Desafiando todos los pronósticos, Papandreu convoca un referéndum en Grecia, para consultar a su pueblo sobre las medidas dictadas desde Europa, como pago del rescate que necesitan para sobrevivir a la crisis.
La reacción de los mercados no se ha hecho esperar, ya que todos los sondeos auguran el descontento del pueblo griego con la multitud de sacrificios que se le vienen exigiendo, hasta hacer insostenible su situación, de lo que se deduce, que su respuesta será una tajante negativa a las proposiciones de continuar con las reformas y por tanto, podría darse una quiebra técnica que forzara a Grecia a regresar a su antigua moneda y a una situación de autarquía, de consecuencias imprevisibles.
Si ésto finalmente sucediera, el efecto dominó probablemente arrastraría consigo a otros hermanos pobres de la Comunidad, incluidos nosotros, y la estabilidad de la moneda única peligraría considerablemente, fortaleciendo nuevamente al dólar, en esta guerra económica de mercados, que los pueblos no acaban de entender, dada su complejidad manifiesta.
Pero la vuelta al dracma podría ser también una puerta de escape para huir de los fantasmas insaciables que pululan sobre las cabezas de los ciudadanos, sin dar tregua a sus aspiraciones de estabilidad y si a duras penas, Grecia consiguiera remontar de este modo, saliendo airosa de su desesperado abismo, podría convertirse en un ejemplo a seguir, por todos los que habiendo cumplido los implacables mandatos de los poderosos, no han conseguido más que sumirse en un pozo aún más oscuro, sin esperanza de llegar a alcanzar nuca la luz.
Nunca sabremos qué ha llevado a Papandreu a solicitar la opinión popular precisamente ahora, ni qué oscuro entramado de intereses se esconde tras su drástica decisión, sobre todo si pierde la moción de confianza que tiene planteada y se ve obligado a abandonar el poder, dejando a su nación en un estado desastroso.
Pero apelando a la vena romántica que mueve a los idealistas, quizá el eje franco alemán estaba necesitando que alguien frenara en seco sus locuras colonialistas, apretando en su cuello la misma soga con que ellos ahorcan a diario las esperanzas de los más débiles.
Exigir aún más sacrificios al pueblo griego, constituiría una especie de llamada a la rebelión popular y un abuso tiránico sobre los derechos de una ciudadanía abocada a una pobreza solemne y cansada de pagar los efectos de crisis de avaricia, de la que en modo alguno, fueron responsables.
Con la imagen de las revueltas de los pueblos árabes fresca aún en las retinas y los recientes triunfos que los pueblos han conseguido sobre los tiranos, sería fácil encontrar un motivo para encender la chispa de una sublevación en nuestra venerable Europa, que sin duda sería seguida de inmediato por los cientos de miles de descontentos que habitan todas las ciudades del continente.
Cabe pues, una pronta reflexión de los que tensan la cuerda, acerca de qué sería lo más conveniente, incluso para ellos, en este sendero vesánico de incongruencias, por el que nos obligan a caminar.
Ahora que la cuna de la Democracia, se balancea sobre la cuerda floja, asfixiada por el incierto futuro que le espera y en la espantosa soledad que experimentan quienes ya nada tienen que perder, se abre una encrucijada de misterio sobre lo que podríasuceder y habrá que decidir sobre la marcha, qué postura adoptar ante la novedad de los acontecimientos.
Será interesante oír lo que sobre el tema tienen que decir nuestros candidatos a ocupar el sillón del poder, aunque al favorito, podrían crecerle los enanos inesperadamente.
La reacción de los mercados no se ha hecho esperar, ya que todos los sondeos auguran el descontento del pueblo griego con la multitud de sacrificios que se le vienen exigiendo, hasta hacer insostenible su situación, de lo que se deduce, que su respuesta será una tajante negativa a las proposiciones de continuar con las reformas y por tanto, podría darse una quiebra técnica que forzara a Grecia a regresar a su antigua moneda y a una situación de autarquía, de consecuencias imprevisibles.
Si ésto finalmente sucediera, el efecto dominó probablemente arrastraría consigo a otros hermanos pobres de la Comunidad, incluidos nosotros, y la estabilidad de la moneda única peligraría considerablemente, fortaleciendo nuevamente al dólar, en esta guerra económica de mercados, que los pueblos no acaban de entender, dada su complejidad manifiesta.
Pero la vuelta al dracma podría ser también una puerta de escape para huir de los fantasmas insaciables que pululan sobre las cabezas de los ciudadanos, sin dar tregua a sus aspiraciones de estabilidad y si a duras penas, Grecia consiguiera remontar de este modo, saliendo airosa de su desesperado abismo, podría convertirse en un ejemplo a seguir, por todos los que habiendo cumplido los implacables mandatos de los poderosos, no han conseguido más que sumirse en un pozo aún más oscuro, sin esperanza de llegar a alcanzar nuca la luz.
Nunca sabremos qué ha llevado a Papandreu a solicitar la opinión popular precisamente ahora, ni qué oscuro entramado de intereses se esconde tras su drástica decisión, sobre todo si pierde la moción de confianza que tiene planteada y se ve obligado a abandonar el poder, dejando a su nación en un estado desastroso.
Pero apelando a la vena romántica que mueve a los idealistas, quizá el eje franco alemán estaba necesitando que alguien frenara en seco sus locuras colonialistas, apretando en su cuello la misma soga con que ellos ahorcan a diario las esperanzas de los más débiles.
Exigir aún más sacrificios al pueblo griego, constituiría una especie de llamada a la rebelión popular y un abuso tiránico sobre los derechos de una ciudadanía abocada a una pobreza solemne y cansada de pagar los efectos de crisis de avaricia, de la que en modo alguno, fueron responsables.
Con la imagen de las revueltas de los pueblos árabes fresca aún en las retinas y los recientes triunfos que los pueblos han conseguido sobre los tiranos, sería fácil encontrar un motivo para encender la chispa de una sublevación en nuestra venerable Europa, que sin duda sería seguida de inmediato por los cientos de miles de descontentos que habitan todas las ciudades del continente.
Cabe pues, una pronta reflexión de los que tensan la cuerda, acerca de qué sería lo más conveniente, incluso para ellos, en este sendero vesánico de incongruencias, por el que nos obligan a caminar.
Ahora que la cuna de la Democracia, se balancea sobre la cuerda floja, asfixiada por el incierto futuro que le espera y en la espantosa soledad que experimentan quienes ya nada tienen que perder, se abre una encrucijada de misterio sobre lo que podríasuceder y habrá que decidir sobre la marcha, qué postura adoptar ante la novedad de los acontecimientos.
Será interesante oír lo que sobre el tema tienen que decir nuestros candidatos a ocupar el sillón del poder, aunque al favorito, podrían crecerle los enanos inesperadamente.

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