico de los mortales.
Cansados como estamos de tanta vulgaridad y tan poca chicha, la imparable verborrea de estos dos, animan la rutina mitinera que mueve la campaña bipartidista y demuestra a la juventud porqué en un momento determinado, los mayores confiamos en ellos.
Ahora solo falta que los otros desentierren a Zaplana y Aceves y pidan un debate televisivo entre Aznar y Felipe, que por cierto, ya ha dicho que estaría dispuesto a llevar a cabo uno por semana, si la ocasión así lo requiriese.
También resulta natural, que al Partido Popular se le ericen los pelos de la nuca de sólo imaginar la mezcla explosiva que puede salir de un discurso bien preparado del más famoso tandem político que ha habido en el país, a pesar de lo que ha llovido en esta legislatura y del aparente retiro de ambos.
Evidentemente, la respuesta popular a tan excepcional convocatoria, ha superado cualquier expectativa previsible y el recinto pensado para la ocasión, se llenó hasta la bandera y hay que decir, en honor a la justicia, que ninguno de los dos oradores defraudaron las esperanzas puestas en ellos y que resultaron ser, como estaba previsto, un gran apoyo para su compañero Rubalcaba, cuyo desparpajo y experiencia, de seguro sacará punta a la valía de las viejas glorias socialistas.
Ya no quedan políticos de esa talla, ni en un bando ni en otro, y hay que reconocer que ha estado bien que hayan decidido olvidar sus pasadas rencillas en el momento delicadísimo que atraviesa su partido, para salvar con su innegable oratoria, cuantos trastos puedan, del naufragio que ha organizado Zapatero, que ha echado por tierra, a golpe de decreto, cuántas teorías se tenían de la ideología socialista y todos los logros que los trabajadores habían ido cosechando, durante largos años de dura lucha.
La veteranía ha empezado por atribuir a las claras el fin de la violencia en Euskadi al actual candidato, llegando a desenterrar viejos fantasmas, como el batallón vasco español que Suárez se sacó de la manga, y olvidando astutamente cualquier referencia a los GAL, de tan infausto recuerdo para el ex presidente.
Han resultado fáciles las comparaciones, teniendo en cuenta que el listón de la lucha antiterrorista esgrimido por la derecha, tiene su tope en un personaje de la categoría de Mayor Oreja, que frente a Rubalcaba, es algo así como el tatarabuelo ideológico de los ultras y que además, últimamente, no hace otra cosa que imaginar conspiraciones contra la unidad de España, un poco en la línea de sus correligionarios Esperanza Aguirre y Trillo, ninguneados ahora, con el ascenso de Gallardón a las listas oficiales de candidatos
En otro tiempo, esta improvisada unión de figurones, hubiera bastado para bajar del pedestal al anodino Rajoy, acrecentando la natural simpatía que por la listeza innata de Rubalcaba, siente la mayor parte del pueblo, pero la profundidad de la crisis que atravesamos y la espantosa gestión que de ella han hecho los socialistas en esta última legislatura, no admite milagros, ni vuelcos electorales y mucho nos tememos, que el gestor del episodio Prestige, se apoltronará en la Moncloa, con amplio respaldo.
Paro ha sido curioso descubrir que la edad no ha mermado la capacidad de arrastre de estos dos animales políticos y que aún una frase bien dicha, en el momento oportuno, es capaz de levantar de su asiento al más escéptico de los mortales.
Cansados como estamos de tanta vulgaridad y tan poca chicha, la imparable verborrea de estos dos, animan la rutina mitinera que mueve la campaña bipartidista y demuestra a la juventud porqué en un momento determinado, los mayores confiamos en ellos.
Ahora solo falta que los otros desentierren a Zaplana y Aceves y pidan un debate televisivo entre Aznar y Felipe, que por cierto, ya ha dicho que estaría dispuesto a llevar a cabo uno por semana, si la ocasión así lo requiriese.

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